Indochina, Capa jumps Jeep

Two feet creep up the road

To photo, to record meat lumps and war

Taro , Alt-J

Miro una foto que tengo cerca de mi escritorio. En ella, aparece un Pablo Picasso muy sonriente. Es un Picasso casi anciano pero fuerte, musculoso. Sostiene a un niño desnudo: es su hijo. Los dos se la pasan en grande. Un instante de pura alegría.

El retrato me gusta no sólo porque sea de Pablo Picasso, espíritu patronal de esta columna, sino porque es un precioso espejismo. Picasso fue mal padre. (Fue mal todo. Para lo único para lo que sirvió fue para artista. Menudo artista, por eso le perdonamos todo. Desde lejos). Esa foto da ganas de tener hijos sólo por experimentar esa intimidad, esa felicidad compartida tan de cerca.

El autor de ese ilusionismo fotográfico es Robert Capa. Leyenda retratando a leyenda.

A Capa hace falta narrarlo más. Por eso, mi canción favorita de este 2012 es Taro , de la banda inglesa Alt- J. No sólo es una canción que mezcla de manera muy afortunada el rock, el hip-hop y el trip-hop, Taro es además una narración poética de la muerte de Capa y, también, un homenaje a una gran historia de amor.

Robert Capa fue la encarnación del fotoperiodismo. Temerario, curioso, un tanto cínico, mujeriego, guapo, con melena de superhéroe. Un maverick que creaba sus propias reglas y luego las rompía.

Capa fotografió, prácticamente, todos los conflictos bélicos de la primera mitad del siglo XX, empezando con la Guerra Civil española y terminando con la Primera Guerra de Indochina, en la que murió. Su foto más famosa es aquella del soldado republicano captado justo en el momento en que una bala le atraviesa el cráneo. Dicen ahora que la foto fue posada, que Capa se inventó la escena. No lo dudo; me parece congruente con su personalidad.

Pero la carrera de Capa no se resume en esa sola imagen, real o ficticia. Capa desembarcó en Normandía con las tropas aliadas; tomó cientos de fotos mientras las balas alemanas le zumbaban por las orejas. De esos cientos sólo sobrevivieron 11 que hoy son conocidas como Las once magníficas. Por primera vez, se fotografiaba lo que era la guerra en plena acción.

Capa, la leyenda, no se creó a sí mismo. Como dicen los franceses: hay que buscar a la dama .

Detrás de todo gran hombre… , dice ese detestable cliché que no completaré. Ella no estaba detrás, estaba al lado, cuerpo a cuerpo. Y algunos dirían que delante de Capa. Se llamaba Gerda Taro y era fotógrafa. Conoció en París a un jovencito llamado Erne Friedmann. Gerda, cuyo apellido real era Pohorylle, y Erne se enamoraron con esa pasión que sólo se conoce en tiempos de guerra. Ambos, judíos exiliados (Erne, de Hungría; Gerda, de Alemania); los dos, sin rumbo, sin trabajo, sin comida.

Como suele suceder, la necesidad da paso a las grandes invenciones. Juntos aprendieron a fotografiar. Pero nadie les compraría fotos a dos veinteañeros sin ninguna experiencia formal en el periodismo. Fue idea de Gerda inventarse un seudónimo para que sus fotos fueran tomadas en serio. Nació Robert Capa, fotógrafo americano que cubría corresponsalías en Europa. Erne era la cara de Capa, Taro hacía de su asistente.

Capa y Taro no sólo compartían una pasión amorosa, también se vieron encendidos por la pasión del periodismo de guerra. Con un lugar ganado en pocos años, ya sin la necesidad de la máscara del Robert Capa ficticio (aunque Erne se quedó legalmente con el nombre), partieron juntos a España para cubrir la Guerra Civil desde el frente republicano.

Taro se convirtió en la primera fotoperiodista en reportar la guerra desde el frente. Ella sola cubrió el bombardeo en Valencia y varias batallas cerca de Madrid. Hoy, esas fotos son oro para los historiadores de la Guerra Civil.

Capa y ella se visitaban frecuentemente, pero en algún momento él tuvo que regresar a París por unos días. Y, justamente entonces, Taro murió en un accidente: un tanque de guerra chocó con el camión en el que viajaba. Tenía apenas 27 años de edad. Capa nunca se casó. Fue muy mujeriego, pero le rindió esa distinción a Gerda, su amor de juventud.

A Capa, la muerte le llegaría una par de décadas después. Ya muy exitoso, socio fundador de la agencia fotográfica Magnum, estaba en Japón cuando la revista Life le encarga tomar unas cuantas fotos del conflicto bélico en Indochina. Capa había dicho famosamente que ya no cubriría más guerras, pero un impulso lo llevó a aceptar la encomienda. En un Jeep, se internó en el campo de batalla; como el vehículo no avanzaba, el fotógrafo decidió seguir por su cuenta. Pasados cinco minutos, una explosión. Capa pisó una mina que le arrancó la pierna izquierda y le abrió el pecho en canal. Murió en un hospital de campaña.

Al final de Taro , la canción reúne a Capa con Taro, lo cual no sólo es emocionante, es también justo. Uno al lado del otro, los dos son Capa.

Este garage se cierra por vacaciones. Nos leemos en el 2013.