Aunque más que esqueletos en el clóset, lo que parece descubrir la obra Yesterday. Memorias de Alex 1976 es una auténtica fosa clandestina situada no en un terreno del narco, como pudiera esperarse, sino en la sacrosanta paz de un seminario entre sotanas, rezos y bendiciones. Historia truculenta sustentada en un manuscrito, en el que dos actores van sacando de esta chistera del horror cabezas, manos, brazos, hígados… mentes podridas, mierdas.

La obra, de la autoría de Theo Welox, con la dirección de Héctor Aguilar Veloz y las actuaciones de Enrique Estrada Palomino y Rogelio G. Meneses, sacude las conciencias, nos golpea impunemente abajo del cinturón. De este modo, lo que parece ser una sobada obra sobre el alcoholismo y sus graves consecuencias morales, se convierte no en un Yo confeso sino en un Yo acuso en contra de la institución religiosa.

Yesterday es una obra en dos actos, dividida en cuatro cuadros, un melodrama grave con estudio de caracteres e implicaciones políticas y sociológicas. Es una pieza que aparece también haciendo un guiño retro en el marco de la resurrección beatlemaniaca de moda hoy en Estados Unidos.

La obra es atrayente, fluye muy bien, cada peripecia está bien calculada para irnos metiendo en la historia que está situada en un cuarto de azotea, en la ciudad de México, en el 2000.

León (Enrique Estrada) es un sacerdote jesuita golpeado por sus ideas, que ha sido delegado a hermano lego y que también es maestro de Filosofía. Beto (Rogelio G. Meneses) es amigo de León, ex seminarista, quien ha caído en el alcoholismo y la soledad más espantosa, en la que sufre el recuerdo de su hijo muerto. Es también -sobre todo- un dramaturgo fracasado que aporrea las teclas de una máquina de escribir mecánica.

Cuenta la historia de que después de 20 años, ambos se encuentran casualmente en el Metro ( todo encuentro casual es un cita , diría Borges). Y el encuentro produce lo inevitable: un corto circuito por el recuerdo de Alex, su compañero de seminario (el autor de un manuscrito). De este modo, Alex, figura emblemática que no está presente físicamente, va creciendo hasta convertirse en un personaje.

Ambos cuestionan el recuerdo de Alex a través de las disciplinas dictatoriales del seminario en los años 70. El alcoholismo contribuye a desvelar la muerte de Alex y a enfrentarlos con ellos mismos. El drama concluye con la catarsis que les proporciona escribir juntos a manera de confesión vivencial mediante una pieza de teatro: Memorias de Alex.

Aunque la pieza está bien dirigida por Héctor Aguilar, al principio notamos -al menos en la función de estreno a la que asistí- cierto nerviosismo en la actuación de Rogelio, quien hace una entrada precipitada, no bien calculado el volumen de la voz al espacio escénico. Sin embargo, con el paso de los minutos, este actor se va asentando, va adquiriendo solidez en su trabajo actoral y termina con mucha fuerza.

Por su parte, Enrique Estrada mantiene bien el control de su energía de principio a fin su caracterización como sacerdote es impecable, al grado que uno está tentado a pedirle su bendición. Sólo hay un tropiezo: cuando acepta vestirse de gay defeño para ir al antro, está sobrado, se ve falso.

En cuanto a la escenografía, es muy modesta (como corresponde a un cuarto de azotea): paredes pintadas de negro, una grabadora para oír a Los Beatles, una mesa, dos sillas, un catre cubierto con una colorida cobija de Winnie Pooh (que hace un contraste exagerado con el resto del cuarto) y un peluche. No hay más. Si no fuera tan ágil el ritmo escénico, el ambiente sería claustrofóbico y uno tendría que salir corriendo.

Yesterday es una obra que desvela muchas cosas que se ocultan en los seminarios, bajo las sotanas, en los confesionarios, en la mente de los seminaristas... obviamente no podía dejar de mencionarse la homosexualidad… Sin embargo, su gran mérito -aparte de los golpazos que nos da a lo largo de la representación- son las ideas que nos deja para la reflexión y que nos persiguen por días y días.

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