Alejandro Ramírez egresó en febrero de 2020 de la carrera de Mercadotecnia y desde esa fecha no ha encontrado un empleo estable. “He tenido tres oportunidades laborales, dos fueron temporales y la tercera en una agencia con un trato inhumano y jornadas extensas al grado de vivir para trabajar”, comenta Alejandro, a quien le fue modificado el nombre para guardar su anonimato.

El panorama laboral al que se han enfrentado los jóvenes que han concluido sus estudios universitarios durante la pandemia podría compararse al de una película de suspenso. Según la Encuesta Nacional de Egresados 2021 (ENE) de la Universidad del Valle de México (UVM), la proporción de nuevos profesionistas con un empleo se redujo 7.4% en el último año y en esa misma medida incrementó la cifra de quienes no tienen trabajo.

La Secretaría de Educación Pública estima que de cada 100 niños que ingresan a la primaria, sólo 27 concluyen estudios universitarios. Alejandro es egresado del Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación (CEEC), él forma parte de esa cifra de quienes alcanzan el ciclo completo de formación y pertenece a una generación que salió a un mercado laboral que 16 meses después pudo recuperar los empleos perdidos a causa de la pandemia.

“La pandemia ha tenido un efecto muy fuerte y negativo sobre el empleo de los jóvenes, presentan más dificultades para acceder al empleo y los mercados laborales han protegido a las personas con más antigüedad. En el último año y medio se ha cerrado la entrada de una masa importante de recién graduados al mercado laboral”, expone Roberto Martínez, director del Centro de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en México.

Sin embargo, el panorama que enfrentan los nuevos profesionistas no sólo se entiende por una recuperación de los empleos que ha sido lenta por el impacto de la covid-19, sino por los nuevos puestos de trabajo que no se crearon.

“Estamos en un momento complejo en empleabilidad porque hay muchos sectores e industrias que están detenidas y con dificultades para reactivarse. Las empresas han sido más cautelosas para contratar y eso impacta en la empleabilidad de los egresados. No es un tema del perfil o de la formación, sino de los riesgos que perciben las compañías para generar empleos”, apunta José Ramón Barreiro, director de la Facultad de Negocios de la Universidad La Salle.

El especialista subraya que la cautela de las empresas en las contrataciones incrementó el tiempo que tardan los nuevos profesionistas en incorporarse al mercado. “Antes un egresado tardaba entre tres y seis meses en encontrar trabajo, pero ahora esos periodos se han ampliado por el tema de la pandemia”.

México es el quinto país de la OCDE con la tasa de empleo más baja para las personas que tienen estudios universitarios, sólo el 79.7% de la población con educación superior está empleada, mientras que el promedio entre los países miembros del organismo es de 85.6 por ciento.

En el polo opuesto, somos la novena economía de la OCDE con la mayor tasa de empleo para las personas con educación básica, 65.6% de esta población tiene un trabajo, mientras que la media internacional es de 59.0 por ciento.

“En México, la masa de personas empleadas se concentra más entre aquéllas que tienen menor nivel educativo, es decir, primaria y secundaria”, indica Roberto Martínez.

Precariedad de los trabajos, otro desafío

Las dificultades para ingresar al mercado de trabajo son sólo una parte de la película, pues los empleos precarios a los que están accediendo los nuevos profesionistas enmarcan otra escena que afecta ya a toda una generación.

De acuerdo con la ENE, en 2021 la proporción de egresados que ganaba entre 8,000 y 15,000 pesos mensuales se redujo de 25 a 12%, también disminuyó de 4 a 2% la de quienes percibían más de 15,000 pesos al mes. 

Por el contrario, la cantidad de egresados con salarios de hasta 8,000 pesos mensuales aumentó de 70 a 85% en el último año. Desde 2014, la tendencia observada en la ENE es incrementos constantes en los perfiles salariales más bajos y disminuciones en la población con mejores ingresos.

Por ejemplo, en la medición de 2014 sólo 13% de los jóvenes percibía una remuneración de entre 1,500 y 3,000 pesos al mes en su primer empleo, siete años después, son 26.5% los egresados que se ubican en ese rango salarial.

Aunque los estudios universitarios continúan siendo una llave para el mercado laboral, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) advierte que los beneficios de la educación superior han comenzado a reducirse debido a que la oferta laboral para los nuevos profesionistas no ha crecido a la par de la matrícula en las universidades.

Este fenómeno no es exclusivo de México. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) expone que en los últimos años la generación de empleo altamente calificado no ha ido a la par del aumento de la fuerza laboral con formación universitaria, lo que ha disminuido la rentabilidad financiera privada de la educación superior.

“La falta de ofertas de trabajo adecuadas para los licenciados refleja, en cierto grado, la disminución de los empleos medianamente calificados en los últimos años –tendencia a la que ha contribuido el cambio tecnológico”, detalla la OIT en su informe Tendencias mundiales del empleo juvenil: La tecnología y el futuro de los empleos.