Acaba de salir en marzo el nuevo libro de Alejandro Zambra, Tema libre (Anagrama, 2019). Pero antes de decir cualquier cosa sobre este libro hay que recordar el anterior, de apenas unos meses atrás, No leer (Anagrama, 2018). Era una reunión de textos (ensayos, artículos, reseñas) que ya habían salido en revistas y periódicos.

En estas mismas páginas escribí algo sobre ese volumen a comienzos del año. Sé que no está de moda mencionar a Octavio Paz, pero qué se le va a hacer. Decía él que era malo citarse, pero que era mucho peor parafrasearse, así que me cito comentando No leer: «[E]sta colección de textos resulta interesantísima. Parecen hacer zoom in en las partes, esquinas, trucos, que componen sus libros. Por qué le gusta la brevedad, por qué usa formas de las vanguardias, por qué a veces parece tan uruguayo: qué lo llevó a escribir algo como Bonsái, de dónde pudo provenir Facsímil, cuánto de Mario Levrero hay en él.»

Aunque hablo ahí del libro anterior, la cita podría usarse, casi íntegramente, para el que acaba de salir. Me gustaría decir que desde antes de tener el nuevo volumen en las manos supe que seguramente algo tenía que ver con un video que hay en Internet en donde Zambra está dando una conferencia en la Universidad Diego Portales, en Chile, y donde habla de eso, de un tema libre.

En efecto, este nuevo volumen incluye, sólo que por escrito, la conferencia que dio Zambra a la comunidad escolar. Y junto con ella hay dos conferencias más, que seguro están por ahí en Internet. Las tres, agrupadas en la primera parte del libro, que se llama “Autorretratos hablados”.

La segunda sección, “Ropa tendida”, es de textos que parecen esbozos de ficciones, experimentos no logrados pero muy estimados. Lo interesante es que han sido mencionados y sacados de los textos de la primera sección. De este modo, lo que ocurre es una especie de curaduría, consistente en acomodar esto aquí y eso allá, en una sala que son las páginas, para que las cosas tengan lecturas nuevas. Las partes del libro empiezan a hablar entre sí.

Finalmente, para quien se interesa en la obra pero también en la persona que escribe esa obra, está la tercera parte, “Léxico familiar”. De los textos de ahí, al menos uno ya había salido en la Revista de la Universidad (UNAM). Y, para no espoilear, solo diré que en los ensayos de esta parte Zambra cuenta cómo conoció a su esposa, la ensayista mexicana Jazmina Barrera, el embarazo que tuvieron, su vida durante estos meses en Ciudad de México, las diferencias entre los terremotos chilenos y los mexicanos, las formas de hablar el español chileno y el mexicano. Cosas por el estilo, que sus fans (muchos) apreciarán (apreciaremos); y sus no fans, tal vez no.

Pero con todo y ser fans, la pregunta es obvia. ¿Vale la pena, literariamente hablando, reunir en un segundo libro ensayos y textos que habían salido aquí y allá? ¿No bastaba sólo con un libro? Tenemos ahora ya un Zambra al cuadrado.