Se animaron entre ellos, los propios y los ajenos: los trabajadores de confianza y los de base. Se apostaron a la entrada de la sede de la Secretaría de Cultura federal, en Paseo de la Reforma 175. Habían pegado pancartas en los vidrios del edificio. Otros las levantaban con los brazos extendidos, cerciorándose de que fueran captadas por las cámaras.

Algunas pancartas decían: “No al acoso laboral al personal no sindicalizado”, “Los derechos laborales también son derechos humanos”, “No a la discriminación en prestaciones, acoso laboral e intimidación por parte de la Secretaría de Cultura”, “Curso de verano para todos los hijos de los trabajadores de la cultura”. Las inconformidades eran varias.

Estaban ahí reunidos trabajadores de confianza de tres agrupaciones sindicales: el Sindicato Nacional de Cultura (SINAC), el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Cultura (SNTSC) y el Sindicato Nacional Democrático de Trabajadores de la Secretaría de Cultura (SNDTSC); pero también había trabajadores de base sindicalizados y no sindicalizados de la dependencia.

Atendían a la prensa que se había reunido para registrar sus peticiones. Janeth Cruz Rebollar, trabajadora de base de la Dirección de Vinculación Cultural se animó a declarar en representación de los ahí reunidos.

“Antier (el pasado martes) la Coordinación Nacional de Relaciones Laborales envió un documento en el que se excluye a las madres trabajadoras los cursos de verano (para sus hijos). Ayer tuvimos una reunión con nuestras autoridades. Ellos nos comentaban que, en efecto, nos tenían que quitar todas las prestaciones que percibíamos hasta este momento. Nos daban, el apoyo para el Día de la Madres. Tenemos un rezago con el bono sexenal, que al día de hoy no nos ha sido entregado; también tenemos lo de los vales de despensa de fin de año; decorecos (es decir, gastos o egresos por partida presupuestal) como son la ayuda para útiles, ayuda para compra de lentes y para ortopedia. Todo es nos lo han quitado”, declaró respaldada por los presentes.

Argumentó que al momento de la transición, en 2015, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), entonces dependiente de la SEP, a Secretaría de Cultura, se establecieron las Condiciones Generales de Trabajo de la Secretaría de Cultura, que, los inconformes citaron en un documento que hicieron llegar a las autoridades competentes y a partir del cual defienden que: “los derechos adquiridos de todo trabajador no podrán ser revocados, es por ello que todos los trabajadores operativos de la Secretaría de Cultura deberán seguir gozando de todos y cada uno de los derechos que gozaban cuando formaban parte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes”.

El Economista buscó dicho documento, para respaldo en: http://www.tfca.gob.mx/es/TFCA/Condiciones_Generales_de_Trabajo, donde se listan las Condiciones de Trabajo de las distintas de dependencias de gobierno en formato PDF y en la cual, efectivamente, figura el hipervínculo con el título: “Condiciones Generales de Trabajo de la Secretaría de Cultura”, pero no lleva al documento solicitado, como sí sucede al consultar el hipervínculo de la gran mayoría de las Condiciones listadas en dicho portal.

Demandaron un diálogo

De inmediato, los distintos afectados se organizaron para bloquear el carril lateral del Paseo de la Reforma. Algunos sugerían tímidamente que se tomara la vialidad justo frente a la Secretaría, pero otras voces, cada vez más decididas, proponían que caminaran hasta la interjección con la Avenida Insurgentes, y así lo hicieron, llevando consigo las pancartas, donde permanecieron por un lapso  aproximado de 15 minutos. “¡Cultura es respeto, cultura es libertad!”, comenzó una voz de entre el grupo de manifestantes y la proclama fue replicada por el resto: “¡Cultura es respeto, cultura es libertad!”. La polifonía se dejaba escuchar.

De inmediato todos, en un acuerdo tácito, decidieron retirarse de la vialidad. Se escuchaba de los trabajadores la empatía con aquellos automovilistas y usuarios del transporte público que se veían afectados por el bloqueo. Entonces de apostaron en el camellón frente al inmueble de la dependencia.

Ahí conversaban con algunos representantes que se acababan de incorporar al contingente; les reclamaban por su ausencia durante el bloqueo, y estos les explicaban que de último momento habían sido llamados a reunirse con Hugo Fernando Huesca Granciano, director general de Administración de la Secretaría de Cultura. Explicaban al grupo que “nada más nos están dando largas, nos dijeron lo mismo que ayer”.

Al instante, a ese grupo ya más numeroso, se le unieron más trabajadores de base sindicalizados, que comenzaron a animar con nuevas consignas: “¡Frausto no está por encima de la ley!”, “Llamamos al presidente López Obrador a la pacificación”, “¡Fuera Frausto!”. Y el contingente se encendió de nuevo, con el respaldo de los compañeros; tanto así que decidieron cerrar el carril central de Reforma y mantenerlo así hasta tener ahí mismo la presencia de las autoridades.

Una vez tomada la vialidad se volvía a pedir la destitución de la secretaria de Cultura federal y, de paso, de Paco Ignacio Taibo II, titular del Fondo de Cultura Económica (FCE), argumentando la fusión de la Coordinación Nacional de Literatura con la paraestatal literaria y las afectaciones que tal medida pudiera derivar para los trabajadores.

“Nuestros salarios son muy bajos. Algunos ganamos menos de tres salarios mínimos y todavía nos quieren quitar más. Ellos nos dicen que se trata de las políticas de austeridad e incluso no están diciendo que el aumento que según había anunciado el presidente de la República, el de la inflación de hasta el 3%, no nos va a ser aplicable por cuestiones de austeridad. Solamente nos dicen que lo van a negociar, que lo van a platicar, pero eso lo llevan diciendo durante mucho tiempo”, declaró Hugo César Bautista, trabajador de la Dirección General de Publicaciones parado al frente del grupo que bloqueaba la avenida.

Entonces se presentó el director general de Administración de la Secretaría de Cultura, Hugo Fernando Huesca, para invitar, de nueva cuenta, a un grupo de representantes. Fue entonces que todos liberaron Reforma y decidieron apostarse en la entrada del edificio de Cultura, a la espera de respuestas.

“Seguimos en la misma situación. No hay respuesta favorable”, se limitó a responder a este medio, con pesar, Hugo César Bautista, un par de horas después de concluida la conversación y una vez que los convocados se habían dispersado.

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