Rumbo a la construcción de una nueva Ley de Ciencia Tecnología e Innovación (CTI), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), junto con El Colegio de México y la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) mostraron preocupación por los tiempos, el contexto y la falta de información.

El doctor William Lee, coordinador de Investigación Científica de la UNAM, aseguró que hay muchos temas que se han discutido durante bastante tiempo y hay elementos para una redacción que le sirva al país; sin embargo, si esto se puede hacer en poco tiempo, dependerá de la dinámica que se adopte, “estamos cerca del final del año y preocupa el tema de los tiempos, pero material y propuestas no han faltado (... ) es una ley que estará vigente durante un plazo relativamente largo, entonces nos conviene tener la discusión necesaria para que salga una ley que sirva a todos y al país”.

Desde el punto de vista de Gustavo Vega, secretario general de El Colegio de México, la Ley de CTI genera opiniones encontradas luego de un proceso no exento de controversias y desacuerdos que arrancó con la propuesta de la senadora Ana Lilia Rivera en febrero de 2019, pasando por foros y consultas donde participaron más de 31,000 especialistas, legisladores, científicos, humanistas, representantes del sector productivo y del gobierno para ir delineando la propuesta de ley.

“Hoy estamos ante la inminencia de su comunicación, durante este periodo la directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), María Elena Álvarez Buylla, indicó que recibieron 23 iniciativas de ley, además de que en marzo con apoyo de la ANUIES se promovió una plataforma de consulta para la elaboración de un anteproyecto de ley”. Aun con estos recursos, los investigadores aseguran que el proceso ha sido opaco y simulado.

Rafael Loyola, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales asegura que ante la perspectiva de una nueva ley se sabe poco y se recurre a la información de pasillo porque todo se produce con secrecía, incluso hace unos días se filtró un supuesto documento que fungiría como borrador de la nueva propuesta de ley. “Con esto ya se sabe mucho por cómo se ve y se ha dirigido el Conacyt hasta ahora, los ingredientes son centralización, concentración de decisiones en la dirección general, cancelación de espacios de participación y consulta, una visión atada a la visión del gobierno en turno y asignación de responsabilidades que no le competen a la ciencia, con una investigación diluida y desdén por el cumplimiento de la ley”.

El doctor Loyola, quien participa desde hace 30 años en las discusiones y construcción del Sistema Nacional de CTI, asegura que hasta ahora no había habido una reforma legislativa donde no participara la comunidad, “este país ha vivido momentos de mucha apertura, discusión y sensibilidad de quienes toman las decisiones”, pero en el autodenominado gobierno de la 4T la negociación no ha existido, “como prueba evidente está la cancelación de fideicomisos y el reglamento del SNI”.

Concluyó que habrá que pelear en la discusión para que la comunidad científica logre una ciencia libre, por encima del Estado, con una política descentralizada, de largo plazo, con participación de la comunidad y contrapesos; con una propuesta que contemple la federalización, pues ya no se puede decidir todo desde las oficinas del gobierno federal. En este sentido dijo que habría que ver con cuidado las propuestas que elaboraron la Rednacecyt y ProCienciaMx.

Por su parte, Guadalupe Valencia, coordinadora de Humanidades, dijo que “hemos tenido una narrativa divorciada entre el discurso sobre la CTI y los grandes problemas sociales., necesitamos también generar narrativas de divulgación social que permitan a la población mayoritaria conocer el sentido que tiene la ciencia básica, aplicada, la tecnología y la innovación en sus vidas”.

A nombre de la AMC, el doctor Pedro Salazar hizo hincapié en el financiamiento público para proyectos y grupos de investigación de alta calidad, independientemente de su coincidencia con ejes de acción gubernamental, “deberán llevarse a cabo en un marco de libertad de acción, pensamiento y cátedra, con un libre intercambio de ideas a nivel nacional e internacional (... ) Para afrontar los riesgos emergentes en el siglo XXI no se debe excluir ni limitar ninguna de las áreas del conocimiento, la experiencia histórica demuestra que las soluciones frecuentemente surgen de disciplinas, iniciativas o la interacción de varias de ellas”.

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