Muchas de sus imágenes parecen estar tatuadas en nuestro ADN. Miedos nuevos llegaron para atormentarnos. Cosas simples, como abrir el agua caliente de la regadera, cerrar la cortina y meterse a tomar una ducha se convirtieron en prácticas de alto riesgo. En un hecho que podía poner en riesgo nuestra muy poco cinematográfica vida.

Antes de él no sabíamos lo que realmente era el vértigo, no teníamos idea de los alcances de la psicosis, los pajaritos no nos daban pánico.

Y siempre fue su intención. Lo hizo a propósito y lo disfrutaba. Si yo hubiera hecho Cenicienta -decía Alfred Hitchcock-, el público esperaría encontrar un cadáver en el carruaje .

El camino para lograrlo, sin embrago, fue largo pero constante.

Nacido en Londres en 1899, Hitchcock fue un niño tímido, no muy popular por su aspecto regordete, su negro sentido del humor y el aire de misterio con el que se rodeaba. Biógrafos y amigos del director inglés nunca supieron cuál de las cosas que les contaba era la verdadera porque tenía varias versiones de sus anécdotas y nunca las relataba igual.

Comenzó haciendo carteles y no tardó mucho en convertirse en director artístico y guionista. Sus personajes aprendieron a hablar en 1929 con el estreno de Chantaje, la primera película sonora en Inglaterra.

Desde aquel temprano momento Hitchcock creaba ambientes e imágenes que hipnotizaban a a la audiencia y la mantenían pegada a sus asientos hasta el final. Al público hay que darle placer, decía. El mismo placer que sienten cuando despiertan de una pesadilla .

El mecanismo era una combinación de varias cosas. Primero, generar una motivación sobre la cual giraba la historia, dejando en el aire una incógnita aún mayor que no se resolvía hasta el final y presentando elementos selectos a lo largo de la trama (Piense en Los 39 escalones, por ejemplo.)

Después, en el manejo de una técnica muy personal: la cámara, como decía Truffaut, no es una cámara. Debe tener ciertas cualidades humanas y deambular alegremente en busca de algo sospechoso en alguna habitación. Hitchcock sabía que así lograba que el público se sintiera involucrado en el conflicto, capaz de descubrir algo.

Otra serie de trucos -su genialidad en lenguaje cinematográfico, más bien- lograron convertirlo en el mago del suspenso. Detalles como el comportamiento se sus personajes durante una escena de diálogo, por ejemplo. Uno habla y los ojos del otro pueden ser distraídos, no lo miran nunca. La otra persona no lo nota. Una buena manera de decirle a la audiencia que por ahí se guarda un (terrible) secreto.

Hitchcock murió el 29 de abril de 19980. Todo fuera como eso. Parece que todavía sigue diciendo y explicando: Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspenso .