Antes de que estallara la nuestra, la que inició en 1910, pensadores ingleses y franceses escribieron que la Revolución era la musa del cambio. Y hubo de llegar el siglo XX para que nos diéramos cuenta de que en realidad era al revés. Que solamente el cambio hacia posible las revoluciones.

Pero el tránsito fue duro. Porque entre los ideales y la realidad hubo balazos y el escándalo de la guerra civil ensordecía toda atención y pensamiento. Los poetas callaron, los cronistas mudaron de tema. Y como en una revolución-igual que en una novela- la parte más difícil de inventar es el final, los narradores esperaron. Los periódicos, por el contrario, tuvieron un papel central en la escritura. Y aunque la producción cultural había caído hasta hacerse casi inexistente y muchos artistas habían dejado escenarios, plumas y pinceles para tomar las armas, hubo algunas notables excepciones. Cuenta Humberto Musacchio, en su libro México 200 años de periodismo cultura, que el Dr. Atl dirigió el periódico carrancista La Vanguardia, que tuvo como uno de sus dibujantes a José Clemente Orozco, mientras David Alfaro Siqueiros era su corresponsal en Jalisco.

El noticiero carrancista

La Vanguardia surgió en una etapa crucial de la Revolución Mexicana como noticiero y órgano de propaganda para las fuerzas constitucionalistas encabezadas por Venustiano Carranza, que no tardaría en convocar a un Congreso para reformar la constitución que nos regía desde 1857 y hacer otra. Gerardo Murillo, pintor, vulcanólogo, escritor, artista favorito del arte mexicano, ya nombrado Dr. Atl, desde su estancia en París se había enterado de todo. El asesinato de Francisco I. Madero y el golpe de Estado llevado a cabo por Victoriano Huerta colmó su paciencia y lo hizo enfurecer. De inmediato empezó a lanzar propaganda en contra de éste, para detener el apoyo económico que Francia pretendía brindar al gobierno del usurpador y comenzó a expresar simpatía por los constitucionalistas. Por ello, cuando regresó a México, en 1914, se reunió con Carranza, para mostrarle su adhesión. Y así, el Dr. Atl se convertiría en una suerte de agente especial de don Venustiano, con responsabilidades no muy específicas pero libertad de acción y pensamiento. Desde aquel momento estuvo siempre presente en las actividades políticas de los constitucionalistas y fue ideólogo y cabeza de muchos artistas que también querían la revolución. (Muy bien conocido era el activismo del Dr. Atl, a favor de los estudiantes de la Academia de San Carlos. Todos recordaban que en 1910, en el marco de las festividades del centenario de la Independencia, los pintores mexicanos, encabezados por Murillo, habían protestado por el humillante gesto de exclusión por parte del régimen porfirista, al programar una lujosa exposición de pintura española contemporánea).

No es extraño entonces que Alfredo Ramos Martínez, director de la Academia de San Carlos del régimen del usurpador, fuera destituido al año siguiente de la caída de Victoriano Huerta y que para ocupar su puesto Carranza nombrara al multifacético Dr. Atl. Y que su primera acción al llegar fuera cerrar inmediatamente las puertas de la escuela dejando en ellas la enigmática inscripción: ¡También con los ladrillos se hace la revolución! .

Revolución de a 5 centavos

El primer número de La Vanguardia salió el 21 de abril de 1915 y quería no sólo ser noticia y voz de los acontecimientos de aquel periodo conflictivo pero también esperanzador, sino también transformar los modos de expresión del periodismo nacional y transportar a la prensa el elevado criterio moral y la fuerza nueva de nuestra grande Revolución . Costaba cinco centavos, tenía sus oficinas en el extemplo de Dolores y el equipo editorial, según su directorio, se leía así: Director, Dr. Atl; secretario de Redacción, Raziel Cabildo; redactores, Manuel Becerra Acosta, Luis Castillo Ledón, Juan Manuel Giffard y Jesús Ochoa; dibujantes, Francisco Romano Guillemín y Miguel Ángel Fernández; y como caricaturista estelar, José Clemente Orozco. Proclamándose El Diario de la Revolución , el primer ejemplar de este periódico empieza con un manifiesto dirigido al pueblo de la República que decía lo siguiente:

Nosotros venimos con la firme intención de transformar los modos de expresión del periodismo nacional. Es necesario transportar a la prensa el elevado criterio moral y la fuerza nueva de nuestra grande Revolución.

Nuestro programa no es el programa de una empresa periodística: es el programa de un pueblo, que en el momento culminante de la lucha armada quiere sentar los principios de su organización futura. Es el programa mismo de la Revolución.

Después, y con toda precisión, lanzaba quince puntos que manifestaban toda la ideología de aquellos primeros periodistas revolucionarios, más noticias de las batallas, reflexiones sobre la guerra y, entre otros artículos, el primero de muchos comentarios editoriales acerca del papel de la prensa en la Revolución firmado, por supuesto, por el Dr. Atl.

En él, de paso, lanzaba un ataque contra los periódicos autoproclamados revolucionarios, los cuales seguían el mismo modelo de la prensa del antiguo régimen porfirista En lugar de ser defensores de los intereses del pueblo, acusó, eran escandalosos , aduladores y partidarios de intereses particulares. La Revolución , cerraba el texto, es para nuestra prensa un accidente, cuando debía ser su primordial razón de ser (...) .En estos momentos un periódico debe tener la misma misión exclusivista que un rifle: defender a la Revolución . Y abundó, en diversas ocasiones, con el papel de los hacedores de periódicos: La misión del periodista es a mi ver en estos momentos de tal manera importante, que puede compararse con la misión misma de los ciudadanos armados que se imponen por la fuerza a la reacción, y las consecuencias derivadas de los errores cometidos por el periodismo nacional, pueden tener en la vida pública del país, las mismas repercusiones desastrosas que pudieran nacer de los errores cometidos por los militares en los campos de batalla .

Nota roja no, cultura sí

Otras diferencias notables hubo entre La Vanguardia y sus competidores.

Las actividades de la alta sociedad y la nota roja que tanta atención recibían en los diarios mexicanos no aparecían y las peleas domésticas y callejeras que llenaban las secciones locales fueron sustituidas por reportajes sobre la guerra, alertas de salubridad y notas sobre la escasez, los altos precios de alimentos, sindicatos y huelgas.

Había, eso sí, abundante espacio dedicado a temas literarios y artísticos, como, reseñas de teatro, una página literaria estudiantil y poesía de varios tipos.

Pero duda, el aspecto más célebre de aquel periódico fue su contenido gráfico, no sólo por la colaboración de dos de los pintores mexicanos más importantes del siglo XX. (el Dr. Atl y José Clemente Orozco) sino porque fue, de muchas maneras, un proyecto artístico y editorial que nunca antes se había visto.

El formato tabloide, con una extensión de 16 páginas al principio, hacía relucir el trabajo de los artistas gráficos y de los escritores y los domingos, por primera vez se imprimía una edición ilustrada en tres colores y rica en imágenes, motivos decorativos y, en primera plana, feroces críticas sobre la realidad vestidas de caricatura.

Es decir, el primer periódico mexicano que fue a la vez musa de la Revolución y el ejemplo mismo del cambio.