“Es como una aventura”, dice Irak Morales (Ciudad de México, 1981) sobre el vértigo de pertenecer a Biquini Wax —quien tal vez sí, tal vez no, estuvo en el ejército— “es como despertarte en un hotel vomitado y con la uñas rotas y tú, no mames, qué pasó”.

Irak continúa: “Este espacio tiene sentido aquí y ahora. Hace 10 años no habría sucedido. No lo hacemos por lucro, lo hacemos porque nos queremos. Si entrara el dinero todo cambiaría, ya no sería tan abierto, no habría música, arte, danza, política y todos los desmadritos que hacemos”.

Biquini Wax, que tiene el apellido de Espacio Patafísico Sensible, podría ser una banda de rock. La diferencia: ninguno de sus miembros es un rockstar, no porque no sean artistas plásticos y pensadores brillantes, sino porque ninguno es pedante ni creído.

“Nos gusta atraer a la gente, así se ha formado la comunidad que está con nosotros”, explica Daniel Aguilera Ruvalcaba (nacido en 1988), quien comenzó Biquini en el 2011, en su León natal. “Se ha ido transformando, no queremos que sólo sea un espacio de exhibición o de producción o círculos de lectura”. No lo hacen por lucro, nada. Todo es abierto, dejan que “fluya como un caño destapado”, según describe Irak. ¿Cómo se va formando la comunidad Biquini Wax EPS? “Afinidades y afecto”, dice Daniel y todos coinciden.

A ver, empecemos por el principio: Biquini Wax EPS es una casa derruida junto a un local de parabrisas en la colonia Buenos Aires. Es un lugar de misterio: cuartos y cuartos como de vecindad, montones de escombros, piezas de arte contemporáneo dejadas al aire libre como testigo de que ahí suceden actos singulares.

Por todos lados hay colillas de cigarros, caguamas y otras cosas que dan cuenta de una vida que podríamos llamar bohemia si no fuera demasiado cursi.

En el centro de la casa cavaron un hoyo y lo convirtieron en instalación. Junto a una máscara de Pedro Picapiedra hay un poste de cemento que llaman “El monumento a la erección”.

En una habitación están todos los pequeños rastros de la historia del sitio que encontraron al cavar el agujero: una muestra arqueológica/antropológica en un miniespacio.

En otro de esos pequeños lugares se aloja su más reciente ¿exposición? ¿ejercicio patafísico? “Aquí les va”: un grupo de piezas, desde la pintura hasta la instalación en los que se imagina un mundo donde Disney es el nuevo dios, señor feudal, imán y papa. Todo basado en círculo de lectura de ciencia ficción que organizaron hace poco —el libro central fue Arqueologías del futuro, de Fredric Jameson—.

Los Biquini son todos jóvenes, pero no se definen por su edad. Son todos creadores, pero no se definen por objetos ni por ideas. Son quizá el colectivo más vital de la actual escena artística y son muy diferentes entre sí. Daniel se duerme a las 10 de la noche y se levanta a las 7 am; Israel Urmeer (Ciudad de México, 1990) puede pasar la madrugada viendo anime; Mauricio Andrade (Veracruz, 1990) dice que él no es artista, que luego se le ocurren cosas, pero “le da hueva terminarlas” y recibe ayuda de los demás para concretar algo.

Paloma Contreras Lomas (CDMX, 1991), la única mujer presente de las que forman parte de Biquini, dice que tiene una tensión sexual con Carlos Salinas de Gortari (“¡Es por las orejas!”, grita Mauricio) y por eso fue invitada a la Universidad de Harvard para hacer una pieza que analiza la tesis doctoral del expresidente “sexy”.

Curadores, artistas, genios locos obsesionados con la cultura pop. Pueden analizar a vuelapluma la película de los Avengers usando textos de Zizek, con ideología de género, postmarxista o de psicoanálisis.

Daniel: “Detrás de todo eso que la gente considera superficial o tonto se encuentra el deseo, el inconsciente político. Se supone que vivimos en un mundo posideológico y la verdad es que la ideología siempre está presente”.

“Mucho Zizek y mucho Tupac”, grita Paloma. Esta entrevista podría tener risas grabadas.

El cagadero de Los Ángeles

En estos días, los Biquini Wax viajan, algunos a Los Ángeles, a hacer una serie de actividades que tendrán lugar del 11 al 27 de mayo. Israel va. Según Paloma, Israel “va a hacer un cagadero porque ni siquiera habla inglés”. Bromean sobre conseguirle un diccionario o una app que lo saque del apuro. Al menos ya le dieron los papeles.

¿De qué va el asunto de Los Ángeles? “Es sobre el tema tan dúctil del déficit”, explica Daniel, “es sobre el TLC ahora que se encuentra en plena renegociación. ¿Qué es el déficit? Se puede tener déficit de todo: de comida, de ideas, de pelo, luz. Lo que queremos hacer es un ejercicio de importación y exportación”.

“Vamos a hablar de algo que llamamos NAFTAlgia, la nostalgia por el TLC, una metáfora tanto política como económica”. “Hablamos de la obsesión de presidentes de diferentes países por armar guerras en nombre del déficit económico”, dice.

La tesis de la obra viene de la idea de desmontar la globalización. “El mundo no tiene por qué ser un globo, puede ser un molcajete. Lo dividimos en países deficitarios, superavitarios y equilibrados”, dice Daniel, sobre una pieza diseñada por Jorge Comensal.

Una de las dinámicas es divertida: del hoyo en el centro de Biquini Wax van a aventar objetos que, aparentemente, saldrán del otro lado en Los Ángeles. “Israel va a cavar el hoyo allá con sus manitas millennials, a ver cómo le va a hacer”.

No todo es desmadre en Biquini —¿o quizá sí? ¿Qué tiene de malo echar relajo con los amigos?—, al acto en Los Ángeles invitaron a 12 escritores, seis mexicanos y seis angelinos. Algunos de ellos son: Aura García Junco, Nora de la Cruz, Noel René Cisneros, Yolanda Segura, Jorge Comensal, Victor Santana. La obra completa se hace con la colaboración de colectivo angelino Human Resources, quienes dan nombre a la acción como “A dangerous obsession: a thriller of plastic moments”.

Mil palabras no alcanzan para abarcar todo lo que es Biquini Wax EPS. Ellos seguirán viajando en sus naves patafísicas con luces ambáricas por un universo de líquido de motor. Están chiflados. Qué genial.

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