El amor y la afición, decía Miguel de Cervantes, ciegan con facilidad los ojos del entendimiento. Frase notable como todas las suyas y hoy en día hasta visionaria.

No hay que olvidar que todo lo que fue en aquellos días en nada se parece a lo que es hoy.

La armada Invencible, los tratos de Argel, la batalla de Lepanto, "la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros", eran una pálida emoción comparada con el escandaloso latir de los corazones que hoy nada más esperan a que sea mañana. Mañana a las nueve de la mañana para ser más precisos. Cuando en las lejanas tierras del África del Sur silbe el árbitro y comience el primer partido del Mundial de Futbol 2010. Con la participación estelar de la Selección Mexicana, si es que faltara algún motivo. Alguna razón para enceguecerse y cancelar todo el entendimiento.

Es en momentos como éste donde todo puede volverse simbólico. Incluso hasta supersticioso. Amanecer en un día como el de mañana haciendo números. Pensar que si el calendario cae en, por ejemplo, once, que es el quinto número primo, después del 7 y antes del 13, todo significa buenaventura. Claro, porque además hay 11 jugadores de cada lado. O sea, muchos goles para los mexicanos. Si no le resulta puede sobar una pata de conejo.

Colgarse el amuleto, cantar un canto mixe para una bendición. Quizá con la emoción y la ceguera pensaremos que todo es efectivo. No podremos ni siquiera discernir que la suerte no es así: no se puede almacenar para usarla donde se necesita, es una flecha lanzada que hace blanco en donde menos se espera. Y que en realidad, la superstición trae muy mala suerte.

Puede que sea aterrador. Pero quizá, en medio de todo, lo atrapen los recuerdos. Primero pensar en el tiempo transcurrido. Como el poeta Ausonio cuando, para evitar alusiones a su nonagenario padre, dijo que al morir había cumplido 23 Olimpiadas. Es decir puede usted comenzar a medir el tiempo en mundiales- como bien lo hace Luis Miguel Aguilar en su texto Un albúm de Infancia.

Descubra, si le sirve para los nervios, cuántos años tenía usted en el Mundial de Alemania 74, qué estaba haciendo en México 86 y quién le rompió el corazón en Italia 90. Recuerde que escoger el propio tiempo es ganar tiempo. Quizá, mientras las horas transcurren, llegará más tranquilo al silbatazo inicial.

Piense que es muy temprano y que toda emoción en ayunas se siente doblemente. Olvide la oficina. No lea el periódico. Respire. No pierda ni un instante. Recuerde que la esperanza es el peor de los males, pues prologa el tormento. Que ya sabíamos todo lo que iba a pasar. Que todo fuera como eso.