Cuando se llega al Poliforum de la ciudad de León, uno no cree que allí haya una feria del libro. Una convención refresquera: sí. Un encuentro de empresarios de la industria peletera, por supuesto.

 

Pero en esa mole de 40 000 metros cuadrados, ¿hay espacio para libros? Pues sí. Ahí, después de recorrer un largo pasillo, empiezas a ver niños con bolsas de libros. Algunos llevan varios, otros una caja de estampas para su álbum Panini del Mundial. Pero hay muchos niños y eso es hermoso. Todos alborotados y alborozados en esta tarde de lluvia, los lectores van al encuentro.

 

La Feria Nacional del Libro de León, la Fenal, es un lugar para primeros encuentros. A lo mejor, como le pasó al booktuber y ahora autor Alberto Villareal, ese es el meollo del asunto: el primer libro que te encuentras. Para Villareal fue el cuento de “La vendedora de fósforos”, de Hans Christian Andersen, un cuento que, dice, lo dejó tristísimo.

 

“Yo hablo de libros en YouTube porque no tenía con quién comentarlos en mi alrededor”, dice Villareal. Su canal, Abriendo libros, tiene miles de visitas. De ahí le nació la cosquilla de escribir. Esta en la Fenal para presentar su tercer libro, Todo lo que fuimos, un poemario narrativo sobre el corazón roto. Y su lectura en vivo estuvo repleta. Villareal no solo tiene lectores: tiene fans.

 

Así como Alberto Villareal es ligero, pesada, llena de temas difíciles fue la mesa de mujeres cronistas. Y qué buena estuvo. Como dice la editora Aranzazú Nuñez, estamos en un momento en el que la voz de las mujeres se alza. #MeToo es la bandera. También #YoSíTeCreo. ¿Estamos rompiendo el patriarcado?

 

Susana Iglesias, brillante y dura como es (no pueden perderse su novela Señorita Vodka), hablando de las primeras experiencias, cuestionó si alguien de verdad decide volverse escritor, si es un acto de la voluntad. “Yo no lo elegí. Escribir fue mi forma de salvarme a mí”. Susana pasó parte de su vida en la calle, en hoteluchos, por eso, explicó, escribe de violencia.

 

“Pero no es un compromiso social o moral. Para mí la violencia es un anillo de Cartier y un señor tirado en Eje Central, orinado”. Dice Susana que ella no da voz a nadie, que el escritor se descubre a sí mismo como una gran oreja. Se afina el oído a la voz de los otros. Es, imagino, como estar lleno de fantasmas.

 

Fernanda Melchor, que estuvo en la feria presentando la reedición de su colección de crónicas Aquí no es Miami, coincide con Susana en que no se trata de compromisos con nadie: se trata de intereses. “A mí me interesan las mujeres porque crecí en un hogar violento, sobre todo psicológicamente. Ser mujer era una forma de discapacidad. Yo siempre quise ser escritora porque era algo en lo que podía ser buena, única, y podía hablar en voz alta”.

 

Sabina Berman, también con auditorio lleno, se puso a platicar de sus pininos en la escritura. Y su primer encuentro fue el teatro.

 

Contó una anécdota muy chistosa. Berman, muy jovencita, fue alumna de los tres maestros de la dramaturgia mexicana: Hugo Argüelles, Emilio Carballido y Vicente Leñero. Los tres se odiaban cordialmente. “Hugo era malo, malo hasta llegar a la carcajada. Emilio era gay hasta el tuétano. Vicente, que era vecino de Emilio, era católico y socialdemócrata. Emilio le tocaba pidiéndole azúcar y Leñero se enfurecía”.

 

Berman dijo que, sobre todo, escribir es relatar, o sea, religar, unir hechos que de otra forma no tendrían sentido.

Todos alborotados salimos a la lluvia esperando que no nos arruine los libros. Pero si se mojan, ni modo. Las historias ahí están esperando.

El lazo que amarra al lector

 

Tan tenue como fuerte, así es el vínculo de escritor y lectores, coinciden autores. En la Fenal hay niños. Sobre todo este 2 de mayo en que la mayoría regresaron de un largo puente y sus escuelas decidieron regalarles un día de libros, música y muchas historias.

 

En la entrada de la feria hay un pequeño escenario donde se paran los cuentacuentos. Los niños se divierten. Uno sobre todo llama la atención porque lleva el ritmo en la sangre: usa su mochila como tambor, ausente de todo lo demás.

 

Así se crea el bendito lazo entre narrador, lo narrado, y el que recibe el cuento, sea en una canción, un cómic o un libro. Por cierto, la cultura geek ya es parte integral de las ferias del libro; al menos en la Fenal lo es. Hay varios puestos de cómics, juguetes, álbumes de estampas y camisetas de personajes como Deadpool, Rick and Morty o el universo de Star Wars.

 

“El pasado está en el presente”, dijo Sabina Berman en su encuentro con la prensa. Y es verdad: nadie sabe qué timbres extraños toca en nuestro oído una historia para que nos enamoremos de ella.

 

“Somos una cultura y luego un sistema político”, dice Berman al rememorar un encontronazo con la SEP. En el sexenio de Calderón Berman y otros autores (Volpi, Villoro, Serna, Poniatowska, entre otros) había preparado un volumen de lecturas para niños de primaria.

 

“Se trataba de que los niños leyeran en el lenguaje que escuchan hoy, hecho por autores contemporáneos”.

 

Como suele suceder en México, el cambio de sexenio cambió el plan y los cuentos acabaron diseminados en los diversos libros de texto gratuitos de la materia de español. “Nosotros queríamos que fuera un volumen específico de lecturas”. La gente de la SEP en la nueva era priista dijo: “¿Quiénes se creen que son?”. Así: quiénes se creen estos escritores para decidir qué leen los niños mexicanos.

 

Descubrir el lazo

 

Jordi Ledesma se ríe cuando le preguntan sobre su pasión por la novela negra. Le da risa porque, dice, no tiene una sola respuesta.

 

El autor catalán está en la feria para impartir un taller del género. Y para sentarse en una mesa con Élmer Mendoza y Bernardo Esquinca a dialogar sobre “algo que no es policiaco, sino social, una exploración del alma humana”.

 

Ledesma, autor de la novela Narcolepsia, se siente muy honrado de partir el pan y el queso con Mendoza, a quien considera una influencia. Aunque no conoce mucho a México (no obstante, su novela tiene personajes narcos mexicanos) dice que le fascina estar en este país donde —como en el suyo, acota— no se puede creer un policía honrado que va y resuelve fácilmente un crimen terrible.

 

Ledesma en su literatura busca la humanidad del criminal. “Este caso tan terrible de los tres estudiantes disueltos en ácido, yo estoy seguro que, quien lo hizo, o quien enseñó a hacerlo, va a casa y da biberones y cambia pañales a sus hijos como yo hago”.

 

Sobre su propio lazo como lector, cita a Jim Thompson, Patricia Highsmith y Manuel Vázquez Montalbán como los autores que lo enviciaron con este “examen del alma”, con este “desencanto de la ciudad”; esa manera tan fácil de pasarse al lado oscuro.

 

Eduardo Sacheri no se pasó al lado oscuro, pero vaya que le interesa todo eso de examinar la condición humana.

“Yo soy de un pueblo así”, y hace con los dedos el círculo más estrecho que le permiten sus largas manos. “En pueblos así todo mundo tiene cara, aunque en realidad sean anónimos. Mis novelas no son sobre generales o presidentes, sino sobre gente anónima, pequeña, como la que conozco”.

 

Su última novela, La noche de la usina, ganó el Premio Alfaguara en 2016. “Escribe sobre lo que conoces, decía Hemingway, y yo suscribo esa razón. Por eso La noche de la usina es sobre algo muy cercano para mí: la crisis económica argentina del 2001, y sobre un grupo de gente que lo perdió todo, fueron timados y ahora quieren revancha”.

Ladrón que roba al ladrón, pues.

 

¿Le cambia la vida a un escritor los premios, ya sea el Alfaguara o el Óscar que se llevó la adaptación fílmica de El secreto de sus ojos, novela suya? “Antes daba clases de historia toda la semana, escribía en la noche o en fin de semana, no esperaba el éxito. Ahora tengo mucho tiempo para escribir, viajo por el mundo hablando de mis libros, solo doy clases un día a la semana”.

 

Y añade con un movimiento de cabeza que invita a la confianza: “Fuera de eso tengo a la misma mujer, crío a los mismos hijos, vivo en el mismo pueblo y soy hincha del mismo equipo —el Independiente—“.

 

Y esa forma tan simple de explicar lo suyo me convenció: salí y me compré dos libros suyos. Un nuevo lazo está por crearse.

 

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