Como parte de las medidas precautorias para evitar la propagación del virus SARS-CoV-2 y con él, de la enfermedad Covid-19 en el país, durante los últimos días, las cadenas de libros de mayor presencia han cerrado sus sucursales de manera gradual, hasta esta semana confirmar el cierre definitivo de todas ellas para hacer congruencia con las medidas de prevención, aislamiento y limitación que han promovido las autoridades de salubridad.

La cadena de librerías Gandhi, con 41 sucursales (18 en la capital del país y 23 en el resto de la República), hizo lo propio desde el pasado 1 de abril e hizo de conocimiento de los usuarios la determinación a través de sus distintas plataformas de comunicación.

“Pensando en nuestros colaboradores y lectores, hemos decidido cerrar temporalmente nuestras librerías a partir del día de hoy como medida para frenar la propagación del Covid-19. Sin embargo, los libros siempre estarán ahí para escribir nuestra historia, para darnos esperanza, apoyo y aliento”, compartió Gandhi a través de sus redes sociales y dejó abierta la venta de ejemplares a través de su página web y del sistema de entrega vía Rappi.

Otras cadenas de librerías tomaron medidas más rigurosas en favor de la mitigación del contagio. El Péndulo anunció que los responsables del grupo librero decidieron suspender no solo la venta de libros en las siete tiendas dentro de la Ciudad de México sino los servicios que ofrece péndulo.com, entre ellos, el de entrega de ejemplares a domicilio, hasta nuevo aviso.

Este lunes, Librerías El Sótano, después de cerrar el domingo las últimas sucursales abiertas en el país, también anunció el cese de la venta de libros, incluyendo por internet y call center.

“Nuestro gobierno sigue sin reconocer la actividad de las librerías como esencial y sigue sin incluir al libro en la canasta básica. Diferimos enfáticamente. Para que las cosas existan primero hay que nombrarlas, después trabajar día con día”, fue parte del mensaje compartido al público por la cadena de 14 sucursales.

A nombre de las pequeñas libreras

El Economista se entrevistó con Rodrigo López Ramírez, director general de Librerías El Sótano, para extender la postura del gremio sobre lo compartido ya a través de sus canales de comunicación.

“Creíamos que era injusto e incongruente el que el call center y los colaboradores de internet siguieran trabajando al mismo ritmo cuando toda la empresa iba a parar. De ahí que decidimos descansar totalmente, al menos esta semana. Los pedidos ya registrados se surtirán a partir del lunes si es que la curva no aumenta riesgosamente para los distribuidores”, declaró.

Compartió que durante las dos semanas anteriores, hasta antes del cierre de las tiendas y con el servicio de atención en línea todavía en franca operación, se registró un incremento de compras no solamente de libros sino de rompecabezas, material didáctico e infantil. Detalló que esta variación en ventas fue distinta en cada tienda: si bien en algunas las ventas cayeron hasta en un 50%, la cadena tuvo solamente una disminución general de ventas por menos del 10%  gracias al incremento por los artículos mencionados

“Aunque hubo mucho menos gente, el ticket promedio fue mucho más alto. El material didáctico y los rompecabezas tuvieron un incremento de ventas exponencial, quizás tres o cuatro veces más de lo que se vendió el año pasado en el mismo periodo”.

Expresó su indignación por que el libro no ha sido considerado como producto de la canasta básica por la actual administración, lo cual hubiera permitido apoyos económicos para las cadenas libreras, las editoriales y sus trabajadores.

“Más que pelear por nuestra cadena, peleamos por toda la industria en torno al libro, ya que hay muchas librerías y editoriales pequeñas que difícilmente van a soportar dos o tres meses de cierre. Nosotros estamos en una situación privilegiada donde sí podríamos aguantar; sin embargo, tanto nuestros trabajadores como los trabajadores de las pequeñas libreras son quienes más podrían resentirlo. Permanecemos en la lucha para que se reconozca al libro como un producto esencial”.

El gremio pide medidas fiscales

El pasado 26 de marzo, la Asociación de Librerías de México junto con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) y la Cámara Nacional de la Industria de Artes Gráficas (Canagraf), emitieron un comunicado para instar a las autoridades competentes a atender las necesidades de este sector productivo en bien de la población y a establecer medidas que protejan el empleo y permitan la subsistencia de la cadena de producción y venta de libros.

“Las imprentas, las editoriales y las librerías del país se encuentran en un riesgo inminente. Las ventas de libros en el mercado de librerías y en el mercado educativo se han desplomado y a partir de ahora quedarán prácticamente suspendidas. En consecuencia, la producción de libros también verá drásticamente disminuidas sus actividades”, se puede leer en el postulado público.

Para ello, propusieron algunas “medidas inmediatas de estímulo y protección”: diferir pagos de distintos créditos hasta por cuatro meses, con la posibilidad de extender el periodo de gracia hasta seis meses; diferir el cobro de ISR y la declaración anual de las personas físicas y morales; simplificar y acelerar la devolución del IVA a las empresas que tienen saldos a favor; así como contar con créditos a largo plazo y a tasas reducidas.

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