“¿Nahui Olin realmente fue libre de ella misma? ¿Qué tanto se puede ser libre cuando la sociedad te programa para ser bella, para vestirte de ese halo erótico?”, son preguntas que se plantea la historiadora y escritora Valeria Matos sobre la figura referencial, performática, erótica, revolucionaria, provocadora, de Carmen Mondragón, de quien, se suele decir, fue la mujer más bella del siglo XX, bajo una referencia de belleza hegemónica normativa que sigue siendo la puerta de entrada a la conversación sobre Nahui Olin y la creación de arte que abrevó de su cuerpo hasta que ya no le fue útil y, así como la acogió, no tuvo reparo en prescindir de ella.

Estos cuestionamientos de Matos se dan a propósito de la publicación del libro Nahui Olin. La loca perfecta (Lumen, 2019), una ficción con injertos de realidad a través de la que buscó hurgar aún más en los síntomas de un sistema paternalista que así como sucedió hace 100 años, con el juicio y el sesgo sobre las mujeres, su libertad y su cuerpo, ha dado continuidad a una concepción histórica androcéntrica en la que solamente la vida pública de los hombres era válida y la vida pública de las mujeres, en cambio, fue cuestionada con severidad.

“Traté de hacer hablar a Nahui, primero desde cómo se pudo haber concebido; por otro lado quise insertarla en esta época, con otras mujeres, para ir entramando el entorno, señalar los actos sexistas, plantear las violencias sutiles para que el lector las detecte, como cuando el Dr. Atl la amarró porque Nahui entró en un conato de celos, porque eso es visto muy normal. Todo el mundo repara en lo celosa que era Nahui, pero no en el acto de Atl. Quise dejar esas pistas para plantear este mundo inmerso”, detalla la autora en entrevista.

La vida de Carmen Mondragón, sus convicciones, sus libertades, el erotismo, la vida artística, las relaciones afectivas, la manera de romper la línea entre lo privado y lo público a través del arte, coincidieron con el México posrevolucionario inmerso todavía en las violentas réplicas de siglos de belicosidad y la imposición de la buena moral de una sociedad privilegiada de la que ella provenía, en tensión con el surgimiento de los feminismos, las sufragistas y la desestigmatización del cuerpo.

“A la gente le encanta decir que Nahui Olin escandalizó a la sociedad de su época. Yo creo que eso no era difícil. Las mentes obtusas son muy impresionables. El título ‘La loca perfecta’ tiene un juego en el que, por un lado, esa loca podemos ser todas las que vamos en contra de algo establecido y que esa sociedad rechaza; es como decir que tú estás loca y los demás estamos bien, como proyectar lo problemático de un sociedad en una persona. La loca perfecta es esta mujer que es bella cuando es joven, que es inteligente, tiene esta capacidad expresiva, creativa y una estructura mental particular, con mucha energía, y todo el mundo quiere retratarla y estar con ella; pero cuando ese cuerpo envejece y se deteriora su mente, la sociedad la relega y no se hace cargo de ‘esa loca’ que margina, que escinde, porque no se hace cargo de nadie, no cobija a las mujeres en ningún sentido”, lamenta la autora.

De esta manera, Matos agrega que el interés de la novela es recriminar a un sistema cultural de jerarquía, explotación y poder de unos sobre otras y evidenciar la manera en la que Carmen Mondragón se volvió incómoda en distintas etapas y maneras de la vida pública y cultural.

“Sin duda mueve muchas cosas. Es un personaje muy complejo, muy polémico todavía hoy, en pleno siglo XXI, donde nos muestra cómo expresar nuestro erotismo, cómo construirlo, cómo queremos ser vistas, por quién y cuándo queremos ser vistas, qué queremos expresar. Ahora las feministas han cuestionado la belleza, han propuesto otras bellezas, han quebrado esos cánones”.

Así empieza:

“A obsessão. Hay quienes se obsesionan en la perfección (con seguridad nadie cambiaría el polvo estelar o el horizonte, verbi gratia, o las nebulosas con caminos determinados, colores neón, estelas luminosas). Yo, en cambio, tengo debilidad ante algo distinto. Para mí la belleza no es belleza por perfecta, al contrario. Lo es en tanto muestra imperfecciones explosivas, imanes para fisgonear. Poner atención al error que le pertenece a la humanidad es un banco inacabable de maravillas, es como estar alerta en las partículas subatómicas, asomarse al microabismo de la unicidad”.

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