El Plan Nacional de Desarrollo y los planes sectoriales no tienen por qué cumplir de cabo a rabo lo que prometen. Es más, por lo general su tramposa redacción les libra de antemano de ser no sólo observados, también objeto de un llamado a la rendición de cuentas al término del periodo de su aplicación.

En el Programa Nacional de Cultura 2007-2012, el Eje 8 corresponde a Industrias Culturales (IC). Ante la falta de miras para ver el insumo propio se adoptaron los parámetros de la UNESCO en cuanto a que las IC son aquellas que combinan la creación, producción y comercialización de contenidos culturales e intangibles por naturaleza, protegidos por los derechos de autor y que pueden tomar la forma de bienes y servicios .

El gobierno ofreció crear un modelo de políticas públicas amplio, preciso y consistente que identifique claramente los sectores vulnerables y oriente producción, distribución y consumo de bienes y servicios culturales, desde las expresiones del arte popular tradicional y contemporáneo, y la edición y venta de libros hasta los productos cinematográficos, televisivos, sonoros y turísticos, con criterios de suficiencia, excelencia y calidad y eficacia en la distribución, promoción y comercialización. La comunicación efectiva en los mercados de la cultura generará efectos de confianza en los consumidores y presencias simbólicas de la propiedad intelectual adquirida en una pluralidad de mercados nacionales e internacionales que desarrollarán para nuestro país una alta rentabilidad cultural y social .

También promover políticas de inversión e infraestructura de zonas de desarrollo de industrias, bajo el modelo de clasificación de ‘zona estratégica de apoyo y estímulo de la música’, etcétera, de acuerdo con la vocación de las poblaciones . Y para qué le seguimos.

La convocatoria no tuvo la delicadeza de sustentarse sobre el apartado de un documento que a estas alturas del sexenio se nos desdibuja entre el cabo y el rabo. Que pese a la tradición del Fonca, no considera qué fijar como franja para concursar la mayoría de edad, anula el principio de equidad. Que desdice lo que se plasma en el programa de marras, al enumerar actividades económicas que salen del sentido común no de un proceso de estudio de mercados, menos de una clasificación en el contexto de la economía cultural. Que los cursos facilitados por Nafin no responden al tipo de emprendedor que se invita a participar y que al lado del simulador de plan de negocios de la Secretaría de Cultura de España es para sentir pena. Que el destino y periodo de aplicación de los 100,000 pesos salió de otra ensoñación que lastimosamente no leyeron ni en la Secretaría de Economía ni en Banorte, ¡un banco!

Uno de mis alumnos me escribió tras analizar la convocatoria: Que se tendrá particular consideración a los proyectos desarrollados a partir del patrimonio cultural tangible o intangible y si a esto sumamos que entre los rubros convocados está el de gastronomía, creo que tiene más posibilidades de ganar un proyecto de tlayudas bonitas a uno de danza contemporánea . Los cursos de Nafin se hacen rápido y si uno quisiera hacer trampa se podría, pues basta con ir directo a la evaluación aplicarla y si no apruebas la vuelves a presentar con las respuestas que te dan .

A ver que se les ocurre a los que llegan a partir del 1 de diciembre.

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