El impacto del estrés laboral en la salud mental de las personas ha sido un secreto a voces desde hace largo tiempo, pero fue la covid-19 la que obligó a poner el tema sobre la mesa de los líderes de empresa. Para muestra, una encuesta de McKinsey halló que nueve de cada diez jefes están conscientes de la ansiedad y la depresión causada por la pandemia en sus equipos.

Este estudio refleja la tendencia mundial de reconocer la salud mental como un asunto de todos. En primer lugar, porque atender el bienestar de nuestra comunidad es lo correcto. En segundo término, porque solo un equipo saludable puede mantener la productividad a largo plazo.

¿Qué puede hacerse desde el lugar de trabajo para atender las situaciones ya existentes y prevenir que otras ocurran? La salud mental también tiene repercusiones importantes en aspectos como la rotación, el ausentismo, los accidentes laborales y los gastos médicos. El asunto cobra relevancia justo cuando muchas empresas se disponen a regresar a las oficinas, mientras que uno de cada dos empleados estima que este escenario les representará alguna repercusión negativa.

Lo cierto es que la coyuntura pandémica ofrece una valiosa oportunidad para tomar conciencia sobre la importancia de la salud mental y para repensar la flexibilidad que se le ofrece al personal.

Los líderes deben ocuparse de tomar medidas que hagan que los empleados se sientan seguros, que sepan que podrán cumplir con sus obligaciones financieras y cuidar de sus familias. Por otra parte, las áreas de gestión del talento harán bien en conocer a profundidad a su gente. Esto significa tomar en consideración que existen grupos de personas que pueden haberse visto afectados de manera desproporcionada.

Un hecho que se ha subrayado es que, contra lo que se esperaba, los trabajadores de mayor edad han resultado ser más resilientes que las personas más jóvenes, quienes han sentido los efectos de la pandemia más profundamente, al parecer".

La noción de flexibilidad encuentra su mejor expresión en los llamados "jornadas de bienestar", que no son otra cosa que otorgar días libres (que no se descuenten de vacaciones) a quienes los necesiten, sin que sea requisito contar con un diagnóstico médico.

En este sentido, muchas empresas también han acomodado sus calendarios para ampliar los fines de semana o los puentes feriados. El argumento detrás de esta reorganización es que las personas que trabajan demasiado, es decir, mucho más allá de las 40 horas semanales, en realidad ven disminuida su productividad.

Otra gran oportunidad que deja tras de sí la pandemia es el uso de los recursos de la telemedicina para atender la salud mental. En países como Estados Unidos, la mayoría de las consultas a distancia fueron para atender asuntos de salud mental. Esto significó también disponer de nuevas herramientas y conocimientos, así como el hecho de que tanto profesionales de la salud como pacientes se mostraran más cómodos con dicha modalidad.

Por otra parte, vale la pena atender el llamado de Jerome Adams, excirujano general de Estados Unidos, para luchar contra el estigma de la salud mental, al que llama “el mayor asesino que existe” porque suele convertirse en discriminación, que luego se traduce en falta de acceso y servicios y apoyo desiguales.

“El estigma –afirma Adams– mantiene a la gente en las sombras, limita que los individuos pidan ayuda, evita que las buenas personas se muestren dispuestas a ofrecer ayuda”. El estigma se supera compartiendo nuestras propias historias de salud mental, lo que plantea una formidable estrategia para las áreas de Recursos Humanos, que pueden convertir una presunta debilidad percibida en una fortaleza capaz de desarrollar resiliencia y lugares de trabajo más amables y saludables.

En esta realidad hay otro factor trascendente: la confianza mutua que habrá de existir entre líderes y colaboradores. Hoy debemos privilegiar la gestión del talento sobre el control del personal. Es un cambio muy significativo e indispensable si en verdad queremos asegurar entornos laborales que favorezcan la salud mental de las personas que coexisten en una organización.

El fortalecimiento de capacidades del líder como coach para el empoderamiento de sus equipos de trabajo, sumado a la capacidad de los colaboradores para responder a la confianza que se deposita en cada uno, resulta una fórmula que anticipa el éxito de cara a las demandas del ambiente que experimentamos en esta nueva realidad.

*El autor es Director General de la Asociación Mexicana en Dirección de Recursos Humanos (@Amedirh)