La cita se puede encontrar en la Wikipedia. El presidente Benito Juárez, al pasar revista de cadetes en el Castillo de Chapultepec, le dijo:

De los indios que se educan como usted, la Patria espera mucho.

Y Juárez, que era más visionario que los clarividentes espíritus que invocaba Francisco I. Madero, no se equivocó: el susodicho personaje, trepador de jerarquías militares, que lo mismo mataba yaquis en Sonora que mayas en Yucatán por lealtad a la Patria, tras la llamada Decena Trágica, se hizo de la presidencia de México para servirse del poder y sus encantos mediante la traición, la fuerza y el miedo.

Nacido a mitad del siglo XIX en una ranchería de Jalisco, hijo de madre wizarika (huichola), aprendió a leer y escribir en español gracias al cura a la vez que maestro rural de la región. Así, de adolescente, a raíz de a esa mínima educación, se convirtió en secretario particular del general, también jalisciense, Donato Guerra, quien a la postre le conseguiría una beca para estudiar la carrera de Ingeniería en el Colegio Militar.

En plena Revolución se puso a las órdenes, primero, del interinato de Francisco León de la Barra y, después, de la presidencia de Madero. Pero como se estaba quedando ciego, lo renuncian al cargo. En febrero de 1913, sin embargo, el general porfirista Manuel Mondragón por cierto, padre de la pintora y poeta Nahui Olin, quien también fuera amante y modelo del Dr. Atl se rebeló contra el gobierno maderista y sacó de la cárcel a los generales, igualmente porfiristas, Bernardo Reyes padre del escritor Alfonso Reyes y amigo cercano del personaje oscuro de esta crónica y Félix Díaz, nieto de Porfirio y quien se creía el sucesor natural a la presidencia del país, y entre los tres, Mondragón, Reyes y Díaz, encabezaron un golpe de Estado que la historia denomina la Decena Trágica.

Cuando los sediciosos atacaron Palacio Nacional, fue herido el general de la plaza, Lauro Villar, mientras que Bernardo Reyes murió en el enfrentamiento. Los golpistas, derrotados, se refugiaron en la Ciudadela que funcionaba como bodega de armamento castrense y, desde ahí, mantuvieron la rebelión. Madero, por su parte, le devolvió la jefatura militar al ya entonces general brigadier, quien ciego-ciego, de vista y poder, pero no tanto como el propio Madero que se dejó engañar una y otra vez por él, aceptó el cargo y jugó a dos bandas, lo que provocaría una traición doble: al presidente que lo nombró y al supuesto sucesor presidencial con el que pactó.

El general brigadier montó, pues, un teatro de guerra entre unos y otros, con sus consabidos muertos, al tiempo que con Félix Díaz contactó una entrevista con el embajador estadounidense Henry Lane Wilson, quien les ofreció su apoyo para derrocar a Madero, enviando informes falsos a Estados Unidos, intrigando con embajadores de otros países, hablando con grupos opositores al gobierno y con Pedro Lascuráin, Ministro de Relaciones Exteriores de México, para presionar que lo mejor para el país era que el presidente renunciara.

Así, el 18 de febrero, Francisco I. Madero y el vicepresidente, José María Pino Suárez, fueron hechos prisioneros por mandato de quien supuestamente los defendía, misma fecha en el que el traidor celebraba en la embajada estadounidense el llamado Pacto de La Ciudadela, en el que se destituía al gobierno maderista y, para que el país no quedara acéfalo, se le nombraba a él, al general brigadier, presidente interino si lograba engañar de nuevo a Madero haciéndolos firmar su renuncia a cambio de respetar su vida para, días después, decretar su asesinato junto con Pino Suárez a las afueras de la penitenciaría conocida como el Palacio Negro de Lecumberri.

Tales acciones, que dieron pie a una de las presidencias más oscuras y sangrientas en un país de gobiernos sangrientos y oscuros.

Además de leales a la Patria lo que ello signifique , tuvo como protagonista al bien llamado el Usurpador, Victoriano Huerta?El mismo Huerta, a quien quise recordar porque el próximo miércoles 13 se cumplen cien años de su muerte.