El vestíbulo del Centro Cultural Roberto Cantoral presume una decoración atípica en los seis años que tiene de existencia. En la parte alta de las escaleras que llevan a los balcones de la sala de conciertos, hay un elegante e inevitable políptico de acrílico sobre talla de madera. En él hay grabadas decenas, si no es que cientos de aves, volando en todas las direcciones de la escena. En la parte baja de la extrema derecha hay una locomotora que se entremezcla con la turbia parvada. Las ruedas de varios vagones invisibles y, entre ellos, un par de grupos de personas cubiertas por largos paños, como protegiéndose de la intemperie del paisaje que además tiene de fondo algunas sutiles montañas y nada más, pero esos personajes parecieran ser, más bien, las sombras con un contorno de una paleta en la que contrastan los colores pálidos y los castaños.

Se llama “El muro de los rapaces”. Todos sus planos son un discurso sobre la migración. Es parte del trabajo reciente del artista plástico quebequés René Derouin (Montreal, 1936) y llegó al Roberto Cantoral casi que condicionado por su antonomasia migratoria. Antes estuvo expuesto en Canadá y viajó a la ciudad de Guadalajara para exhibirse como parte de una serie de 66 piezas, en el Ex convento del Carmen, en el marco de las actividades del Festival de Mayo, a donde fue llevado después de la imposibilidad de exponerlo antes en el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos, en Puebla, a causa de los daños causados al recinto durante los sismos de septiembre pasado.

El mural fue presentado este martes en el centro cultural por el propio creador plástico, quien ha sido el único artista visual canadiense en ser condecorado con la Orden Mexicana del Águila Azteca y un hombre vinculado profundamente con la cultura mexicana desde hace más de medio siglo, tanto así que se define a sí mismo como “un latino del norte” y que pasó por las aulas de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda en 1955.

Durante la presentación de la pieza, el curador José Manuel Springer aseguró que la obra está dedicada a los migrantes, en especial, a los niños migrantes que son separados de sus familias y Derouin complementó que se trata de una lucha gráfica contra las fronteras y una reacción de defensa de la identidad americana, en busca de impedir que la parte norte del continente quede dividida por un muro.

“La temática de los rapaces viene de mi investigación sobre las aves, sobre la migración. Desde hace como 25 años vengo aquí por dos o tres meses y he podido ver a las aves que viajan de sur a norte como parte de su migración anual. La idea del muro viene de una proyección política y social. Podemos hablar del muro de Donald Trump, pero no es solamente (se trata) de este muro, son todos los muros. Es la preocupación de cortar el norte y el sur. Cortar la conexión de la cultura latinoamericana con mi cultura de Quebec y la de Canadá es inaceptable para mí”, sentenció el artista.

También lo acompañaron el museógrafo Marco Barrera Bassols, la directora del Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero, Teresa Márquez Martínez, la delegada general de Quebec en México, Stéphanie Allard-Gómez, y el director general del Centro Cultural Roberto Cantoral, Alejandro Jiménez.

La apertura para el público de este mural, más siete piezas de técnica mixta (dos grabados y cinco collages con recorte, dibujo y linograbado) que forman parte de la serie “El muro de los rapaces”, será este jueves 5 de julio y permanecerá hasta finales de año, esperando que recupere su condición de arte itinerante y pueda ser exhibida en más recintos de la República antes de partir de vuelta a Canadá.