Hay colegas que piensan que hay públicos mejores que otros. Yo creo que no hay públicos de primera y de segunda: hay público. Y una obra debe tratar de comunicarse con quien acuda esa noche al teatro , comenta el dramaturgo y director de teatro Flavio González Mello, quien actualmente promueve la obra de teatro de su autoría El padre pródigo, que presenta su tercera temporada los fines de semana en el foro Telón de Asfalto, temporada que es producto del estímulo Efiteatro que otorga el artículo 226 Bis de la Ley del Impuesto Sobre la Renta (ISR).

Este estímulo tiene la finalidad de apoyar proyectos de inversión en la producción teatral. A través de Efiteatro, aquellos contribuyentes que aporten dinero a Proyectos de Inversión en la Producción Teatral Nacional en México, autorizados por el Comité Institucional de dicho estímulo (conformado por la Secretaría de Hacienda, el Instituto Nacional de Bellas Artes y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes) pueden obtener un crédito fiscal equivalente al monto de su aportación.

En el caso de El padre pródigo, el máximo inversor es Herdez y, gracias a ese apoyo, la obra de González Mello se ha montado en un teatro que no figura entre los oficiales o aquellos donde se monta teatro serio .

Creo que en los últimos años se ha creado una división artificial y hasta cierto punto perniciosa para el teatro, entre lo que se llama teatro culto y el teatro comercial, como si fueran dos cosas incompatibles. Yo crecí viendo teatro que se ubicaba en un punto medio, con producciones de muy buena calidad o textos de autores muy reconocidos, pero que también tenían pretensiones comerciales y eran redituables. Pero eso se fue perdiendo. Y creo que es una zona muy importante y sana, en la medida en que busque zonas de contacto entre la alta calidad del trabajo teatral y el interés del público , opina el autor.

EL PADRE PRÓDIGO

El texto escrito por Flavio González fue premiado en el Certamen Internacional Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz 2010. Relata la historia de una familia muy contemporánea: Hernán es un profesor de literatura que una mañana sale a comprar cigarros y escapa. Durante 20 años, su esposa lo espera (como Penélope a Ulises) incluso le guarda su lugar en el comedor, hasta que, finalmente, decide volver, descolocando algunas emociones y desarticulando la convención familiar que privaba desde su ausencia.

Creo que uno de los tres o cuatro temas pilares en el teatro, desde sus orígenes en Grecia hasta nuestros días, es la familia. Realmente las tragedias griegas no son más que retratos de familia elevados al cubo. En el caso de esta obra, a mí me interesaba explorar las nuevas estructuras de la familia: ¿Cómo cambió a partir de los años 60 con la liberación sexual, la liberación femenina, los hippies? Yo crecí en una generación en la que veíamos a nuestros padres queriendo transformar las cosas, a veces de manera utópica, otras de forma urgente, y bueno, sin embargo, ya a 30 años de distancia, lo que me interesó era explorar qué quedaba de ese edificio familiar más liberal, y que de alguna manera trató de salir de los estereotipos y de las estructuras familiares convencionales, y, sin embargo, muchos de estos proyectos se quedaron a la mitad.

Se crearon más bien nuevas estructuras muy raras, muy peculiares, por ejemplo, con respecto a la disciplina. ¿Qué pasa cuando a los hijos se les permite lo que sea, o cuando a la siguiente generación, la que nació en los 70, en lugar de querer irse temprano de su casa, no se quieren ir nunca y se quedan y se quedan y se quedan, como el hijo de Ulises y su esposa, Penélope. El retorno del héroe a Ítaca está lleno de aventuras, pero lo que a mí me sorprende es que la Penélope lo espere tejiendo y destejiendo una madeja.

Eso tiene un lado muy absurdo, involuntariamente muy humorístico, y es lo que intento explotar en esta obra , puntualiza el autor.

De alguna manera, la obra intenta ser un retrato de ciertas estructuras de la familia contemporánea mexicana porque en nuestro país existe una fuerza centrífuga muy fuerte y cuyo centro de gravedad generalmente es la mujer. Estas historias de los padres ausentes son nuestro pan de cada día , añade.

El padre pródigo es una alegoría cargada de humor que disloca de forma irónica y amoral las verdades en torno de los contratos sociales referentes a la pureza de los lazos familiares y la necesidad de fraternidad que marca a los hombres; desvela, además, una verdad de doble filo: las personas y las familias cambian, y eso nos obliga a tomar o no una postura: que nos importen las personas o que nos valgan un pepino. El montaje actual es acertado en su manejo de los contrastes. El elenco es equilibrado, salvo los dos personajes más jóvenes: una chica linda que es un maniquí, y un muchacho malhablado.

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