En México, 99% de las fichas informativas contenidas en la Carta Nacional Pesquera (CNP), la cual permite conocer dónde, cuándo y cuánto se permite pescar sin alterar el equilibrio ecológico, no tiene información completa, y 96% no cuenta con una evaluación disponible, es decir, no hay una valoración científica. “A esto se le llama opacidad”, denunció Oceana, la mayor organización internacional centrada en la observación de los océanos.

Esta organización en su capítulo México se dio a la tarea de realizar una auditoría pesquera, para verificar el acceso a la información, transparencia y que los datos estén basados en información sustentada en elementos técnicos y científicos. Los resultados fueron contundentes: “Existe una gestión incierta, opaca y no sostenible”.

A partir de un análisis con información obtenida de fuentes oficiales, como publicaciones, portales de gobierno, solicitudes de información pública gubernamental y con mayor detenimiento en la CNP —documento oficial emitido por el Instituto Nacional de Pesca (Inapesca) que concentra datos e información técnica y científica—, se detectó que conocer el estado general del sector pesquero en México es una labor compleja, debido a un acceso limitado de información, datos desactualizados, información con poco rigor científico y poco apego a las recomendaciones de la CNP.

Prueba de ello es que los datos no se renuevan de manera regular. Por ejemplo, la CNP, desde su publicación en el 2000, sólo se ha revisado cinco veces, aun cuando la ley obliga su actualización anual. “Esto es importante, porque las especies pueden cambiar su distribución de un año a otro. Esto sería información sobre abundancia y disponibilidad”, explicó Esteban García-Peña, director de la campaña de restauración de pesquerías de Oceana México.

También denunciaron una desvinculación entre autoridades: “Ni se coordinan, ni se hablan. Incluso hay encontronazos”.

De acuerdo con la CNP, tenemos especies en diferente estatus en cuanto a su condición, 63% está a su máximo, ya no se pueden aumentar los permisos; 17% está categorizado como especies sobreexplotadas, colapsadas o en proceso de deterioro; 13% tiene potencial, y de 7% no se tiene idea.

En suma, en 80% de las especies no deberían aumentar los permisos de pesca. En contraste, la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) en los últimos 8 años ha incrementado considerablemente las autorizaciones, siendo el 2016 el caso más grave, con 5,115 permisos. “Esto es lamentable, porque la gran mayoría de los permisos son en las especies en peligro de daño”. Dijo García-Peña. “Las autoridades desobedecen el marco legal”.

Otra implicación “de la máxima gravedad” y con implicaciones económicas es que solamente 21 fichas (25% del total) tienen Plan de Manejo, el documento que establece los procedimientos que se deben seguir para un manejo sostenible de la pesca. “Hay autores como Mangin, que dicen que en México no tener planes de manejo implica perdidas de 1000 millones anuales”.

Y aunque uno pensaría “probablemente no hay recursos”, en un análisis hecho por Environmental Defense Fund y a través de transparenciapresupuestaria.gob, se detectó un subejercicio en la cuenta pública. Por ejemplo, del gasto aprobado en el 2017 (600 millones) el gasto ejercido fue de 400 millones aproximadamente.

Propiciar la restauración

De acuerdo con Oceana, con este documento se pretende propiciar la creación de una política de protección y restauración de especies pesqueras sobreexplotadas, hoy inexistente en el país.

“La reducción de la abundancia pone en riesgo los ecosistemas, los ingresos y empleos de al menos 250,000 pescadores artesanales ribereños, que son los que más han sufrido por esta disminución”, confirmó el también especialista en política, gestión energética y medioambiental.

Un ejemplo es el mero. Su ficha establece desde el 2000 que la pesquería está sobreexplotada. Sin embargo, los datos señalan que se podría estar aumentando el número de permisos.

Esto tiene una traducción. Este año la pesca ha sido de 3,000 toneladas y la mitad de la flota pesquera está varada; en 1980 se pescaban 12,000; en el 2017, 6,200; en el 2018, 5,300. “El Mero está en números rojos, esto habla de que no ha habido interés por restaurar la pesca, por ello se presenta este tipo de fenómenos”.

De acuerdo con Pedro Zapata, vicepresidente de Oceana México, la propuesta inmediata sería que el Inapesca mejore la calidad de la información y el día de mañana haga una página de Internet donde se alojen todos los dictámenes que producen con dinero público y las bases de datos donde se sustentan estos dictámenes.

“Nos preocupa que a pesar de que hay pesca a ciegas no exista una política y un mandato de restauración, para poder asegurar la abundancia de los océanos con pesca suficiente para los próximos años. Necesitamos hacer un alto en el camino y establecer una política de restauración”.

García-Peña concluyó: “Hoy por hoy, ninguna de las instituciones de gobierno ha llevado en los últimos 20 años una acción de restauración de especies pesqueras”. Y acotaron: “Si el gobierno no tiene la capacidad de transparentar, nosotros podemos ayudar, aunque no dudamos del trabajo que puedan realizar los investigadores del Inapesca, lo que sí podemos asegurar es que la información no se está dando a conocer. Seguimos pescando a ciegas”.

Respuestas de las autoridades

De acuerdo con los representantes de esta organización, la información fue presentada desde hace tres meses al Inapesca: “Siendo justos, queríamos que conocieran el documento con oportunidad de corregir algún dato, pero no llegó ninguna corrección. También la Comisión de Pesca de la Cámara de Diputados conoce la información”. Aunque se mostraron sorprendidos, no ha habido un llamado.

La semana pasada, Víctor Manuel Toledo, secretario de Semarnat, anunciaba dentro de los lineamientos para la política ambiental atención prioritaria al tema de pesquerías, mares y costas. Ante este hecho, García-Peña dijo que es una buena noticia “saber que quien se encarga de la administración y la protección de los recursos naturales del país retome el tema”, pues dijo “la pesca no debe ser vista sólo desde el punto de vista del PIB o como recurso alimenticio pescable comerciable. Es importante que sea vista también como parte de la funcionalidad del ecosistema que nos da calidad de vida. El que lo diga el secretario es un buen aliciente para que se retome el tema y pueda incidir más en la política”.

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