Leo Matiz (Aracataca, Colombia, 1917; Bogotá, 1998) cumpliría este año un centenario de nacimiento. Nacido en el mismo pueblo que Gabriel García Márquez, a Matiz le interesó más la realidad que el realismo mágico.

Matiz fue fotógrafo y qué fotógrafo. Vivió en México en la época más fecunda para nuestro arte: la década de los 40, la posrevolución, la guerra y la posguerra.

México era fascinante en aquellos años de guerra y posguerra. Llegaron tantos refugiados, lo más granado de la inteligencia europea, que al joven Matiz le atrajo, como metal al imán, este país. Se vino a dar la vuelta y se quedó un lustro.

México en blanco y negro

La exposición se centra en narrar esos años de Leo Matiz en México. Convivió mucho con los artistas del nuevo arte mexicano: el muralismo, de ahí el nombre de la muestra en el Antiguo Colegio de San Ildefonso: el muralista de la lente.

Qué maestro del claroscuro fue Matiz. Como también fue dibujante (hay varias de sus caricaturas en el recorrido), Matiz sabía el poder de una sombra.

Así también trabajó con las grandes personalidades del cine, como Gabriel Figueroa, para quien hizo stills (las fotos fijas que se hacen durante un rodaje) y fue parte del círculo selecto formado por Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco, el poeta Efraín Huerta, el compositor Agustín Lara, el actor Agustín Pardavé y actrices como Dolores del Río o María Félix.

A todos ellos los retrató con su pluma o con su cámara. Pero no sólo dedicó su lente a estos ególatras hiperfamosos, también sintió fascinación por la gente común. Recorrió el país y fotografió el campo, las rancherías. Puebleó, pues.

Este muralista de la lente colombiano llegó a sentir tal cariño por México que estuvo a punto de establecerse de manera permanente aquí, pero una pelea con el visceral de David Alfaro Siqueiros se lo impidió. Siqueiros era bravo y amenazaba de muerte a la primera de cambios.

Se vuelve reportero

Matiz vino a enriquecer una escena artística de por sí fecunda. Varias de sus fotos son icónicas, como aquella en la que aparecen Diego y Frida juntos, ella con un chal, él con su típica ropa de hombre obeso: sacote y camisa. La imagen es en blanco y negro pero podemos imaginar que la ropa de ella era a todo color y la de él más bien sobria.

Después de que se fue de ?México, como nos informa el texto de sala, Matiz se volvió fotorreportero para la revista Selecciones. Le quedaba chica: sus fotos debieron haber sido para Life, la gran revista gráfica de la época.

No fue lo de Selecciones su primera incursión en el periodismo. Como caricaturista y editorialista participó en varias publicaciones desde muy joven, casi niño. En la exposición se pueden ver esos documentos.

Leo Matiz: Muralista de la lente presenta a una nueva generación de visitantes un artista insoslayable porque con su cámara ayudó a narrar un país que no salía en las noticias.

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