Es, tal vez, uno de los lugares comunes favoritos de muchos políticos al momento de leer un discurso: México posee una vastísima tradición cultural. Verdad de Perogrullo, sí, pero necesario traerla a colación cuando se trata de responder a la pregunta de cómo hacer para que el país mejore y, de ser posible, avance.

En ese derrotero se desarrolló la primera mesa del coloquio La Configuración Estratégica para las Políticas Culturales de México que, bajo el título La política cultural como instrumento de desarrollo , y en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, dio algunas luces sobre cómo debería el Estado abordar el tema.

El encargado de comenzar con las participaciones fue Raúl Padilla López, presidente de la FIL. Padilla fue enfático al indicar que, desde su punto de vista, la cultura es el mejor instrumento para el desarrollo económico y social del país. Es una pieza clave para entender el desarrollo en términos humanos .

Luego indicó que actualmente el sector cultural aporta 0.11% del Producto Interno Bruto del país, y lo comparó con el de Paraguay (0.04%), Colombia (0.10%), Brasil (0.23%) y (0.24%) Argentina.

Para incrementar el aporte del sector cultural en el PIB -dijo-, un primer paso fundamental es la creación de una Secretaría de Estado que permita lograr el equilibrio entre los planes y los presupuestos . Esto, añadió, permitiría crear estrategias sistémicas que permitirían involucrar a otras dependencias, como las secretarías de Turismo y Educación.

Finalmente, puso como ejemplo el trabajo que realizan las empresas universitarias con que cuenta la U de G y la más importante de ellas: la FIL.

Son empresas autosostenibles que generan ganancias que luego van a parar a otros proyectos que opera la universidad , detalló Padilla.

La antropóloga Lourdes Arizpe, en su intervención y para romper el formato , comenzó por leer lo que, dijo, eran sus conclusiones.

Así pues, empezó afirmando: La finalidad de la política cultural es crear futuro y acabar con el miedo que se ha extendido en los últimos dos sexenios . En ese sentido, dijo que, en los tiempos que corren, el país perdió el sentido. Y, sin él, no se puede avanzar. Es necesaria una política cultural que sea transversal y coherente . También hizo hincapié en la idea de que es indispensable entender el término cultura más allá del arte, ya que es algo que tiene que ver con la democracia, la economía, el emprendimiento, la política... .

Por la misma línea, se condujo Lucina Jiménez, consultora de la OEA y miembro del banco de expertos de la UNESCO en materia de cultura, al añadir: En este momento, es necesario pensar la política cultural, con toda su diversidad, como un elemento de riqueza y que abone en la construcción de la cultura de paz .

Jiménez hizo un rápido repaso histórico para dar una idea de cómo se gestó la política cultural después de la Revolución y hasta los años 80, para luego expresar: En los últimos 30 años, la sociedad civil y las universidades crecieron de tal manera que ya no caben en los esquemas institucionales , por lo que -añadió-, ahora más que nunca, es necesario reconfigurar el Estado para entender la cultura como un factor de desarrollo y no solamente como un subtema dentro de educación .

Albino Rubim, especialista en el tema, comenzó diciendo que, si bien el mundo atraviesa un momento singular por las recurrentes crisis económicas, es precisamente en los momentos de crisis cuando es necesario buscar alternativas.

Rubim invitó a los presentes a ver el desarrollo más allá del asunto económico, ya que éste incluye muchas otras dimensiones como la social, la política, la ambiental. También dijo que es fundamental garantizar el acceso de los ciudadanos a la creación, que ésta no quede restringida a los creadores. Toda persona debe tener acceso, aunque no se vayan a convertir en artistas, porque es en la cultura donde se desarrolla la ciudadanía .

Para cerrar, expresó que la cultura de desarrollo debía contribuir a afianzar la subjetividad del individuo, su creatividad y desenvolverse en la pluralidad, ya que sólo así se podrá formar a sujetos políticos, con identidades individuales y con una cultura democrática.