Chicago, 1886. Los trabajadores se levantan en huelga general nacional. Son cientos de miles. Su principal demanda: jornada laboral de ocho horas. Al día siguiente, la respuesta del gobierno fue contundente: un cuerpo policiaco hizo su aparición en una fábrica y acribilló sin piedad a los obreros que habían sido despedidos el día anterior.

Un día después, en un mitin de la indignación, convocado por los trabajadores, en la Plaza Haymarket, alguien arrojó una bomba que mató a varios manifestantes y siete policías. Las autoridades acusaron a los líderes anarcosindicalistas del movimiento, los detuvieron y ejecutaron. Hoy son los mártires de Chicago. Por ellos, en todo el mundo se conmemora el 1 de mayo como el Día del Trabajo.

Durante el 2011, el mundo se sacudió. Los revolucionarios de Túnez y Egipto, los Indignados de España, los estudiantes chilenos, los Occupy Wall Street.

Pero ¿en México? La Marcha de los Indignados programada en octubre contó apenas con la participación de 500 personas. Unas semanas después, la Marcha Zombie congregó a 10,000.

Acudimos con pensadores para preguntarles: ¿Por qué en México no hay un movimiento nacional que comparta este sentimiento de indignación?

DE OCCUPY WALL STREET A DAVOS

En el foro económico de Davos, Carmen Boullosa observa los detalles y la asombró positivamente encontrar voces en extremo críticas del sistema en el foro celebrado a principios de año: Tan radicales como los radicales de Occupy Davos, a quienes también visité, no hospedados en hoteles cinco estrellas, sino en iglúes .

Boullosa constató que no fue inusual oír que el capitalismo ya no da de sí. Eso fue para mí una sorpresa. No hay duda de que la crítica, las crisis y los alzamientos populares han hecho mella en el mundo. Ya nada será igual , comenta la escritora.

Ella vive en Nueva York, imparte clases y ha seguido el movimiento Occupy. Le preguntamos qué diferencia encuentra entre los jóvenes estadounidenses y los mexicanos:

La médula de Occupy Wall Street son jóvenes egresados de las universidades privadas -cargando la deuda del costo de sus estudios- sin posibilidad alguna de empleo. No con licenciaturas, sino con maestrías o doctorados, en finanzas, en economía, en disciplinas que por tradición tenían que darles inmediato acomodo. Altamente calificados, preparados para emprender a lo grande, se ven por la crisis orillados a la nada.

A su lado están los que han perdido casa y sustento. Es una característica de este movimiento, el alto nivel, el arrastre que han conseguido con los desesperados que han perdido trabajo, casa, todo cuanto tenían en este remolino de crisis provocada por la voracidad irresponsable de unos pocos y la pasiva complicidad de un Estado sometido al capital .

Si me preguntas de México, mi impresión es que estamos lejos de un alzamiento similar a los que han sacudido al mundo. La miseria de la educación nos ha marginado. No tenemos la casta de alumnos de posgrado de espléndida preparación. Tenemos a los ninis .

UN EJÉRCITO ?DE 7 MILLONES DE NINIS

Hace unas semanas se publicó un estudio elaborado por la Subsecretaría de Educación Superior, bajo la tutela del secretario de Educación Pública en funciones, Rodolfo Tuirán, y el especialista José Luis Ávila, que muestra que este fenómeno no es privativo de ciertas zonas o estratos sociales. De los casi 7 millones 820,000 ninis, 3 millones ocupan las clases media y alta y 4.7 millones son jóvenes de escasos recursos.

A la luz de estas cifras, el escritor Sergio González Rodríguez coincide con Boullosa: Para solucionar estos problemas se requiere mucho más que furia, desánimo, impotencia: es necesaria una acción inteligente y conjunta.

A los jóvenes mexicanos parece faltarles más información, más conocimiento, más ganas de verse a sí mismos como agentes de un cambio. Están acostumbrados a la medianía, la dispersión, la inmediatez. Es comprensible: son formas de supervivencia en medio de una sociedad de desigualdad y carente de oportunidades como lo es la mexicana .

ANTES DE QUE EL HORROR SE ESTABLEZCA ?PARA SIEMPRE

En los recientes conciertos de Roger Waters se hizo eco de las consignas del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad encabezado por Javier Sicilia.

A pregunta expresa sobre la necesidad de que los jóvenes alcen la voz, Sicilia responde: El movimiento está lleno de jóvenes. Los jóvenes que vienen de la UNAM y de universidades públicas son a veces muy críticos en su posición, pero a veces vienen con narrativas viejas. Curiosamente sus maestros no les enseñaron a mirar de otra manera, sino a reproducir procesos ideológicos de izquierda muy vieja. Creo que falta que se quiten esa anteojera ideológica y que los jóvenes que no están verdaderamente cooptados por el sistema individualista que ha imperado con el neoliberalismo se puedan reencontrar, unir, no bajo una marca ideológica sino simplemente bajo la bandera de la dignidad y el respeto que se merece el mundo y ustedes.

La mayor parte de los muertos y los secuestrados son muchachos, y los sicarios que está utilizando el crimen organizando y que mueren por unos pesos siguen siendo muchachos.

Yo les hago un llamado desde aquí: ustedes tienen todo, tienen los medios, tienen el Facebook, tienen el Twitter, tienen los elementos que no tuvimos nosotros. Y otros países se han movilizando sin tener las ventajas para comunicarse que tenemos nosotros. Pero no lo están haciendo. ¡Háganlo! Antes de que se los lleven, antes de que el horror se establezca para siempre y por muchas décadas en este país y verdaderamente su presente y su futuro quede borrado. La esperanza está allí .

CUANDO EL AMBIENTE SE ENRARECE

De visita por nuestro país, en el marco del Encuentro Internacional de Historieta y Novela gráfica de la Ciudad de México, el ilustrador francés Golo, que lleva viviendo 20 años en Egipto, dice que encuentra relaciones entre México y Egipto.

Interrogado sobre la vigencia de la Revolución del Jazmín, dijo: Tengo mucho miedo de ver lo que va a pasar en Egipto porque es algo que durará años, será peligroso. Habrá cosas nuevas en mayo con las elecciones. Pero hay una cosa segura: los militares que están en el poder son los mismos que cuando estaba Mubarak. Pueden aceptar un Presidente no militar, pero no pueden aceptar una personalidad que no controlan en un 100 por ciento. La población egipcia no quiere a los militares.

Cuando empezó la revolución, el 25 de enero del 2011, yo estaba en un pueblo pequeño y supe lo que pasaba por Internet. Pasaban muchos mensajes de la gente joven. Pero muy pronto el gobierno cortó Internet. No teníamos Internet, ni teléfono, ni celular, ni nada. Durante cuatro días no se podía viajar hasta El Cairo. Tenían miedo. Pero teníamos informaciones con la televisión, porque toda la gente tiene satélite y se podía ver las cadenas árabes como Aljazeera o cadenas de Francia o España.

Pienso que toda la gente que salió a la calle ese día no pensó que iba a pasar lo que pasó. Yo estuve en El Cairo días antes: el ambiente era muy pesado. El Cairo es una ciudad que conozco bastante bien y que me gustaba muchísimo, antes era completamente abierta, siempre se hacían cosas de humor para decir todo lo difícil de la vida, pero con risa, y todo eso desapareció. Tuve el sentimiento de que todos estábamos en un hueco profundo y muy oscuro y donde no había salida. Había que encontrar una salida o morir. Era muy visible. No se podía respirar más .

POR UNA PRIMAVERA DE ?LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA

La mañana del 26 de noviembre del 2011, una horda de zombis asalta la avenida Juárez dejando una estela de ciudadanos curiosos y un intenso olor a pintura y a plásticos. Posan para las cámaras. Caminan con torpeza rumbo al Zócalo. Allá no los espera un mitin. Desfilaron casi 10,000 personas disfrazadas de zombis para establecer un Récord Guiness.

En contraste, unas semanas antes, el 15 de octubre, la convocatoria mexicana para la Marcha de los Indignados congregó a menos de 1,000 personas. Uno de los indignados que acudió a dicha concentración fue el artista y director de teatro Rubén Ortiz: Dije: Voy a llegar temprano porque no voy a poder ni pasar… Éramos 500 , confiesa cabizbajo Rubén. Para el artista mexicano, la explicación es sencilla: contamos con lo que el llama el cromosoma PRI: Creo que hasta que no desmantelemos -y no sé si lo pueda hacer mi generación- la estructura de pensamiento y acción y cuerpo que generó el PRI, no vamos a poder hacer nada. Estamos diseñados por ellos. Nuestra afectividad y la manera en la que entendemos el espacio relacional está diseñado desde allí. Por eso somos tan poco solidarios, por eso nos importa poco el espacio cívico y eso no nos permite imaginarnos con el poder .

Al respecto de la indignación ligada al desarrollo de un movimiento nacional de protesta potenciado por la participación de los jóvenes, Juan Villoro comenta:

Lo que necesitamos es realmente poder constituir un movimiento ciudadano. Es decir, un movimiento horizontal. Desgraciadamente, tenemos una cultura piramidal de milenios. Los aztecas fueron piramidales, la Colonia fue piramidal, el PRI fue piramidal. La familia mexicana es piramidal, el padre es un caudillo. La Iglesia es jerárquica. Es muy difícil romper con eso.

Hemos tenido caudillos en todo: en la cultura, en la economía. Es un país de monopolios. Nuestra economía también es piramidal. No tenemos libre competencia. En un país tan vertical, la revolución horizontal es muy difícil, complicadísima. Es, quizás, más difícil que en los países árabes. Porque está sustentado en lazos de comportamiento pretendidamente modernos. Ha habido casos extremos que han tenido que pasar por un dolor terrible como el de Javier Sicilia, los zapatistas, casos de ecologistas importantes. O sea, se están moviendo cosas.

Pero necesitamos pasar de una democracia representativa, que es vertical, a una democracia participativa, que es horizontal. Pero nos falta mucho porque todos los partidos son mafiosamente verticales; allí no hay excepción. Entonces, hay que desmontar usos y costumbres que tienen milenios; entre nosotros, desde los olmecas hasta ahora, no ha habido una sola estructura horizontal de poder. No ha habido una primavera de la participación ciudadana en este país. Nunca, jamás. Sin embargo, es un desafío fascinante porque se trataría de inaugurar esa posible modernidad horizontal .

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