Así como los periodistas, filósofos, escritores, artistas, poetas y pensadores han sido vetados a la largo de la historia por regímenes represivos, religiones ultraconservadoras o sociedades poco tolerantes a la diversidad, el cine ha sido también víctima de este desafortunado fenómeno.

Nada menos, en diciembre pasado, la película The Interview, dirigida por Seth Rogen y Evan Goldberg, fue impedida de presentarse en varias salas de cine a nivel mundial. Después de que el 24 de noviembre los estudios de Sony Picture Entertainment fueron hackeados y Columbia Pictures, empresa encargada de la distribución, fue amenazada por fuerzas aparentemente ligadas al gobierno de Corea del Norte, la empresa decidió no presentar la película, en aras de evitar algún acto terrorista.

La película estelarizada por Seth Rogen y James Franco es una comedia que habla sobre dos periodistas que viajan a Corea del Norte para entrevistar al líder del país, Kim Jong- un. Sin embargo, una vez que dicha entrevista se confirma por el gobierno norcoreano, un agente de la CIA convence a los periodistas para que asesinen al líder y así facilitar un golpe de Estado en el país.

Si bien, al menos en mi opinión, la película no representa ofensa alguna o falta de respeto al gobierno de Corea del Norte, el gobierno de ese país lo consideró así. En documentos oficiales que la agencia de noticias norcoreana difundió, así como en un comunicado del embajador de dicho país ante las Naciones Unidas, se considera que la película se burla de los líderes de Corea del Norte y promueve el terrorismo internacional. Incluso, a mediados de julio del año pasado, la misma agencia de noticias escribió al presidente Obama pidiendo que la película fuera vetada.

Ante las peticiones y presiones poco ortodoxas, Sony decidió posponer el lanzamiento programado para agosto, con la intención de editar dos escenas que resultaban potencialmente ofensivas hacia el régimen.

Finalmente, después de la edición, la película que estaba prevista para ser lanzada el 17 de diciembre en Estados Unidos, solamente se presentó en algunas salas independientes con muy poca difusión por parte de Sony ante el miedo de sufrir ataques. Me parece que si bien dicha decisión por parte de los estudios fue criticada de cobarde en su momento, fue responsable, e incluso, admirable.

Al final, la casa productora optó por comercializarla en línea para renta y los resultados fueron bastante impresionantes, al haber vendido más de 31 millones de dólares; contra solamente 5 millones en taquilla.

Éste no es ni el primero ni el único caso de películas vetadas en la historia del cine. Sin embargo, lo que resulta alarmante es que en pleno 2014, una empresa como Sony se vea forzada a reaccionar ante las amenazas de un grupo de origen aparentemente desconocido que utilizó el terrorismo como arma de negociación.

Esto una vez más nos invita como sociedad a reflexionar sobre el tema de la libertad de expresión y la responsabilidad que esto implica. En principio me parece perfectamente válido que una empresa de entretenimiento o cualquier ser humano tengan derecho de expresar su opinión e incluso animadversión hacia el gobierno de un país con el cual no están de acuerdo. De igual forma, me parece perfectamente válido que el gobierno de ese mismo país denuncie o se inconforme, siempre y cuando sea bajo vías legales y éticas.

Lo que resulta completamente repudiable es utilizar la coerción y la amenaza como mecanismo para obligar a un tercero a callar o a modificar su postura ante una situación determinada. Una vez más, considero que la libertad de expresión es un derecho que debemos asumir con responsabilidad y respeto. De igual manera, los gobiernos y los organismos no gubernamentales competentes deben garantizar a los individuos y corporaciones este derecho básico para expresarse sin temor a represalias.

Finalmente, es momento de que como sociedad capitalicemos las lecciones que la historia nos ha dado. El silencio, la represión, la opresión, la mentira y la opacidad como estrategias para gobernar un Estado son anacrónicas, retrógradas y tienden a acabar en manifestaciones violentas y trágicas para las poblaciones.

* Antonio Aja tiene su propio negocio ?de catering y es asesor externo para ?empresas como Televisa y Selmec ?Equipos Industriales.