Aki Kaurismaki es uno de los cineastas más fascinantes que tenemos hoy. Finlandés, le interesan temas que no necesariamente son de primer mundo. Más bien se dedica a desenmascarar eso que llamamos el paraíso del Estado benefactor de los países nórdicos.

Inmigración, abandono de los sin techo, falta de solidaridad, las dificultades de la clase obrera en un país donde todo tiende a ser cada vez más caro son sólo algunos de los temas que toca Kaurismaki en su filmografía.

Pero suena todo esto muy serio. Lo divertido de Kaurismaki es que todas sus películas son chistosas a su modo. Y están cargadas de una música matadora, rock y blues finlandés que le saca a uno los calcetines.

¿Cómo es peculiar el humor de Kaurismaki? Es muy seco. Sus personajes no están haciendo el tonto, hacen cosas divertidas con la misma cara seria con la que darían malas noticias. Y es combinación es muy divertida. Es lo que se llama en inglés deadpan humor: humor seco como un martini. Los personajes de Kaurismaki son expertos.

En El otro lado de la esperanza, una película hermosa sobre personas que se tienden la mano en los momentos más difíciles, Kaurismaki explora el tema de inmigración a Finlandia.

Comienza con un rompimiento. Wikström (Sakari Kousmanen) deja a su esposa. Lo vemos quitarse el anillo y llevarse sus cosas mientras su mujer mira sin hacer nada. Vendedor de camisas, Wikström gana una buena cantidad de dinero jugando cartas.

Por un capricho decide comprar un restaurante que está en las últimas. Pongan atención en la secuencia en la que habla con cada uno de los miembros del personal, es hilarante.

Paralelamente a esta historia sucede la de Khaled (Sherwan Haji), un inmigrante que llega de polizón al país. Es maltratado por las autoridades, golpeado en la calle e incomunicado de su hermana, su último familiar vivo.

Los caminos de Khaled y Wikström se encuentran cuando el segundo descubre al primero durmiendo en su depósito de basura. “Está usted en mi sala”, le dice Khaled al restaurantero cuando éste saca la basura. Todo el personal del restaurante arropa a Khaled.

Lo más chistoso de la cinta es ver los esfuerzos de supervivencia del restaurante. Un día se les ocurre convertirlo en sushi bar y su sushi es la cosa más asquerosa del mundo. Un día los convierten en bar de jazz y grandes canciones aparecen. Quiero todos los soundtracks de las películas de Kaurismaki, son matadores.

Me sorprendió que El otro lado de la esperanza no fuera tomada en cuenta por La Academia como cinta en lengua no inglesa. No importa, eso no le quita potencia a esta entrañable comedia sobre estirar una mano y encontrar otra que se aferra a ella.

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