“Hemos entendido que tenemos que aliarnos, que yo no estoy de acuerdo con que el periodismo solitario ha dejado de existir como muchos tajantemente lo dicen, pero sí creo que el periodismo colaborativo te ayuda a abarcar más, a contar mejor”, opinó el periodista salvadoreño Óscar Martínez durante la mesa de conversación “Frontera sur, la frontera ignorada”, junto con los periodistas españoles Jacobo García y Elena Reina, moderados por el también periodista y cronista Jon Lee Anderson, como parte del programa de actividades del Hay Festival Querétaro 2019.

El tema de la ocasión fue compartir las experiencias sobre los dos meses de trabajo colaborativo entre periodistas de los diarios El País América y El Faro, en El Salvador, para relatar a Centroamérica, sus estragos internos y los compartidos entre países, en especial, la migración, el narcotráfico, el tráfico de personas, pero también esos rasgos de la vida en los países centroamericanos que son poco contados por su poco impacto informativo, pero son esenciales para la comprensión de sus fenómenos.

“Si bien Centroamérica es muy visitada, es muy poco contada con profundidad. Es contada como un cliché o como una lluvia de catástrofes. Tiene que salir una caravana de gente o tienen los pandilleros que cometer una masacre para que alguien llegue y ponga un ojo ahí”, complementó Martínez.

Jon Lee Anderson destacó cómo el punto de cruce entre ambos diarios, sobre todo en el momento en el que El Faro adquirió proyección internacional respaldado por su trabajo al interior del país: acercarse a la delincuencia, “enfrentar al Estado en la veces cuando se han pillado acuerdos turbios con el hampa, en las prisiones, en fin, todo un periodismo come balas, más o menos”.

Por su parte, Jacobo García compartió que en las redacciones de ambos diarios la migración es un tema irrenunciable. “La llegada de Donald Trump al poder ha puesto todavía más el fenómeno en el foco, la crisis humanitaria que hay en la frontera sur. Nos está imponiendo el timing de lo que está pasando, pero no queríamos que nos impusiera también el dónde y qué mirar (…). Hay mil kilómetros de frontera entre Guatemala y México de la que desconocemos prácticamente todo. Dividimos la frontera en siete partes, quisimos hacer un mapeo completo de esos mil kilómetros para saber qué está pasando, cuál es el problema, a qué nos enfrentamos periodísticamente y a qué se enfrentan México y Centroamérica en esta nueva etapa en la que Trump ha hecho de va migración una permanente campaña electoral. Vamos del caribe hasta el Pacífico con un equipo multidisciplinario”, explicó.

El periodista español compartió que en la región caribeña de la frontera se descubrieron plantíos de mariguana, aterrizajes de avionetas para la transportación de la droga, tráfico de personas y, al mismo tiempo, fronteras desbordadas por una crisis humanitaria con miles de centroamericanos queriendo llegar a Estados Unidos que se encuentran con un bloqueo en la zona sur de nuestro país.

“En esa esquina perdida de México, donde acaba Quintana Roo e inicia Belice a dos metros, hay una comunidad muy pequeña que se llama Xcalak, donde hay antiguos pescadores o agricultores que hoy se dedican solo a vivir de la cocaína que llega del mar. Las avionetas rápidas vienen de Colombia. (Los residentes) en lugar de salir a pescar hoy salen a ver los fardos que tiran los narcotraficantes. Eso conforma una realidad súper corrupta donde hay una ausencia de Estado”.

La periodista Elena Reina, quien se ha dedicado a reportear desde Tapachula, Chiapas, por su parte, compartió que “hay puntos en común entre todos los lugares de la frontera con la ausencia de Estado. En Tapachula es muy fácil sentirse a la orilla del río a percatarse de que la frontera realmente no existe, que todo sigue pasando por ahí. Lo curioso es darse cuenta de cómo la frontera se desplaza hacia la ciudad, donde hay varados cientos de migrantes africanos. De hecho en el centro de Tapachula no se habla español ahora mismo, es difícil encontrar un mexicano; y es una ciudad que cambia cada mes porque hace unos meses eran los cubanos; ahora vemos a muchos africanos, muchos haitianos, todo el mundo pidiendo refugio en México. Están desvirtuando el concepto de refugio, porque lo que ellos realmente quieren ir a Estados Unidos”.

La manera de migrar ha cambiado

Jon Lee Anderson lanzó un par de preguntas: “¿Qué hemos de pensar como humanistas de los grupos de personas que cruzan las fronteras? ¿Separamos nuestra compasión por los inmigrantes del hecho de que los acompañan unos tipos que están lucrando con ellos?”.

Óscar Martínez quiso responder, aunque dudoso; dijo que “los coyotes, una figura tan conocida en México y Centroamérica, eran muy queridos en algunos pueblos. Aquel coyote de los 80 que salía contigo de tu casa y te llevaba a la puerta de Houston era de alguna manera la única alternativa que se tenía para dejar esa miserable vida. Pero el negocio cambió y cambió mucho. Antes generabas confianza con la persona que te iba a llevar. Era alguien que vivía en el pueblo. Hemos visto cómo eso ha cambiado y ha cambiado, yo digo, porque, en gran medida, ha tenido que ver la participación de los Zetas, controlando el negocio del coyotaje desde el norte, imponiendo cadenas de coyotes, que hacen estafetas: entregan en la frontera con Guatemala, donde otro te recibe y te lleva hasta el centro de México, donde otro te recibe y te sube hasta la frontera, donde un cuarto coyote te va a cruzar para poder entrar a Estados Unidos. El coyote local se queda haciendo depósitos a esos otros coyotes con los que no puedes tener confianza”. Agregó que con esta serie de entregas periodísticas se ha descubierto “la cobardía de los estados centroamericanos”.

Jacobo García complementó que la frontera sur es un territorio olvidado, ignorado, despreciado, en el que cabe todo lo que queramos imaginar, desde el amor de las relaciones familiares y personales de un lado y otro de la frontera, hasta lo más sórdido y lúgubre que uno se pueda imaginar. Dijo que hay una resistencia porque nadie quiere ver en su país un sur repleto de carpas blancas con el sello de Naciones Unidas para decir que hay una crisis humanitaria de unas dimensiones de las que parecen no hacer conciencia el país receptor, México, ni Centroamérica, a la que calificó como una máquina expulsora de migrantes. “La crisis humanitaria es real es grave y está ocurriendo ahora mismo”, expresó.

“Nuestra responsabilidad es intentar hacer un trabajo periodístico que no solo informe sino que contextualice dé posibles salidas, compare con otros fenómenos migratorios. Ninguno de los que estamos aquí de forma individual va a solucionar nada, pero creo que nuestra mayor responsabilidad es hacer el trabajo que estamos haciendo y poner el foco en donde creemos que debe de estar. Podríamos estar haciendo pasarelas de Hollywood, críticas de películas o partidos de futbol, pero estamos en el terreno intentando contar una realidad de la manera más profesional que podamos”, concluyó el periodista.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx