Escuchando la radio estos días, recordé los aspectos que menos me gustaban de la cobertura informativa que suele acompañar los procesos electorales.

El primero tiene que ver, un poco, con eso que en inglés se llama show off y en español, presumir. El noticiero, puede ser cualquiera de los principales en la radio, se pasea a toda velocidad por más de una docena de enviados especiales , que dan su reporte, uno tras otro, para demostrar que se está dando el seguimiento correcto y cercano a la noticia.

El conductor dice: nueva resolución del IFE en contra de la demanda del PRI, vamos con fulanita de tal, ¿qué nos dices fulanita?, (entra fulanita): Nueva resolución del IFE en contra de la demanda del PRI, señaló el Consejero Pérez al salir de una reunión del consejo directivo, blah, blah, blah, gracias señor. –Muy bien fulanita, te pedimos que estés al tanto.

Esos encabezados (técnicamente: teasers), que suelen redactarse de la manera más llamativa y menos específica posible, se repiten dos veces y después entra el citado de fuentes, que suelen ser declaraciones de alguien. Muy rara vez escuchamos noticias, o sea, auténticos sucesos descritos en forma de crónica, sin el aderezo de lo que comentó fulano y le contestó mengano, replicó un tercero, adujo un cuarto, argumentó un quinto, declaró un sexto, matizó un séptimo, y nos podemos seguir. Sinónimos de dijo hay para aventar para arriba.

El conductor salta de Guadalajara a Cuajimalpa, a Washington, a Belmopan, a Nuevo León, a Saltillo, a la Colonia del Valle. Los enviados convierten notas como una ciudadana interpuso un recurso de amparo para evitar que tal o cual funcionario deje su puesto para postularse a la alcaldía en la postulación polémica del candidato , sin que medie una gota de análisis sobre quién es la ciudadana, qué intereses defiende, quién es el candidato, ¿realmente es polémica la postulación?

Lo importante es que todo se dice muy rápido para darnos la idea de que estamos muy enterados. No importa que al final de la hora quedemos tan vacíos como al principio, llenos de adjetivos, declaraciones que no llevan a nada y dan la sensación (lo siento, pero sí la dan) de que todo está descompuesto y no hay arreglo posible.

Nos enteramos de que un candidato habló con los banqueros y dijo tal, que otro habló con las amas de casa de San Tejeringo y dijo tal, que el tercero se reunió en privado con industriales del calzado para hablar de tal, que del cuarto no se sabe nada. Que el primero dijo que votar por los otros es seguir con lo mismo, que el segundo dijo que basta de mal gobierno, que el tercero adujo que está en juego es el futuro de México. Intercambiemos los nombres y los partidos, da igual.

De pronto nos topamos con la llamada de un funcionario o un adlátere que quiere defender al candidato y habla con el conductor con la familiaridad de su brother del alma, después argumenta y descalifica, dice verdades a medias, mentiras a medias, muchas generalidades, y venga el que sigue. No hay seguimiento a cada tontería o descalificación que dice, porque no se puede.

Sólo si lo que dice es desmesurado se puede escuchar al conductor interrumpir, exigiendo pruebas o cuestionando la declaración. Se permite descalificar y generalizar pero si vamos a ser específicos y ruinosos, más vale tener pruebas.

Entonces viene el turno del analista, ése que editorializa al aire. El experto que podría atar cabos, buscarle sentido a los sucesos, cuestionar las declaraciones, hacer señalamientos puntuales, suele no hacerlo. Se entretiene en sus propios prejuicios, en su discurso manido de sobremesa sobre el tema en cuestión, dilapidando a unos y a otros, ironizando, siendo un poquito exagerado, lo suficiente para escandalizarnos y que no le cambiemos; hasta que se despide del conductor con fingida relajación y bonhomía, nos vemos mañana…

¿Es posible averiguar algo sobre lo que sucede en el país escuchando estos noticieros? Casi me gustaría que algún estudiante de Ciencias de la Comunicación o similares analizara el contenido de estos noticieros: fuera de campañas electorales, durante algún desastre natural o visita papal y en una semana vacacional. ¿Se cubre todo igual? ¿Cuántas noticias están basadas en declaraciones y cuántas en sucesos? ¿Qué hacen diferente? El resultado bien podría sorprendernos, y no nos engañemos, no tiene que ver con la realidad, es más tema del pintor que del modelo.

Twitter: @rgarciamainou