A pesar de ser un prolífico escritor, avezado en distintos géneros literarios, desde la poesía hasta la novela, y si bien tenía prólogos, conferencias, notas de prensa, columnas, reseñas y textos críticos de sobra, José Emilio Pacheco se resistió a publicar libros de artículos y ensayos a lo largo de toda su trayectoria profesional, salvo un par de excepciones. Una de ellas fue Ramón López Velarde. La lumbre inmóvil, en 2003; la otra, el libro Jorge Luis Borges. Una invitación a su lectura (Ediciones Era), en 1999, hace exactamente 20 años, en el marco del centenario del natalicio del célebre escritor argentino.

“Lo extraño, tratándose de Pacheco, hubiera sido no reaccionar al centésimo aniversario de Borges con un libro. Interlocutor magistral en charlas y entrevistas, editor y colaborador de revistas legendarias, conferencista insuperable, Borges fue, desde luego, un escritor gigantesco; sin duda, el mayor prosista en español después de Cervantes y también el principal instigador en el siglo XX de la noción del libro como artefacto mágico y como prenda mitológica. Pacheco entendía, quizás, que la mayor ofrenda que podía presentársele a Borges era necesariamente un libro”, compartió, este viernes 6 de diciembre, el poeta, ensayista y traductor Luis Vicente de Aguinaga en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2019.

Fue en ocasión de la presentación de la reedición del libro en cuestión, habitado por seis artículos y un apéndice, así como una cronología, una bibliografía y una sugerencia de lecturas críticas indirectas, también por Ediciones Era, ahora simplemente con el título “Jorge Luis Borges”, con la conmemoración de los cinco años de la muerte de Pacheco y 80 de su nacimiento. Además de De Aguinaga, de la presentación también participó José Ramón Ruisánchez Serra, doctor en Literatura Latinoamericana.

“Pacheco entendía la obra de Borges en el sentido abrumador de la obra extendida comprendiendo en ella sus libros en colaboración, artículos, traducciones, conferencias y entrevistas, como la otra enciclopedia; esto es, la concebía como una empresa de conocimiento, síntesis y divulgación de temas dispares e incalculables”, dijo De Aguinaga y, sin embargo, más adelante agregó que pese a las discrepancias entre ambos, no hubo reproches de Pacheco a Borges: “antes bien, el mexicano simpatiza tanto con el argentino que parece tolerar hasta sus frivolidades más incómodas”.

El poeta estuvo de acuerdo en que “esa otra” enciclopedia pertenece al género, si es que no funda el género de lo que Pacheco llamada “literatura palimpséstica”, es decir,

“La obra de Borges era, para el autor de No me preguntes cómo pasa el tiempo, un híbrido alimentado por la reescritura, la yuxtaposición, el adiestramiento y la composición”, dijo, y agregó: “no exagera, en cambio, cuando afirma: ‘no hay una página suya que no sea estimulante y no diga algo nuevo, polémico e insólito’. Yo podría añadir que no hay página de Borges que no diga cosas bellas, profundas o divertidas”.

Por su parte, José Ramón Ruisánchez Serra planteó que, al igual el trabajo de los modernistas, la obra de Borges resulta inseparable del periodismo: la inmensa mayoría de sus cuentos y poemas aparecieron en los diarios. Sus ensayos son, en realidad, y vistos con detenimiento, el grado máximo que puede alcanzar la reseña y la nota literaria y establecen un nivel imposible de igualar.

“Además, José Emilio señala agudamente que Borges no sólo hizo este trabajo mayor y lo publicó en periódicos y diarios, sino que hizo todo el trabajo menor de notas y comentarios efímeros que constituye la vida de una revista. Dice un poco más adelante dice que en su obra de crítico, traductor y editor encontramos aquello sin lo cual no se explicarían el poeta, el cuentista y el ensayista que cambió de forma definitiva las letras del siglo XX.

"Refirió que esta reedición muestra que lo que alguien que nació 40 años exactos después de Borges encontró en Borges. Y lo que encontró José Emilio en el escritor argentino es una ética de escribirlo todo rigurosamente bien, no importaba, una vez más, si era una nota anónima. Cuando habla José Emilio de Borges está hablando de sí mismo (…) ve en Borges la capacidad de escribir bien todo: la reseña, la pequeña nota, hacer las traducciones de manera implacable, impecable; es algo que tienen en común”, comentó José Ramón Ruisánchez.

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