Las ciudades, con sus cañones de concreto, sus aisladas áreas verdes, sus congestionamientos de tráfico, generan patrones de viento poderosos y aparentemente caóticos conocidos como flujos urbanos.

Llevados por esos vientos, hay una variedad de amenazas ambientales, como partículas suspendidas, vapores de diésel, residuos químicos diversos, ozono y el polvo normal que producen las poblaciones de alta densidad.

Una investigación publicada en Physics of Fluids presenta el inesperado hallazgo de que los contaminantes, en lugar de distribuirse azarosamente, se acumulan en regiones específicas del ambiente urbano y forman estructuras coherentes.

Lo inesperado del descubrimiento es que se pensaba que los patrones coherentes en los flujos no podían tener existencia real -dice Wenbo Tang-. Sólo podían encontrarse en flujos teóricos idealizados y no se sabía si este tipo de estructuras serían suficientemente robustas para manifestarse en el medio ambiente .

Sin embargo, aún no se demuestra la existencia en el medio ambiente, ya que los investigadores basan su hallazgo en una fórmula matemática nueva, la primera de su tipo, creada para simular el movimiento a largo plazo de los contaminantes como se encuentran en la realidad.

Con esta simulación más realista, se pueden hacer mapas de grados de mezcolanza en diferentes regiones, épocas del año y horas del día, lo que ayudaría a encontrar áreas urbanas más susceptibles a tener altas concentraciones de contaminantes y que deberían ser evitadas o remediadas.