Faltaban algunos minutos para la 1 de la mañana del viernes 19 de marzo del 2010. Justo frente a la entrada del Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey, que desemboca en la interjección de la avenida Garza Sada y la calle Luis Elizondo, se registraba un enfrentamiento armado entre presuntos integrantes del crimen organizado y elementos del Ejército mexicano.

Todo fue muy rápido. Las detonaciones de armas de grueso calibre, el fuego cruzado e incluso el estruendo de una granada paralizaron al personal de vigilancia. Había varios estudiantes al interior de la institución. Muchos de ellos corrieron a guarecerse detrás de los muros, otros más se tiraron al suelo. Jorge y Javier hicieron lo propio todavía al interior del Tec. Javier fue alcanzado por los disparos, Jorge volvió sobre sus pasos para asistirlo.

Una de las cámaras de vigilancia al interior de la institución académica registró una parte difusa de los hechos. La grabación muestra el momento en el que Jorge vuelve con apuro para ayudar a Javier a reincorporarse. Cerca de ese sitio, en un punto que no filmó la cámara, ambos fueron heridos. Ya no volvieron a levantarse.

Las primeras horas después del enfrentamiento fueron turbias para la precisión informativa. La prensa difundía que dos estudiantes habían sido asesinados por los soldados. Pero la versión de las autoridades militares y del gobierno era otra. Anunciaban que las Fuerzas Armadas habían hecho su trabajo y abatido a “dos sicarios armados hasta los dientes”. La verdad estaba siendo vedada.

El martirio de las familias se extendió primero por 36 horas. Después, toda vez que, devastadas, pudieron identificar los cuerpos de Javier y Jorge, el suplicio, la lucha por hallarles justicia, se extendió por meses, y luego por años, lidiando con la política de olvido de la llamada guerra contra el narco.

Eran amigos y alumnos de excelencia académica. Ambos becados. Jorge estudiaba la maestría en Ciencias con especialidad en Sistemas de Manufactura y Javier hacía lo propio con el doctorado en Ciencias de la Ingeniería.

Sus cuerpos fueron manipulados por los militares. Los arrastraron y les colocaron fusiles en las manos, de acuerdo con el testimonio documentado del entonces procurador general de Nuevo León, Alejandro Garza y Garza.

Esta reconstrucción de hechos forma parte del documental Hasta los dientes, un trabajo fílmico del director Alberto Arnaut que actualmente se proyecta en cines y relata, a través de una exhaustiva recopilación de testimonios verbales y videográficos, el trajín que comenzó hace ocho años y que a la fecha no ha terminado de esclarecerse.

Importa ser preciso

“Nunca pretendí mantener distancia emocional con las familias”, asegura Alberto Arnaut. “Siempre me planteé hacer una película que respondiera a las expectativas de las familias, que les sirviera en sus objetivos fundamentales; principalmente para limpiar el nombre de Jorge y Javier, pero también (para exigir) que haya verdad y justicia. Lo que sí traté de ser es lo más objetivo posible al momento de narrar lo que sucedió la noche del 19 de marzo. Todo lo que aparece en la película puede demostrarse. Traté de que fuera lo más riguroso posible, que fuera irrefutable”.

Uno de los intereses primordiales del equipo de producción encabezado por Arnaut, asegura, es que la historia fuera construida por las voces de todos los involucrados en los hechos. Asegura que esa decisión le dio legitimidad a la narración de la cinta.

En particular, valora de buena manera el testimonio, filmado de propia voz, del entonces procurador Alejandro Garza y Garza, quien fue asignado como el responsable directo de la investigación en las primeras horas después de los hechos. “Fue el chivo expiatorio que utilizaron el Ejército, el Tec y demás instituciones; el responsable de decir que se trataba de sicarios. Pero (entonces) no se habló de cómo él encontró los cuerpos, en qué situación estaban y sobre la modificación de la escena del crimen. Creo que tenía muchas ganas de dar su versión después de ser acusado por todo el mundo”, declara.

La cinta propició que varias instituciones internacionales se involucraran de lleno en el caso, en particular, confirma, Amnistía Internacional y la oficina en México de Derechos Humanos de la ONU, así como el colectivo Seguridad sin Guerra, que promueve la desmilitarización del país.

La reacción del público, relata, ha sido de agradecimiento para Hasta los dientes por ser una ventana a la verdad, pero también de tristeza, enojo y frustración. La crítica cinematográfica ha opinado de manera favorable; lo califica como una de las mejores cintas del año; “un objetivo que no necesariamente planteamos”, aclara y agrega que, por su parte, “las autoridades han guardado silencio. No han salido a desmentir nada de lo que aparece en el filme”.

Seis soldados han sido acusados por el asesinato de Jorge y Javier. Tres de ellos están a la espera de una sentencia. Dos siguen en libertad y se presume que laboran para el crimen organizado. Uno más se encuentra en calidad de desaparecido. Ningún alto mando ha sido responsable por el caso.

“La PGR ya reconoció que Jorge y Javier no eran delincuentes, donde siguen afirmando que se trataba de delincuentes es en la Secretaría de la Defensa Nacional”, explica por último.

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