No obstante las dificultades inherentes a La clemenza di Tito, ópera mozartiana en dos actos de las denominadas serias, gracias al estupendo trabajo de Harry Bicket director de la orquesta y especialista en música barroca , más la sublime intervención de la mezzosoprano Elina Garanca, pudimos presenciar en transmisión directa desde el MET de Nueva York una pieza bien cantada, de sobria manufactura escénica, actuaciones magníficas y vestuario deslumbrante.

Entre los problemas inherentes a la ópera está el de los recitativos secos (partes casi habladas o cantadas con escasa música) que son abundantes en la obra. Para Mozart el problema se agravó debido a una circunstancia que es necesario relatar.

UN ALUMNO ABURRIDO

Corría el año de 1791 cuando a un empresario de Praga le dieron la encomienda de conseguir una ópera seria en ocasión de la coronación de Leopoldo II como Rey de Bohemia. Visitó Viena, en donde habló con Antonio Salieri para que realizara el trabajo. Como éste se negó, acudió con Mozart, al que ofreció doble paga. A pesar de que Amadeus estaba enfrascado en componer La flauta mágica, el dinero fue muy atractivo para él y de inmediato comenzó la composición que cuenta la leyenda terminó en 18 días.

Siendo una ópera seria requería de varios recitativos. Pero era tanta la premura que Mozart encargó a un alumno suyo la composición de éstos. Mismos que darían pie a las críticas más fuertes porque, decían, eran bastante aburridos.

El día del estreno, la ópera no gustó. Después de presenciar la puesta en escena de La clemenza di Tito, la esposa del Emperador Leopoldo II manifestó con enfado que se trataba de una porquería alemana y que en la sala todos se habían quedado dormidos.

Más allá de la anécdota, en la función del MET del 1 de diciembre, el maestro Harry Bicket logró sortear el escollo que representan los recitativos dotándolos (a lo Gluck) de acompañamiento y la ópera de tres horas de duración fluyó bastante bien.

MÁS ALLÁ DE SU TIEMPO

Pero esta ópera es algo que va más allá de los recitativos. Para empezar, hay en ella de lo mejor de la música de Mozart. Los duetos, tercetos, sextetos son de una belleza impresionante, delicados en su trazo, de perfecta estructura, con frases musicales que atrapan al espectador.

Hay otra circunstancia que le ha permitido a esta ópera superar la prueba del tiempo: no es un melodrama grave simplemente, sino una lección de ética valiosa para gobernantes y ciudadanos de cualquier época:

El emperador romano Tito en un momento dado tiene en sus manos a los conspiradores que han incendiado la ciudad y que quisieron matarlo.

Entre ellos están su mejor amigo y la mujer con la que se casaría. Después de un conflicto entre sus convicciones y su razón de Estado, decide perdonarlos.

Decía Platón en La política que la verdadera naturaleza ética de un hombre se demuestra en el trato hacia aquellos contra los que puede actuar con plena impunidad. Tito pudo haber lanzado a sus enemigos a las fieras para que fuesen devorados, pero perdona.

Lo cual no le resta autoridad, al contrario…

MUJERES POR CASTRATI

Otra característica de la ópera seria es el empleo de la voz de castrato. Pero como esa tradición ya feneció entre otras cosas porque ya no hay este tipo de cantantes , La clemenza di Tito en el MET incorporó al elenco cantantes femeninas para los papeles masculinos de Sesto (Garanca) y Annio (Lindsey).

En especial la actuación de la Garanca en el aria Parto parto ma tu ben mio! fue estupenda y arrancó la más entusiasta ovación en el MET de Nueva York.

En esta aria hay solos de clarinete que la dotan de delicado trazo y expresividad.

Comentó la Garanca en entrevista con Philipp Brieler (Met’s Playbill) acerca de las dificultades técnicas para cantarla: (Mozart) es muy instrumental, entonces usted tiene que tener el enorme control de su entonación, su respiración, ser capaz de melodiosamente incorporarse en la orquesta. Tome, por ejemplo (el aria) Parto, parto… , es realmente un dúo, una canción de amor entre el clarinete y la voz.

Otra de las características de la ópera seria es la presencia de arias compuestas para que el cantante se luzca. Y así ocurrió con Lucy Crowe (Servilia), soprano británica; Bárbara Frittoli (Vitellia), soprano italiana; Elina Garanca (Sesto), mezzosoprano letona; Kate Lindsey (Annio), mezzosoprano estadunidense; Giuseppe Filianoti (Tito), tenor italiano; y Oren Gradus (Publio), bajo estadunidense. Todos ellos en mayor o menor medida brindaron una actuación notable. Hay que destacar que Filianoti tiene una voz rica en matices, potente, llena, muy bien trabajada, que el público recompensó ampliamente. En suma, una ópera redonda…

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