Jaime Muñoz Vargas (Gómez Palacio, Durango, 1964) es un autor todo terreno. Lo mismo escribe poesía que novela, microficción que periodismo, ensayo que biografía, etcétera, y su cuentística se caracteriza por ser una de la más interesantes y variadas de México.

Hará cosa de seis o siete años Vicente Alfonso me recomendó para publicar a un autor del norte, amigo suyo, del que decía maravillas. Le respondí que me interesaba conocer su obra y me mandó un libro inédito que, por exceso de trabajo, se fue al final de la lista de maquinescritos por dictaminar.

Un año después, Chema Espinasa, editor de Ediciones sin Nombre, me regaló Leyenda Morgan (cinco casos de sensacional policiaco), de Jaime Muñoz Vargas, quien con dicho trabajo había ganado el Premio Nacional de Cuentos San Luis Potosí, y, de pronto, me vi escribiendo y publicando que tal libro invitaba a pensar en un autor con un estilo definido, un cuentista duro, directo y que no da pie a dobles lecturas.

Agregaba: las historias que cuenta, en las que el antihéroe es un policía judicial de nombre Primitivo Machuca Morales, Teniente Morgan, se antojan como una radiografía de la vida delincuencial y de los bajos fondos en una ciudad del interior de México, ello en una época apenas anterior a la guerra que Felipe Calderón iniciara contra el crimen organizado.

Concluía: muy bien escrito caso raro en estos tiempos en el que todo se justifica gracias a un posmodernismo trasnochado , los cuentos de Leyenda Morgan contienen el ingrediente más valorado del género negro: mantener la tensión en la trama, esa intriga que poco a poco va creciendo hasta formular un remate que, por lo general, es sorpresivo, y lo es no por una vuelta de tuerca en cada uno de los relatos, sino por la misma coherencia interna de los personajes que participan en tal o cual asesinato.

Una vez publicada la reseña, me encontré a Vicente Alfonso, quien me comentó que el tal Jaime Muñoz Vargas que tanto me había gustado era el mismo cuentista que me recomendó un año atrás y cuyo inédito yo aún no leía. Me adentré entonces en Las manos del tahúr, cuyo registro literario es absolutamente distinto a Leyenda Morgan, pero, como éste, sus cuentos son contundentes y el supuesto azar es guiado por un intelecto fiero, cruel, nada complaciente y certero en cuanto a sus finales.

Tras la lectura, me puse en contacto con Jaime y el libro salió publicado en poco tiempo, primero, en soporte de papel y, después, en formato de e-book. Pero por una razón u otra nunca lo presentamos. Es más, apenas conocí personalmente a su autor hace dos años, en un festival de literatura de Durango en el que coincidimos. Y no, tampoco nos volvimos grandes amigos, apenas si charlamos para hacernos una foto y subirla a Facebook.

Desde entonces, sin embargo, me volví lector de cuanto escribía en su blog, Ruta Norte Laguna, que en estos días celebra una década de existencia y en el que recientemente Jaime publica de manera semanal un cuento de un solo párrafo con un alarde de técnica asombrosa, de ésa que es invisible para los lectores que sólo disfrutan lo bien contado de cada cuento.

Busquen y lean alguno de sus libros o su blog, no se arrepentirán.