Un contexto inédito requiere un pensamiento creativo, radical y armónico, que acepte voces diversas, disonantes, complementarias, para crear un sentido común y orgánico. Necesitamos un pensamiento exorbitante (capaz de pensar fuera de la órbita de los lugares comunes).

Ante tiempos complejos como los que vivimos, es importante que nos cuestionemos si cargamos con el lastre de prácticas que ya no funcionan de los paradigmas del pasado, incluso cuando llevamos el estandarte de la tecnología con orgullo. Hay una tendencia a querer digitalizarlo todo, pero no siempre cambiamos de forma equilibrada las formas de pensamiento.

Mejora la tecnología a nuestro alrededor, pero no cambia la filosofía detrás del proceso. La comunicación es un gran ejemplo. Tenemos todas las herramientas para hablar de inmediato con cualquier persona en el planeta de forma instantánea, pero eso no ha incrementado en ninguna magnitud nuestras habilidades de escucha, comprensión o discernimiento, por lo que, a pesar de estar tan conectados, cada vez nos sentimos más alienados. Ultra conectados, pero separados en la profundidad.

El reto con la evolución de la tecnología y la mejora del liderazgo es apurar la implementación simultánea de paradigmas integradores, sistémicos, que comprendan la complejidad y sean positivos con la gente y el entorno".

Para que esto suceda, el cambio debe ser sustancial y desde la raíz. No podemos esperar que un departamento intente implementar estrategias por silos. Necesitamos llevar la máquina al taller, desmontar el motor y recalibrar cada componente. Sólo mencionarlo suena extenuante, pero si queremos que nuestras compañías sobrevivan la vorágine que nos espera en la próxima década, tenemos que verlo como una inversión necesaria.

Veo 3 claves que no podemos olvidar como herramientas para crear esta calibración:

» 1. El sentido y el propósito son primero

El riesgo del avance de la tecnología es la productividad sin sentido. Las reglas de evolución suponen una adaptación saludable al entorno, por lo que hay que considerar los efectos potencialmente nocivos de nuestras interacciones. Para lograrlo, necesitamos tener presente siempre el propósito que nos conduce y tener conversaciones al respecto de forma cotidiana. Los equipos tienden a caer en la inercia del trabajo sin cuestionarse para qué siguen existiendo, cómo trabajan y cómo pueden hacerlo mejor. Liderar en la era digital requerirá utilizar todas las herramientas a nuestra disposición para facilitar y potenciar estas conversaciones.

Para crearlo necesitamos funcionar en el entendido de la confianza plena. Hagamos constantemente estas preguntas en sesiones de profundización: ¿Qué se interpone en el camino de la confianza?  ¿Qué comportamientos personales podemos demostrar que ayudarían a generar aún más confianza?

El cambio es difícil. Estamos programados para resistirlo y, a menudo, resulta ser una fuerza negativa por esa razón. Pero también es inevitable. Y siempre tenemos una opción: podemos elegir ser afectados por el cambio o elegir transformarlo. Los grandes equipos tienen una gran conciencia de lo que pueden influir y lo que no, y hacen que las cosas sucedan en función de lo que pueden afectar. Céntrate en cultivar un sesgo hacia la acción, una cultura centrada en las oportunidades y una mentalidad de “¿Qué podemos hacer?”

» 2. Una visión desde la complejidad

Todo ha cambiado excepto la gestión de la gente. Así como cambia el software, necesitamos actualizar el sistema operativo de las empresas. La complejidad requiere una estrategia de pensamiento, a la vez reflexiva, no reductiva, polifónica y no totalitaria/totalizante. Las relaciones humanas no son complicadas (predecibles en su resultado) más bien son complejas (inciertas por sus interacciones)

Cada vez es más difícil comprender la exponencialidad y los efectos en red. Sin duda, la Inteligencia Artificial, la Big Data y el Machine Learning serán importantes en esta tarea, pero sólo si podemos emparejar el propósito de las empresas o la economía, sólo si logramos recuperar una visión más amplia de nuestro impacto en el mundo y los unos con los otros.

Cuando trabajamos con desafíos complejos, debemos esperar que nuestros proyectos y procesos sean no lineales y adaptables. Normalicemos los cambios impredecibles y practiquemos la capacidad de aprender y adaptarnos infinitamente. La capacidad de respuesta es un músculo y es preciso entrenarlo a menudo con nuestros equipos para aprender de cada desafío.

» 3. Recuperar la colectividad humana

Es necesario que los equipos tengan espacios continuos de expresión interdepartamental para entender el contexto en el que están inmersos. Para aprovechar la expansión de la digitalización, será necesario que existan dentro de la empresa momentos “Intertribales” en los que un equipo de alto rendimiento interaccione con otro de forma orgánica.

Para ello necesitamos redescubrir los factores de aglutinamiento que nos convierten en tribus.

¿A qué nos afiliamos? Si nos olvidamos de esta pregunta fundamental, olvidamos que nuestro cerebro, por prodigioso que sea, se adapta y cambia lentamente. Somos seres sociales y estamos perdiendo interacción real.

La colaboración de siguiente nivel ocurre cuando un equipo diverso es capaz de hacer y crear cosas que aparentemente van más allá de la suma de sus partes. Cuando miembros con disciplinas extremadamente diferentes pueden trabajar juntos para resolver problemas. Cuando todos son parte del liderazgo y el equipo aprende a comportarse como un solo organismo.

Es fundamental construir relaciones, generar una alta conciencia de nosotros mismos y aceptar el conflicto para transformarlo en fuerza y creatividad.