México no nos permite encontrar una vida digna, a muchos no nos satisface esa vida y decidimos irnos porque no podemos cambiarla , afirma la joven escritora Ximena Sánchez Echenique quien a partir de la temática del exilio escribe una novela titulada Por cielo, mar y tierra (Tusquets, 2010) en la que los personajes encuentran su identidad, no en los lugares, ni en los objetos, sino en el lazo humano que nos hace ser quienes somos.

Una huelga en la UNAM la hizo ponerse a escribir. Un intercambio académico la llevó del otro lado del charco para descubrir más sobre sí misma, y a partir de esa experiencia, Ximena se preguntó, bueno, ¿qué es lo que nos lleva a salir de México?

Fue de esta manera que quiso engarzar en el tema de exilio la historia de tres personajes: Don Porfirio Díaz viajando por mar sobre el Golfo de México y en el Atlántico; Benigno, un hombre bueno y llegado del cerro, de clase baja que por tierra se irá de mojado para darle un futuro a su hija, y Alfredo, un joven de clase condechi cuyos sueños de independencia lo llevan por cielo a exiliarse ansiosamente en el Viejo Continente donde estudiará una maestría.

A todos los personajes, el viaje, el exilio, les revelará quienes son realmente, con consecuencias crueles y dolorosas como las que nos da la vida misma.

Resulta así una novela de gran carga vital que al final de cuentas se presenta como un ensayo de la realidad, como una posibilidad de transformarla, porque como la autora dice: la realidad es también una ficción .

Una fijación por los objetos

Por cielo, mar y tierra es la tercera obra de la guapa escritora de 30 años, de gesto cálido y sonriente, que es tímida pero muy clara de ideas y que viste con elegancia: aretes discretos, collar, zapatos finitos, y un perfume que abraza en toda la sala con un dulce aroma, son su carta de presentación; en suma: objetos.

Yo tenía una fijación por los objetos, de niña tenía mucho apego por ellos, me gustaba coleccionar cosas, tengo una cajita de porcelana que mi abuela me regaló a los 15 años, que a ella se la había heredado su abuela, y así fui desarrollando esta obsesión de pensar que los objetos tienen una especie de vida propia , confiesa la escritora.

En su novela los personajes experimentan un desprendimiento de los objetos con los que se identifican y así encuentran su identidad a partir del ser y no del poseer , precisa.

De esta manera Porfirio Díaz se convierte, por ejemplo, en un personaje que sabe que su patria lo sigue acompañando pero en lugar de ser una entelequia abstracta, a bordo del Ypyranga se da cuenta de que su patria y lo que él es está en quienes lo acompañan, su familia.

Y en ese cambio de mirada, en esa especie de madurez, Ximena advierte una revolución individual, que parte de la idea de mirarnos desde fuera , acota.

Un estilo personal

Como la obra inicia con el personaje del ex dictador, parecería ser uno de los chorrocientos mil libros que este año se han publicado para conmemorar los centenarios de México, pero nada que ver. Desde las primeras páginas el juego literario irrumpe con poder al presentarnos una voz que teje tres historias distintas situadas en tiempos y espacios muy distantes y aún así conectados.

La autora alterna de manera ordenada las historias, y su voz otorga mucha claridad al relato, con un estilo que se dirige al lector como si él fuera el personaje, recurso que dota de cercanía a la obra.

Ximena también se preocupa por los contenidos y logra un efecto contundente pues los personajes nos resultan no solo cercanos sino también entrañables.

Por tales razones, con esta novela se confirma el talento, la sutileza y la profundidad de una escritora joven, hermanada con autores como Valeria Luiselli, Antonio Ortuño, Daniela Tarazona o Tryno Maldonado, que renuevan con su literatura plenamente el paisaje literario nacional, ávido de crítica y no tanto de superficialidades ni de juegos light del lenguaje y mucho menos de temor, de indiferencia y de vanagloria.

[email protected]