Después de haber perdido más de 43 millones de empleos por la pandemia de covid-19 en y que, de a poco, se han recuperado 29 millones, América Latina observa otras secuelas de esta larga enfermedad. Una de ellas es la “informalización de las ocupaciones previamente formales”, señala la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Es decir, muchos de los sectores que antes de esta crisis ofrecían trabajo con seguridad social, contrato y prestaciones, entre otros derechos, ahora sólo otorgan el salario. El 70% de los nuevos puestos son así, según el reporte Empleo e informalidad en América Latina y el Caribe: Una recuperación insuficiente y desigual, elaborado por el organismo.

Todavía falta recobrar 14 millones de los puestos perdidos y hay un “riesgo latente” de que sigan el curso de la gran mayoría de los reactivados. Es prematuro afirmarlo, pondera la OIT en el documento, pero “esta probabilidad se eleva” en los hogares que han sufrido una disminución de ingresos y que, para compensarlos, las hijas o hijos jóvenes han entrado por primera vez al mercado de trabajo.

“La recuperación más intensa de las posiciones informales ha implicado que la tasa de informalidad del primer trimestre de 2021 sea muy similar o, incluso en algunos países, superior a la observada antes de la pandemia”, destaca la OIT.

En el caso de México, la tasa para finales de julio de este año llegó a 56.4% de las personas trabajadoras, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), nivel superior a lo observado antes de la emergencia sanitaria por la covid-19.

A nivel regional, en el primer trimestre de 2021 alrededor del 76% quienes laboraban de manera independiente y un tercio de quienes trabajan para alguien más estaban en la informalidad, de acuerdo con el informe.

Las mujeres y las personas jóvenes han sido, y siguen siendo, las más afectadas por el desempleo y por el empleo informal. Si se es ambos, la brecha aumenta, subraya la OIT.

La gravedad de que se creen más trabajos informales es que “se trata de empleos que generalmente son inestables, con bajos salarios, sin protección social ni derechos”, explicó Roxana Maurizio, especialista en economía laboral de OIT y autora del reporte.

Brechas cada vez más amplias

La covid-19 ha generado en Latinoamérica “una recesión económica de una magnitud y extensión sin precedentes”, señala la OIT en el informe. Esta situación “es una bomba de tiempo, que podría afectar la estabilidad política y social” de la región, dijo Vinícius Pinheiro, director de ese organismo para América Latina y el Caribe, al presentar el estudio.

Destacó que no será antes de 2025 cuando las cosas cambien, pues “no se están generando ni la cantidad, ni la calidad de los empleos que requiere esta región para hacer frente a las secuelas de una crisis sin precedentes. El panorama laboral es complejo y plantea desafíos de grandes magnitudes”.

Al principio de la pandemia, los datos mostraron que había menos trabajo informal. Pero esto debió a que más de la mitad de los empleos que se perdieron tenían esa condición, apuntó Roxana Maurizio. Incluso, en algunos países, significó el 80 por ciento.

Esto provocó que en 2020 la masa de ingresos laborales disminuyera más para quienes estaban en el sector informal que para quienes tenían condiciones de formalidad. En México la diferencia fue de 4.3% frente a 3%, respectivamente.

El sector de servicios fue de los que más tuvieron grandes reducciones de puestos de trabajo. El empleo en los hoteles, restaurantes y servicios personales disminuyó por las medidas de confinamiento y la necesidad de limitar el contacto social.

La construcción y el trabajo del hogar remunerado fueron otras actividades fuertemente afectadas, al ser “relativamente más intensivas en la utilización de mano de obra”.

Y al mirar cómo ha sido la recuperación del empleo para hombres y mujeres, se observa claramente que las brechas que ya existían se han ensanchado, dijo la economista. Para empezar, más mujeres (18%) que hombres (14%) se quedaron sin trabajo, más de 12 millones de trabajadoras perdieron su fuente de ingresos.

Los sectores que suelen darles oportunidades laborales a las mujeres, o en los que ha sido relegada su fuerza trabajo, son los de servicios y el empleo doméstico. Estos, además de que fueron de los más golpeados, tienen una mayor incidencia de informalidad, comentó Roxana Maurizio.

Por lo tanto, la tasa de participación laboral de las mujeres se redujo todavía más. Es decir, no sólo se quedaron desempleadas, sino que las condiciones sanitarias y de la propia falta de vacantes les hizo desistir de buscar trabajo. “En promedio para la región, hacía más de 15 años que no se registraba una tasa tan baja de participación económica de las mujeres”, dijo.

Los hombres han logrado recuperar el 77% de los puestos de trabajo que tenían, pero las mujeres, sólo el 58 por ciento. “El rezago entre las ocupaciones femeninas y las masculinas siguen siendo significativas”.

Medidas para mejorar

Para avanzar, señala el informe “se requiere continuar con algunas medidas puestas en marcha en 2020 en la región, pero también adoptar una agenda más amplia de políticas integrales y de gran alcance centrada en las personas”. Algunas de las medidas que propone la OIT son:

  • Fomentar la creación de más y mejores puestos de trabajo
  • Dar acceso universal a la protección social y sostén de ingresos a los trabajadores y familias en situación de vulnerabilidad
  • Apoyar la continuidad de los negocios y la reconstrucción del tejido productivo
  • Fortalecer los derechos de los trabajadores y promover el diálogo social

Las personas que trabajan en la informalidad, mujeres, jóvenes, quienes tienen bajos niveles de calificación y las micro y pequeñas empresas “han sido desproporcionadamente afectados por esta crisis, amplificando los déficits laborales y sociales existentes”, por lo cual es urgente tomar acción para frenar el deterioro, pidió la OIT.