México tiene una enorme diversidad cultural y biológica, lo que representa para el turismo una posibilidad de desarrollo muy importante para el país, las comunidades locales y el turista, pero que también implica riesgos muy grandes, sobre todo en las comunidades rurales, indígenas y campesinas mexicanas , indicó Ricardo Garibay Velasco, en la mesa Cultura, turismo y medio ambiente, realizada ayer en el Museo Nacional de Antropología.

En el marco del seminario Políticas públicas y turismo cultural en América Latina Siglo XXI , Garibay explicó que el turista nacional es quien más provecho quiere sacar de sus vacaciones, recibiendo el mejor servicio y, dijo, es el peor de los turistas en el trato a los prestadores de servicios. Las comunidades locales deben tener conciencia de lo que significa convertirse en prestadores de servicios, que significa convertirse en microempresarios, lo que no les queda claro. La actitud de servicio que las comunidades rurales dan al turista o visitante se puede convertir en servilismo y hacerles perder la noción de qué es una microempresa , sentenció.

Explicó que los proyectos de ecoturismo deberían estar concebidos y vinculados al desarrollo de la comunidad local, para que la actividad turística, al final de cuentas, no sólo sea en beneficio de unas cuantas personas o familias.

Fernando Pérez, coordinador de proyectos y capacitación en la asociación civil Red Indígena de Turismo de México (RITA), indicó que se intenta revalorar y hacer que los pueblos indígenas vean sus riquezas, sus tradiciones, usos y costumbres que son parte de ellos, pero tampoco cerrarse a que lo externo entre. Es una combinación de valorar lo que estas culturas han preservado .