¿Es posible formar al talento del futuro con la educación del pasado? Esta es una reflexión que hace el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) frente a los cambios en el mundo del trabajo empujados por los avances tecnológicos y la demanda de nuevos perfiles y competencias en el capital humano.

La educación tradicional, con la que se siguen formando miles de estudiantes, fue la respuesta a una economía industrial que tuvo su auge en el siglo pasado. Horas fijas en un pupitre, contenido de aprendizaje obligatorio y generalizado, actividades en el aula dirigidas por el profesor, asignaturas segmentadas y objetivos poco alineados con las necesidades de los empleadores son las características de este modelo de enseñanza.

“Este modelo de educación 'tipo fábrica' pudo haber sido adecuado para las economías industriales del siglo XX, en las que una base de habilidades básicas de alfabetización, aritmética y otras materias elementales permitía a los estudiantes ingresar a los escalones más bajos del mercado laboral. Pero el rápido cambio tecnológico de finales del siglo XX y principios del XXI produjo transformaciones radicales en la naturaleza de la fuerza laboral”, expone el BID en su estudio Tecnología, lo que puede y no puede hacer por la educación.

En ese sentido, la transición de una economía industrial a una basada en la conectividad y comunicación digital hace necesario un cambio en el sistema educativo y los modelos de formación.

“La mayor parte de las escuelas no han aceptado el desafío y el modelo ‘tipo fábrica’ se mantiene como el paradigma dominante de la escolarización. Este desajuste hace que el modelo de educación masiva y las necesidades de las economías avanzadas sean incompatibles entre sí”, se destaca en el reporte.

¿Cómo trasformar la formación?

Para Graciela Rojas, presidenta de Movimiento STEAM, la educación ahora debe ser 4.0, enfocada en una formación personalizada, en la que se pueda aprender desde cualquier parte del mundo y no sólo en un aula, con profesores cumpliendo un rol de facilitador y rompiendo paradigmas: cualquiera puede enseñar.

“Vamos a tener que transitar a una educación donde el aprendizaje sea inclusivo, que permita que los estudiantes aprendan a su propio ritmo. Necesitamos una formación adaptada a las necesidades individuales y flexible para que los alumnos progresen a su propio paso”, expone Graciela Rojas.

El aprendizaje personalizado es el compromiso de la educación basada en competencias. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, la tecnología conecta y personaliza las experiencias humanas, como las compras o el entretenimiento, para adaptarse a necesidades y gustos individuales. Esto es lo mismo que debe ocurrir con la formación, se resalta en el estudio en el que colaboraron Joseph South, Brandon Olszewski y Yolanda Ramos.

Desde la óptica de la presidenta de Movimiento STEAM, después de la pandemia se debe replantear el modelo educativo más efectivo para la transformación digital e incluir las competencias indispensables que deben tener los estudiantes para enfrentar los desafíos e insertarse en un mercado cada vez más tecnológico.

Carlos Astengo, profesor del departamento de Ingeniería y Ciencias del Tec de Monterrey, considera que la personalización de la formación es uno de los pendientes que tiene la educación en México.

“Tenemos que romper el esquema de una educación industrializada. Los estudiantes no son unidades, son personas que tienen su propio ritmo de aprendizaje y si bien pueden hacer equipo, también deberían plantearse sus propias metas e irse midiendo”, afirma..

Competencias alineadas, el reto

Mois Cherem, CEO de Bedu, plataforma de capacitación en línea, percibe que el diálogo entre empresas y universidades para alinear los programas académicos con las necesidades del mercado no ha sido muy fructífero.

“A las empresas las sigo viendo descontentas y a las universidades no las veo adaptables. Hay habilidades, como la comunicación, que típicamente las universidades no fomentan de manera efectiva y cuando los estudiantes se enfrentan al mercado laboral se transforman en una gran carencia”, explica.

En ese sentido, el especialista considera que la tecnología juega un papel importante para transformar la educación. “Te brinda datos específicos del progreso de cada alumno y permite poder personalizar la enseñanza”.

Una combinación de competencias tecnológicas, sociales y cognitivas es lo que el Banco Interamericano de Desarrollo considera necesario en todo trabajador para ser competitivo en el mercado actual y el futuro, esquema que deben perseguir hoy las instituciones de educiación superior con su oferta académica.