Borges siempre imaginó que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca. Seguramente la idea de miles de libros reunidos, que atraparan el conocimiento, las artes, y todo lo que pudiera expresarse con letras escritas o con imágenes en papel que dijeran más de 1,000 palabras, desplegaba las alas de su espíritu. Una biblioteca. Llena de misterios y secretos como la describe Umberto Eco en El nombre de la rosa o un verdadero hogar como la Biblioteca que tenía Andrés Henestrosa. Una biblioteca. Un espacio con historia que parecía no cambiaría... pero que ahora se ha vuelto diferente.

Por el año 300 a.C. la ciudad griega de Alejandría, fundada por Alejandro Magno en la costa mediterránea de Egipto, era la urbe más grande del mundo. Era cosmopolita, con calles de más de 30 metros de ancho, un magnífico puerto y un gigantesco faro que, además de ser una maravilla, anunciaba a los marinos que se estaban acercando a su destino.

Alejandría era una ciudad ideal –como ahora la quisiéramos todos- cosmopolita, sin delincuencia civil, donde convivían en paz ciudadanos de muchas nacionalidades y además el lugar ideal para la investigación internacional, las artes y el conocimiento.

Fue ahí, en una suerte de Centro Cultural impactante, donde se levantaba un museo y, a su lado, La Biblioteca. La famosa Biblioteca de Alejandría con una colección de libros de todo el mundo, con traducciones al griego de obras escritas originalmente en otras lenguas del Mediterráneo, el Medio Oriente y la India. Con más de 40 mil volúmenes y un catálogo de manuscritos realizado de acuerdo a la división del conocimiento de Aristóteles: es decir separando de la Filosofía a las Ciencias Observacionales y Deductivas y a la Historia de la teoría de las artes.

Fue una lástima. Pero tanta gloria fue consumida por el fuego. Un incendio acabó con el conocimiento del pasado y con las esperanzas de tener algo parecido en el futuro.

Todo fuera como eso. Porque tal destino cambió en el mes de abril. Cierto que el sueño ya no es de papel sino digital. Un sitio web fue concebido como una biblioteca. Con joyas y reliquias de todas las bibliotecas del planeta. Mapas, textos, fotos, grabaciones y películas de todos los tiempos en árabe, chino, inglés, francés, ruso, español y portugués, pero con documentos en línea en más de 50 idiomas. Tesoros como códices precolombinos, y los primeros mapas de América, dibujados en 1562; el Hyakumanto darani, japonés, considerado el primer texto impreso de la historia. La Biblia de Gutenberg; pero también la célebre Biblia del Diablo, del siglo XIII... todo lo escrito, todo lo sabido. Un vértigo alucinante. Una biblioteca a la que se accede sin trasladarse, sin viajar por todo el mundo revisando libreros. A un clic sobre la dirección www.wdl.org . Y así tener la sensación de tocar con las manos la historia universal del conocimiento... La mejor biblioteca. Casi el paraíso.