Las esculturas de la antigüedad nunca fueron vistas como las vemos actualmente en los museos; es decir, sólo se veían desnudas de colores en el taller del escultor, porque después salían de allí con el color a cuestas, y así las conocieron los pueblos que las contemplaron en la época que fueron esculpidas, revela Eduardo Matos Moctezuma.

Recuperar esos colores que le dieron vida a las estatuas de dioses, héroes o personajes que traspasaron la historia, aún de manera de virtual, ha sido tarea ingente de muchos especialistas desde por lo menos el siglo XVII y ayuda a conocer las estéticas que tenían los pueblos antiguos, así como las ideología portadoras y los símbolos asociados a estos monolitos.

Éste es el tema central del coloquio Croma, Color, Tlapalli, el cromatismo en el arte grecorromano y mexica , inaugurado en El Colegio Nacional y que coordinan los arqueólogos Eduardo ?Matos Moctezuma y Leonardo ?López Luján, ambos del INAH.

El encuentro, que reúne a 17 especialistas de Alemania, Francia y México, arrancó con la conferencia de Vinzenz Brinkmann, jefe del departamento de Antigüedades, del Liebieghaus Skulpturensammlung, de Frankfurt, quien ofreció un recorrido por la historia de las investigaciones sobre la escultura policromada en mármol y bronce de la Grecia antigua.

Brinkmann destacó que el mármol blanco está asociado a la supremacía del hombre blanco y por ello cuando se descubrieron estas esculturas se les negó el color, porque se trataba de una ideología, para permear la idea de la superioridad intelectual de Europa sobre el mundo que entonces se estaba conquistando.

López Luján hizo un repaso similar por los estudios de policromía que se han realizado a monolitos de la cultura mexica, desde los tiempos de Antonio de León y Gama (Siglo XVIII), hasta nuestras fechas.

El coloquio continúa y mañana en la sede de El Colegio ?Nacional, en Donceles 104 a un costado del Templo Mayor y se transmite en vivo por Internet.

francisco.deanda@eleconomista.mx