Precisamente un año después de asumirse como merecedor de la Medalla Carlos Fuentes que año con año otorga la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL Guadalajara) a figuras de las letras del mundo por su aportación integral al enriquecimiento de la literatura universal, la noche de este domingo el escritor cubano Leonardo Padura finalmente pudo apersonarse en el encuentro literario para recibir la distinción de manos de la periodista Silvia Lemus, viuda del autor en cuyo honor se instituyó este galardón en 2012.

Acto seguido, Padura declaró: “me siento muy honrado de recibir esta medalla que tiene el nombre de uno de los grandes escritores, no de la lengua española, del siglo XX, universal. Para mí es un tremendísimo honor y esta es una de las grandes satisfacciones que le puede dar a uno el trabajo de la literatura. Y es que nunca pude ganar una medalla de oro como jugador de beisbol y la gano como escritor, lo que me hace doblemente feliz. Pero quisiera esta noche recordar y dedicar este acto a la memoria del Almudena Grandes. Murió esa gran escritora, gran amiga, gran persona. Quiero rendirle este pequeño homenaje allá donde esté”.

La ceremonia se llevó a cabo en el Auditorio Juan Rulfo del encuentro literario. Ahí se aprovechó la ocasión para establecer una conversación entre Padura y el periodista Diego Petersen Farah en torno al más reciente libro del autor, “Como polvo en el viento” (Tusquets, 2020), una historia sobre la diáspora, pero también sobre la pertenencia, la amistad, el amor que despiertan los vínculos más profundos de la sangre y la piel, a pesar de las distancias.

No obstante, el escritor cubano declaró que esta “no es una novela en la que yo haga un análisis de lo que ha significado la diáspora en Cuba, a diferencia de, por ejemplo, ‘El hombre que amaba los perros’, en donde hay una mirada más cerebral, más meditada, estudiada e investigada con respecto a lo que hablo. En este caso es una novela que he calificado de más visceral porque son las historias que yo tenía dentro, las que fui conociendo a lo largo de todos estos años con muchísimas experiencias con respecto a esta dispersión que ha sufrido mi generación”.

Dijo que la historia se rige bajo un principio básico: “todas las razones para irse de Cuba son válidas y todas las razones para quedarse en Cuba también son válidas. Lo importante es respetar unas y otras”.

Más adelante apuntó que hay dos tipos de cubanos en el exilio, aquellos que por muchas razones, viven fuera, “pero siguen viviendo en Cuba”, es decir que preservan sus raíces, sus hábitos y hasta la lengua, y otros que han tratado de separarse del peso de la pertenencia.

“Y, por otro lado, está la gente que sigue viviendo en Cuba en condiciones a veces muy complejas, con unas carencias en estos momentos muy grandes, pero que siguen teniendo la necesidad de vivir en Cuba, y es mi caso. Para mí, tener que vivir fuera sería prácticamente una condena, sería un destierro porque oír hablar en cubano, ver a la gente actuar, saber cómo piensan las personas, cuáles son sus preocupaciones, sus frustraciones, las esperanzas que puedan obtener en un momento determinado, es lo que me alimenta como escritor y por eso sostengo tanto ese sentimiento de pertenencia”.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx