La crisis por la covid-19 nos mostró la fragilidad del mercado laboral mexicano. Para los que hacen política pública, la pandemia es un llamado urgente a modificar la manera en que atenderemos futuras crisis de empleo y a modernizar la regulación para que se adapte mejor a las nuevas realidades del trabajo en México. En este sentido, hay dos lecciones valiosas que nos permitirán estar mejor preparados para futuras crisis y ofrecer mayor seguridad a nuevos modelos de empleo.

Lección 1: Necesitamos reglas claras que nos permitan actuar oportunamente en una crisis de empleo.

La siguiente crisis de empleo necesitará una respuesta más rápida y que ofrezca certidumbre, esto se puede lograr con un sistema de seguros de desempleo. En Estados Unidos, donde existen distintos esquemas de seguro de desempleo, se debate la idea de reformar esta política de apoyo al empleo durante las crisis con dos objetivos: ampliar los criterios de elegibilidad para beneficiar a más personas y definir niveles de desempleo que en automático obliguen a autoridades federales a distribuir apoyos sin necesidad de una discusión presupuestal legislativa.

Es posible retomar algunas ideas con el objetivo de estar mejor preparados para la siguiente crisis. En México no existe una política federal de seguros de desempleo, tampoco un fondo presupuestal para financiarla. Tal vez es momento de legislar al respecto, crear un fondo público destinado al seguro de desempleo de trabajadores, especialmente de bajos ingresos, así como definir indicadores como número de desocupados o tasas locales de desempleo que indiquen en automático si las autoridades deben o no hacer uso de estos fondos extraordinarios.

Lección 2: Reformar los esquemas actuales de seguridad social para que sean compatibles con las tendencias de flexibilización del trabajo.

Es urgente una revisión de la regulación laboral para ofrecer mayores facilidades a las personas para ocuparse en el mercado formal. En términos absolutos y relativos, los trabajadores más afectados por la crisis fueron los empleados informales. Los trabajadores formales, con un contrato y prestaciones, perdieron empleos en menor proporción debido a la protección que ofrecen los altos costos de despido (aunque estos también hace más costoso el proceso de contratación).

Sin embargo, la recuperación del empleo muestra que tras una ligera caída, la tasa de informalidad ha regresado a sus niveles prepandemia y que en algunos estados la informalidad es un refugio ante el desempleo. Por otra parte, los trabajadores independientes o por cuenta propia son el único tipo de ocupados que ha incrementado entre 2020 y 2021.

Además, es necesario atender el limbo legal en el que se encuentra entre el 40 y 50% de los trabajadores empleadores y por cuenta propia que no tienen acceso a seguridad social. La informalidad, el trabajo remoto y el freelance abren oportunidades de flexibilización laboral, pero descuidan los mecanismos de protección de derechos.

Un primer paso para reducir los costos de la formalidad podría ser la reducción del Impuesto Sobre la Renta para trabajadores de bajos ingresos y utilizar la política tributaria para incentivar la incorporación de trabajadores por cuenta propia al Servicio de Administración Tributaria (SAT). Sin embargo, no es suficiente con estar dado de alta en el SAT. Para ser un trabajador independiente formal se debe incentivar la afiliación autónoma al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el ahorro voluntario para el retiro.

La peor parte de la tormenta ya pasó. En el corto plazo los esfuerzos de las autoridades deben estar centrados en reducir la precarización y la pérdida de calidad en los empleos recuperados de la crisis. Sin embargo, hacia adelante, una agenda para reformar el mercado laboral debería incluir un seguro de desempleo e incentivar a los trabajadores independientes para que se formalicen. Necesitamos aprender de las lecciones de una pandemia que sacudió el mundo del empleo, y estar listos para la siguiente crisis, porque esta no será la última.

*El autor es Coordinador de Sociedad Incluyente del IMCO (@MauAlcocer)