El escritor Raduan Nassar (São Paulo, 1935) publicó tres libros y desapareció. No quiso saber nada del éxito y se fue a vivir como ermitaño a una granja y sólo apareció para donar su hacienda.

Afortunadamente, la editorial Sexto Piso se ha dado a la tarea de traducir hasta ahora dos de esos libros.

El primero fue Un vaso de cólera, en el 2016, con el objetivo de que el lector en lengua española descubriera a Raduan Nassar.

Es un escritor de culto, un personaje que odia las entrevistas y se niega a asistir a los eventos literarios, pero aparece alguna vez en actos políticos en Brasil.

El escritor Juan Pablo Villalobos se volvió a embarcar en la aventura de traducir otro libro del misterioso escritor. En este caso, se trata de Labranza arcaica, la primera novela de Nassar.

—¿En qué reside la importancia de Raduan Nassar?

—En Brasil, es considerado uno de los grandes escritores del siglo XX porque toda su obra la publicó en los años 70 y luego dejó de hacerlo. Recibió el Premio Camões, el más prestigiado en lengua portuguesa, una especie de Premio Cervantes. Puedo decir que su prosa es un torrente poético con una sintaxis muy peculiar y no tan sencillo de leer, pero con una riqueza en el léxico abrumadora.

—¿Cómo es el proceso de traducir una obra?

—Siempre defiendo que traducir es crear. Traducir no es como muchas veces se piensa que es trasladar literalmente los equivalentes de una lengua a otra, estamos hablando de literatura y va más allá de encontrar las palabras adecuadas o las expresiones. Traducir significa encontrar un ritmo encontrar una sintaxis adecuada para esa novela. Toda traducción es una versión (...) Es otro libro y pienso que los traductores también son creadores literarios.

—Labranza arcaica tiene cierto aire bíblico

—Efectivamente, hay algo bíblico en el libro y una paralelismo con la historia del hijo pródigo. Labranza cuenta la historia de un hijo que huye de la casa paterna, de una hacienda asfixiante para encontrarse a sí mismo y cargando un oscuro secreto. En algunos pasajes parece una especie de salmo (...) un lenguaje vinculado al campo, una riqueza en el léxico abrumadora. La traducción tiene que estar a altura de esos recursos y fue un proceso muy arduo donde participaron varias personas incluyendo a Raduan Nassar.

—¿Cómo escritor qué es lo que admiras de Labranza?

—Es justamente lo que logra Raduan Nassar con el lenguaje. Creo que hay una manera de vincular la sintaxis con esa violencia y la tensión. Es decir, hay una perfecta unión entre la forma y el fondo y ésa es la gran virtud de la gran literatura.

—¿Qué podrías decirle al lector que se acerca por primera vez a Raduan?

—Le diría que se prepare para una experiencia transformadora, para leer a uno de los autores más exigentes de la literatura latinoamericana del siglo XX que no deja al lector indiferente; es una lectura que sacude y perturba al lector (...) es inquietante y poderosa.

¿De qué trata la novela?

Labranza arcaica sitúa la acción en una granja brasileña, en un universo rural y primigenio con marcados ecos del Antiguo Testamento (un vergel mancillado por el pecado) para narrarnos la huida y el regreso de André, suerte de hijo pródigo sediento de libertad que, harto de la austeridad, las penurias y las obligaciones y temeroso de la imponente y autoritaria figura del padre, decide abandonar la casa y las tierras de la familia, cargando con un oscuro e inconfesable secreto, y andar su propio camino a la intemperie.