Hay personajes que uno cree que conoce y resulta que no, que le resultan desconocidos cuando los ve de cerca. Como dice el periodista peruano Julio Villanueva Chang, de cerca nadie es normal. Y menos los artistas, personajes muchas veces ególatras que tienen todo un himno cantado sobre sí mismos y lo repiten en cada entrevista, en cada obra.

Pero vistos al microscopio de la vida cotidiana, los creadores son menos intimidantes.

Tomemos por ejemplo a uno de los santones de nuestro arte: Rufino Tamayo (Oaxaca, 1899-Ciudad de México, 1991).

Quien esto escribe lleva más de una década cubriendo las exposiciones del Museo Tamayo, muchas que incluyen obra del propio maestro, y no sabía exactamente cómo se veía Rufino al lado de su esposa Olga. Los Tamayo fueron mucho tiempo un misterio para mí y me gustaba que fuera así: dotaba de éter cada visita al museo.

Por supuesto que había visto uno o dos retratos de Tamayo, pero nunca había visto de manera tan íntima la vida de Tamayo. Por eso Irradiaciones de vida, la exposición fotográfica en el Museo Tamayo es más valiosa que el boleto que se paga al entrar. Es, de hecho, valiosísima. Pocas veces puede uno adentrarse de ese modo a la cotidianidad de un personaje tan público. Tamayo se convierte en Rufino, o acaso en don Rufino, un hombre cálido al que le gustaba convivir con sus amigos y no era para nada un ermitaño como algunos cuentan.

Irradiaciones de vida sigue la vida de Rufino y Olga Tamayo durante sesenta años en diferentes lugares: Oaxaca, la Ciudad de México, Nueva York y todas las grandes capitales del mundo, allá donde la obra del maestro Tamayo llegara.

Son fotos sencillas, sin la obligación de pasar a la historia. Y eso las hace todavía más grandes. Ahora, no se me malinterprete. Las fotos no son todas hechas por anónimos o por los propios Olga y Rufino. Muchas tienen pedigrí rancio, hechas por Álvarez Bravo o Cornell Capa, por mencionar a un par de los grandes fotógrafos detrás de la lente.

Tamayo y su esposa aparecen en diferentes situaciones. Posando, pocas. La mayoría tienen el candor de lo que sucede sin ser planeado. Comiendo con amigos, juntos de viaje, con alguna persona local. Olga Tamayo es la responsable de haber juntado la colección como una joya de familia. Hoy las fotos forman parte importante del archivo del Museo Tamayo y no se muestran seguido. Irradiaciones de vida es por eso una oportunidad de colarse en el discurrir de los Tamayo, que estuvieron juntos prácticamente toda la vida. Imperdible.

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Museo Tamayo

Reforma y Gandhi, Bosque de Chapultepec 

Martes a domingo de 10 am a 6 pm

Entrada: $65