Sin duda, parte de las preocupaciones principales de cualquier empresario con negocios en México, durante estos aires de Cuarta Transformación es, y debe ser, la nueva reforma laboral. Aclamada por algunos como el inicio de una verdadera justicia laboral, vislumbrada con terror por otros a causa de este tufo de extremismo social, y finalmente, vista con precaución y cautela por la mayoría.

Se avecinan cambios drásticos y es indispensable un vasto preparamiento por parte de los empresarios que forman parte de todo tipo de empresas, desde microempresas hasta empresas gigantes con miles de empleados. Estas iniciativas traen implicaciones en materias fiscales que por consecuente impactarán directamente a los generadores de ingreso más importantes de México.

La historia empieza a finales del año pasado cuando el partido Morena, junto con algunos más, aprobaron y adhirieron a México al famoso Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y, en efecto dominó, se desencadenó una serie de acciones a todos los niveles y en todos los órdenes en pro de la justicia laboral.

Dentro de estas acciones, las más prontas y ciertamente obvias, fueron las del incremento al salario mínimo. Dicho incremento fue aplicado de forma superior en las regiones fronterizas, para equilibrar la balanza y la justicia especialmente con los norteamericanos. En primera instancia —o a bote pronto— estas acciones eran un mero reflejo del espíritu de cambio con el cual Morena llegaba al poder. Sin embargo, como funciona en prácticamente cualquier sector, cuando se toman decisiones al más alto nivel, las consecuencias positivas y negativas son reacciones naturales que responderán más o menos mejor cuando aquellas decisiones fueron ejecutadas según un plan fríamente calculado.

De acuerdo a Fernando Cordoba, Director General en Lex Legal, una firma de asesoría legal: “Las exigencias que se avecinan para el empresario mexicano desde la perspectiva laboral son inmensas. Al dejar por un momento de lado el elemento sindical de la reforma, todo empresario debe entender estos acontecimientos desde una perspectiva que trastoque el ámbito fiscal. Para ser más claros, esta reforma camina de la mano junto con las acciones que esta Cuarta Transformación ya desarrolla en contra de los outsourcing“.

De entrada, el outsourcing se refiere a la tercerización de cualquier servicio; en el mundo laboral puede apreciarse como una maquila de nómina pura y llana. Sin embargo, debemos reconocer que muchos de ellos, en nuestro país, persiguen un solo objetivo: disminuir las cuotas obrero-patronales.

Además, como nos comenta Carlos Marina, Co-Fundador de Worky, una solución tecnológica para el área de Recursos Humanos en Pymes, “se avecinan cambios drásticos y exigirán una mejor preparación de sus áreas de Recursos Humanos, que requerirán el uso de sistemas y plataformas de administración de personal, y les demandará una comunicación franca y transparente con todos los colaboradores, ya sean directos o indirectos”.

Por supuesto, las micro y pequeñas empresas no se encuentran expuestas a temas de sindicalismo como lo son las medianas y grandes. Sin embargo, el patrón asume responsabilidades por el simple hecho de ser patrón, así como el trabajador asume derechos por el simple hecho de ser trabajador.

Es precisamente en este punto en donde el empresario leído e informado debe buscar las estrategias, las herramientas y los datos que le permitan actuar de forma adecuada, respetando y honorando en todo momento el esfuerzo de sus colaboradores, viéndolos no como empleados, sino como miembros de un equipo. Es ahora cuando el empleador debe construir una comunicación franca y sólida con su fuerza de trabajo, para así poder crear valor y ver cómo se beneficia la familia de cada uno de los miembros de ese equipo, sin distinción.