Ante Letargo cibernético, la obviedad nos remite a los grandes autores de la ciencia ficción, desde el Orwell de 1984, pasando por H. G. Wells, Ray Bradbury y sin faltar, por supuesto, el grandioso Aldous Huxley de Un mundo feliz... Bueno, incluso ecos de Los supersónicos de Hanna-Barbera se dejan ver. Y sin embargo, la obra escrita por la joven autora Sharon Kleinberg tiene algo de punzante y bienintencionada, aun cuando en su estructura y creación de personajes peca de ingenuidad.

Integrada al corpus de la trilogía Destino Escrito, la propuesta de Kleinberg está como tocada por los lenguajes del guión telenovelesco, fincándose en un melodrama que se torna previsible de principio a fin y no alcanza a sostenerse del todo.

Con una nerviosa y de pronto accidentada dirección de Gema Aparicio, en Letargo cibernético intervienen Mónica Torres, Pilar Cerecedo, Alejandro Morales y Francisco Archer, quienes no aciertan a encontrar una homologación en su tono dramático. ¿Descuido de la dirección, falta de integración histriónica por parte de los actores, prisa por estrenar...? El caso es que los textos están expresados con mucha planicie y, en no pocos momentos, con un aletargamiento que llega a contagiar a los espectadores.

A pesar de ello, la obra logra activar cierta integridad en su composición plástica, lo cual la hace atractiva, sobre todo, visualmente.

CRIATURAS FUTURISTAS

El destino ha alcanzado a estos personajes en un mundo en que las máquinas, apoderándose de la vida, propician que el ser humano pierda la conciencia y la memoria, el sentido real de sus pasos por el mundo. El juego de translaciones que la memoria mecánica, cibernética y la humana, procrean en el devenir de la existencia, acomete irremediablemente en la infelicidad de estas criaturas futuristas. Sexo cibernético, relaciones impersonales, vidas maniatadas por todo lo que plantea el ciberespacio hacen de estos personajes una serie de robots que no viven por ellos mismos, sino por la rudeza de lo que les circunda.

Es cierto que (...)Sharon Kleinberg aplaude el avance tecnológico y la manera en que nos facilita la vida, pero cuestiona la adicción(…) , mas a la autora le hace falta transgredir realmente la intencionalidad expositiva de su propuesta, leer con mayor profusión a Bradbury, a Huxley y a Orwell, sobre todo, por ejemplo, para dejar de lado ese chabacano melodramatismo televisivo.

Bien por el diseño escenográfico de Arturo Nava y el buen perfil del vestuario de Cristina Sauza, ambos creativos siempre atinados y coherentes.

Letargo cibernético, así, se expone como un producto bien presentado , pero vemos al mismo tiempo a una dramaturga que busca aún su voz y tiene buenas intenciones imaginativas; así como a un grupo de actores, junto a una directora, que no logran madurar del todo el producto.

Se agradece, sin embargo, el ver un teatro ocupado en la forma y el contenido; actores que hacen lo mejor que pueden por cautivar al público y, en suma, una propuesta que está a la vanguardia, pese a sí misma. Pero falta crecimiento.

gonzalo.valdes@eleconomista.mx