Fueron alrededor de 100 noches, a lo largo de tres años, de no despegarse de los Ochoa: Fernando, sus hijos Juan y Josué, y Manuel, amigo de la familia, un grupo de paramédicos que tienen en una ambulancia particular su herramienta de su trabajo y su medio de subsistencia.

El director estadounidense Luke Lorentzen filmó, cámara en mano, las intervenciones de los Ochoa en más un millar de siniestros en la Ciudad de México, algunos con desenlaces fatales; registrando las persecuciones desbocadas con otras unidades privadas de servicios prehospitalarios resueltos a ganarles el tiempo de arribo y la atención del herido, su fuente de trabajo primaria y, a veces, la mayoría de ellas, sin retribución económica. El resultado, el largometraje documental Familia de medianoche, que este viernes se estrena en más de 60 salas del país.

De esos más de 1,000 incidentes registrados, Lorentzen construyó en posproducción una narrativa en la que trató de mimetizarse, invisibilizarse al interior de la unidad, para intervenir lo mínimo posible en los hechos, dando registro de las peripecias de una familia en busca del sustento.

“Fue un proceso muy largo para aprender cómo grabar esta historia, pero, sobre todo, para generar intimidad y crear una relación que pudiera sustentar las escenas complicadas. Se trataba de generar un proceso que fuera más íntimo cada noche. Filmé más de 1,000 accidentes y tuve que elegir seis para que salieran en la película. En cada uno quería no solamente que la emoción fuera en incremento, sino también las preguntas éticas: ves a la familia intentando llevar comida a la mesa y al mismo tiempo tratando de salvar vidas. En cada accidente esas dos metas se ponían en juego”, comparte el realizador en entrevista para este diario.

De acuerdo con datos obtenidos para complemento del propio documental, el gobierno de la Ciudad de México opera alrededor de 45 ambulancias para la atención nocturna de prácticamente 9 millones de habitantes. La insuficiencia de operatividad provocó el incremento de una industria informal de ambulancias privadas con fines de lucro, muchas de ellas, con personal sin capacitación adecuada para la atención de las distintas emergencias. Una de las excepciones es la familia Ochoa, cuyos integrantes cuentan con una certificación como profesionales de la salud, pero no por ello, facilidades en su fuente de trabajo.

“Para podernos subir a una ambulancia, pasamos por una normatividad en la que nos certifican la prestación de servicios. La Secretaría de Salud otorga ese dictamen técnico. Aparte de la certificación, que actualmente se renueva cada cinco años, estamos obligados a actualizarnos constantemente y a comprobar esos cursos con instituciones oficiales”, explica Juan Ochoa, uno de los protagonistas del documental.

Por su parte, Luke Lorentzen comparte que, a lo largo de una hora y 21 minutos, se pretende mostrar cómo el propio sistema sofoca la posibilidad de operación de familias como la que persiguió su cámara.

“La familia hace todo lo que puede en un sistema que está totalmente roto, en el cual la posibilidad de decisiones que tiene para sobrevivir es muy limitada. Si no van a un hospital privado donde obtienen una comisión, no van a poder llegar a los accidentes, ni van a poder hacerse de gasolina y equipo. Es un trabajo bastante caro. La mayoría de los pacientes no paga. Tienen que buscar otras entradas para conservar el trabajo”.

“Tenía muy claro que no incluiría los rostros de los pacientes ni mucha sangre. Creo que México y el mundo ya ha visto demasiadas imágenes así. Esos conflictos éticos finalmente provocaron que fuera más creativo para la contribución sentimental del filme. La pregunta más difícil fue mostrar todo lo que hace la familia sin dañarla. Siempre tuve la confianza de que se trata de buenas personas intentando hacer lo mejor que pueden en un sistema que les imposibilita hacer el trabajo que quieren hacer si tuvieran los recursos”.

Luke Lorentzen

Nacido en 1993 y graduado en Historia del arte y cine por la Universidad de Stanford, debutó con el cortometraje documental Santa Cruz del Islote (2014), acerca de una pequeña pero densa comunidad pesquera en Colombia, que fue ganador de una decena de premios internacionales.

El trabajo New York Cuts (2015), que hurga en las personalidades y excentricidades de seis salones de belleza en la Gran Manzana, donde se cruzan temas como las etnias, las clases y el multiculturalismo urbano, ganó la Medalla de Oro otorgada a los mejores trabajos de tesis del Instituto de Artes de la Universidad de Stanford.

Familia de medianoche, su primer trabajo fuera de la escuela, se ha proyectado en alrededor de 130 festivales en todo el orbe.

Ha ganado cerca de 25 reconocimientos, entre ellos:

• Festival de Cine de Sundance

Premio Especial del Jurado a Mejor Fotografía

• Festival Internacional de Cine de Guadalajara FICG)

Premio Mezcal a Mejor Filme

Premio Mezcal a Mejor Director

• Festival Internacional de Cine de Guanajuato Mejor Documental Mexicano

Red de Prensa Mexicana

• Festival Internacional de Cine de Hong Kong

Mejor documental

Shortlist, con 10 finalistas, previa a las nominaciones de la 92ª entrega de los Oscar

ricardo.quiroga@eleconomista.mx