Uno, varios, muchos. Alrededor de la figura presidencial, no siempre visibles, se encargan de escribir los discursos y no pocas veces, artículos, textos de distinta ralea según la ocasión. El Mandatario a veces ni los lee, pero bien estampa su firma. La impresión es que en su mayoría, esas páginas pasan inadvertidas para la posteridad. Viven y mueren en los noticiosos, en los libros y en los medios electrónicos. Algunos pensamos que hace lustros se acabaron los presidentes de palabra y voz propia, inspiradora.

Por ello, ¡qué barbaridad!, Enrique Peña Nieto nos tiene con la boca seca de pendiente. Sus dichos al andar la cultura mexiquense se desdibujaron y al placear para lo que al fin obtuvo, optó por resguardar del espectáculo del equipo de transición un sector que involucra a millones de ciudadanos. Se va con cuidado; protege a quienes encabezarán tanto la SEP como el Conaculta. Sabe que en buena medida la comunidad cultural lo rechaza. Para mapear su pensamiento o intuir lo que proyecta, hay una plataforma electoral que no es de su autoría, frases sueltas que algunos transmiten como grillos, el foro de la Fundación Colosio el 17 de mayo en Guadalajara donde, en efecto, no habló. Nada. Casi nada, salvo un artículo publicado en el suplemento Laberinto, de Milenio, el 23 de junio.

¿Quién lo redactó? Sigue sin saberse, pero estimo que el escribidor medio le sabe al tema y participa de las confabulaciones en torno del Palacio de Arenal. Cierto que en la desazón por no tener coordinador cultural a la vista en el equipo de transición, por no tener la figura providencial para arrancarse a arroparlo(a), no dejan de circular nombres y escenarios políticos. Por el momento, no dirán nada Peña Nieto ni sus cercanos, ni el jovenazo de la coordinación de educación (por aquello de que la cultura es subsector), Aurelio Nuño Mayer, por lo demás mascarada, pues es obvio que más allá de sus capacidades para unos cuantos conocidas, no ocupará el despacho de Vasconcelos. Es una pieza de artilugio de Luis Videgaray, como leal amigo y colaborador que es, en tanto ven oportuno lanzar a quienes serán los titulares de dichas dependencias.

México: potencia cultural del mundo es el título del artículo. Lo de potencia cultural se ha usado tanto en el priato de viejo cuño como por quienes figuran desde que el Conaculta fue creado bajo el sello neoliberal salinista. Panismo y perredismo lo enarbolan.

Permeó incluso a los liderazgos de los ámbitos social y privado. Se hizo transversal a la economía (la pura y la cultural) y al turismo (a secas y cultural), pero permanece lejos de las entendederas de los tecnócratas de Hacienda. Bajo esa consigna, las primeras líneas obedecen al recurso simbólico inamovible del nacionalismo, pero antes de terminar el primer párrafo, perfila dos elementos de artificio: una analogía de los sitios patrimoniales catalogados por la UNESCO y el logro de ser de las primeras 20 naciones exportadoras de productos culturales , según la UNCTAD. Yace ahí un elemento efectista: omitir que según dicho organismo somos el primer lugar en Latinoamérica con un monto de pena. Mezclar lo que vale y lo que significa no es ocioso. Es montarse en una tendencia que no comprenden, pero que tendrán que asumir. Como tampoco les resulta ajeno que el exsenador Francisco Labastida opine de legislación cultural en un evento promovido por su esposa, Teresa Uriarte, con legitimidad para aspirar a presidir el Conaculta, en asocio con quien pareciera apoyarle, Consuelo Sáizar. Remueven los polvos del Coloquio de Invierno del año 1992 y que le costó la renuncia a Flores Olea. Les recuerdo que este Paredón pasa a los lunes.

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