La imagen del vagabundo, el hobo, ha sido romantizada hasta la muerte. La libertad a toda costa, el viaje sin fin con pocos o nulos recursos, la famosa camaradería en el camino. Nada tan poco cierto. Se sabe, por ejemplo, que las mujeres que decidieron tomar el camino fueron violadas y asesinadas por sus propios compañeros vagabundos.

Sin embargo, hablemos del lado narrativo de esas vidas. Tanto que contar y tan pocos libros que lidian con el tema. Los hobos fueron una fuente de historias y anécdotas que los beatniks transformaron en gran literatura.

Pero, ¿y las voces en primera persona de los vagabundos? He aquí un par de volúmenes de memorias del camino, que atestiguan cuán triste o feliz puede ser la vida. Que suene la armónica y a comer conejos.

 

La profesión de escapar

Cuando Jim Tully (Estados Unidos, 1886-1947) saltó al vagón del tres era apenas un chaval de 16 años. Había conocido a un vagabundo tuerto que le dio la idea de escaparse.

Beggars of Life: A Hobo Autobiography (AK Press/Nabat) comienza con ese lenguaje cinematográfico, con esa secuencia: Jack conoce al vagabundo y casi de inmediato toma el camino.

Beggars of life está cargado de historias y pequeñas anécdotas contadas con despreocupación.

Tully, que a pesar de todo tiene ojo de narrador, convierte todo en literatura. Oído privilegiado el de Tully, que supo atrapar el modo de hablar de los hobos, que en realidad sólo hablan entre ellos porque el resto de la gente les teme.

Desde luego, el libro no es un pedido de compasión. No hay lástima en los personajes de Tully, sino deseo de aventura.

Salió una versión en español de editorial Jus bajo el título Buscavidas. No la conozco, espero que la traducción haya logrado retratar la oralidad de los libros.

Un rostro con todos los años del mundo

La edición en inglés de You can’t win (Feral House), de Jack Black, tiene un retrato del autor hecho por el dibujante Joe Coleman. Black nos mira con una cara que tiene todos los años del mundo.

Muchos se fueron de vagabundos cuando la Gran Depresión en 1929;  Black lo hizo antes.

En su vida caminera se encuentra a personajes como el dueño de un hotelucho en San Francisco que insiste en usar sábanas de lino que acaban siendo robadas, orinadas, etcétera.

Si alguna vez ha tenido curiosidad por lo que pasa en los garitos de poca monta donde se juegan cartas o hay prostitutas que cobran algunos centavos, este libro es para usted. No es una historia sórdida, pero sí más dura que la del libro de Jim Tully.

La versión en inglés tiene un divertido ensayo introductorio por William Burroughs, quien quedó muy impresionado por el libro en su adolescencia, y está ilustrada por varias placas de Joe Coleman.

concepcion.moreno@eleconomista.mx