“Quienes se han beneficiado del teletrabajo son principalmente las personas asalariadas formales, con alto nivel educativo, con relaciones de empleo estables, en ocupaciones profesionales, gerenciales y administrativas, y por supuesto con acceso a las tecnologías necesarias para llevar a llevar a cabo sus tareas”, Roxana Maurizio.

La pandemia puso en marcha lo que varios especialistas han denominado el mayor experimento masivo del teletrabajo en el mundo. En cosa de días, millones de trabajadores a nivel global tuvieron que adaptar un espacio en sus hogares para laborar desde ahí en medio del confinamiento para prevenir los contagios de la covid-19.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que uno de cada cinco trabajadores en el mundo ha vivido esta realidad en algún momento de los 19 meses que se ha prolongado la pandemia. En América Latina, al menos 23 millones de personas han laborado de forma remota en el último año.

En México la realidad no fue diferente, tal vez en una proporción menor. De acuerdo con la información levantada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) para medir el impacto de la covid-19 en las empresas, en los primeros meses de la emergencia sanitaria el 12% de las organizaciones en el país implementó el teletrabajo como medida para seguir con sus operaciones. Pero al proyectarlo como una acción permanente, sólo 5.7% de las compañías contempla esta modalidad.

El teletrabajo se volvió una especie de moda en la conversación cotidiana en torno a la pandemia. “Nosotros ya de plano no vamos a volver a las oficinas”, me comentó hace unos días Luis Jiménez, un ingeniero en sistemas encargado de darle soporte técnico a varios clientes de la empresa para la que trabaja.

¿Cuántos pueden proyectar una realidad laboral así? Cuando empezó la pandemia, dos economistas de la Universidad de Chicago, Jonathan I. Dingel y Brent Neiman, dieron a conocer una investigación que llevó por título ¿Cuántos trabajos pueden hacerse desde casa? Tomando en cuenta las 39 ocupaciones de la Clasificación Internacional Uniforme de Trabajo (CIUO), determinaron que en Estados Unidos el 41.6% de los trabajos se puede realizar de manera remota; en México esta proporción se reduce a 22.3 por ciento.

“Mientras más pobre sea un país, menos trabajos se pueden realizar desde casa”, expresó Gerardo Esquivel, subgobernador del Banco de México (BM), al compartir los resultados de dicha investigación. Esto lo confirmó en otras palabras la OIT, quien en su observatorio sobre el impacto de la covid-19 en el mundo laboral destacó que la pandemia demostró que el teletrabajo es una alternativa más viable para los trabajos mejor pagados y mejor calificados. Es decir, es una modalidad laboral de élite.

Y si esta realidad no fuera por sí sola una llamada a la reflexión, dos economistas del Banco de México, Gustavo Leyva e Israel Mora, se dieron a la tarea de analizar los trabajos que efectivamente se pueden realizar desde casa, pero tomando en cuenta las 468 ocupaciones que forman parte del Sistema Nacional de Clasificación de Ocupaciones (Sinco) del Inegi y la posibilidad de llevarlas a cabo a través de tecnologías de la información y la comunicación (TICs). Los resultados se presentaron en el artículo ¿Qué tan altas (bajas) son las posibilidades de hacer teletrabajo en México?

Al contrastar la información recabada con los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), determinaron que “a nivel nacional el porcentaje del empleo susceptible a desarrollarse bajo la modalidad de teletrabajo es de 10.6%”.

Este dato no sólo nos separa todavía más del comparativo internacional, el estudio también revela las disparidades que dentro del país se registran debido a las actividades económicas preponderantes en cada estado de la República. A nivel local, la Ciudad de México es la entidad federativa más aventajada, donde 19% de los empleos se pueden realizar de forma remota; le siguen Nuevo León (14.2%) y Querétaro (12.2%). En el otro extremo se encuentran Guanajuato (7.6%), Guerrero (7.3%) y Veracruz (7.3%).

Esta medición también tiene un componente de género que podría considerarse para fomentar una mayor participación laboral femenina a través de esta vía. El 15.3% de los trabajos que realizan las mujeres se podría realizar de forma remota; esta proporción se reduce a 7.7% en el caso de los hombres. Esto se debe, explican los investigadores, a la estructura ocupacional que tiene el mercado laboral mexicano. Sin embargo, advierten que esta realidad no se ha traducido en un mayor beneficio para ellas, pues “las posibilidades observadas de hacer teletrabajo muestran un sesgo en contra del empleo de las mujeres”.

El home office ha sido una alternativa laboral positiva catapultada por la pandemia, pero también su realidad nacional debiera convertirse en una oportunidad para reflexionar en las condiciones que tenemos como mercado de trabajo y el tipo de empleos que estamos generando.

Si como dijera Gerardo Esquivel, los países más pobres son los que menos trabajos pueden ofrecer para realizarse de forma remota, es momento de preguntarnos si queremos seguir en esa condición, sobre todo ante un contexto de una revolución tecnológica que plantea la creación de 150 millones de empleos digitales a nivel global en los próximos cuatro años.

Es momento de plantearnos el desafío de tener empleos con las condiciones como las que describe Roxana Maurizio, especialista en economía laboral de la OIT, en la cita que abre este espacio. Que ofrecer trabajos de este tipo sea lo normal, no una excepción de uno de cada 10 empleos en el país.