Aunque en los hechos aún no se tiene confirmación de la existencia de vestigios arqueológicos en el paso del Tren Maya por Quintana Roo, en caso de que durante los estudios técnicos se confirme algún hallazgo, el trazo original tendría que ser modificado para no afectar el patrimonio histórico del país, aseguró Eduardo Ortiz Jasso, director de la Agencia de Proyectos Estratégicos de Quintana Roo.

El funcionario del gobierno de Quintana Roo explicó que en realidad el tema lo lleva el gobierno federal pero existe una mesa intersecretarial en la que sí participa el gobierno de Quintana Roo.

“Yo no he visto hasta el momento que exista evidencia de vestigios en el trazo, ningún caso en el que eso suceda. Seguramente el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tendrá más información, pero si en algún momento sale durante la revisión en estas mesas de trabajo seguramente sería oportuno considerar la modificación del trazo”, explicó.

En lo que va de avance del proyecto, Ortiz Jasso aseguró que el menos en el tramo de Cancún a Tulum no tienen información sobre la existencia de vestigios arqueológicos, “quizá más hacia abajo este supuesto esté sucediendo desde Tulum hacia abajo (zona sur de Quintana Roo)”.

El antecedente

En diciembre de 2018, en el marco de la ceremonia maya realizada en Tulum en la que se solicitó permiso a la naturaleza para la construcción del Tren Maya, Adriana Velázquez Morlette, entonces delegada en Quintana Roo del INAH, dijo que muy cerca de la carretera y debajo de las torres de alta tensión por donde está anunciado que pasará la vía férrea existen por lo menos dos puntos de gran importancia arqueológica a nivel estatal, específicamente a la altura de Xel-Há y Tankah, ambos sitios en la Riviera Maya.

Velázquez Morlette dijo entonces que la existencia de estos dos sitios implicaría esfuerzos adicionales para evitar impactos negativos en el patrimonio cultural de la zona, ya que además existe evidencia de sitios más pequeños o parcialmente investigados en la comunidad de Limones en el municipio de Othón P. Blanco, además de otros vestigios dispersos a lo largo de la carretera y las líneas de alta tensión.

Además aseguró que era necesaria una asignación presupuestal adicional a los 15 millones que ejerce anualmente en promedio la delegación del INAH en Quintana Roo, pues la prospección arqueológica para descartar o confirmar la existencia de vestigios debería incluir los ríos subterráneos del estado, pues al tratarse de un suelo kárstico el que predomina en toda la península de Yucatán, son obligados estudios muy serios que descarten o permitan evitar daños a ese nivel, explicó entonces.