Hay una frase famosa en el futbol acuñada por el delantero inglés Gary Lineker. La frase reza así: El futbol es un juego de 11 contra 11 en el que al final siempre gana Alemania . La sabiduría de Lineker bien puede aplicarse a los premios Oscar: el Oscar es un juego de estatuillas en el que al final siempre gana Harvey Weinstein.

Weinstein es uno de los hombres más grandes de la industria cinematográfica de Hollywood.­ Es el poder detrás del trono, poniendo una mano en el hombro de actores, directores y estrellas. El hombre fuerte tras bastidores.

Este año los Estudios Weinstein fueron los verdaderos grandes ganadores de la 84 entrega de los premios de la Academia. Con el triunfo de El artista, los Estudios Weinstein vencieron al gigante Paramount, la productora de La invención de Hugo Cabret de Martin Scorsese.

Weinstein se especializa en cine de alto riesgo. ¿Quién más habría puesto dinero a una película muda? Solo Weinstein y su olfato para el llamado cine independiente. Bien lo dijo Michel Hazanavicius, el director de El artista, tras recibir su premio: Gracias al productor que puso dinero para mi película .

Thomas Langmann, productor de El artista, lo dijo también claramente en entrevista tras recoger su premio: Creo que (Weinstein) es el único distribuidor que habría podido llevar esta película a donde está hoy . Es Weinstein una forma de hacer cine. Es él la nueva y poderosa máquina de hacer hits contra toda probabilidad.

Aunque Weinstein no figura como productor directo de la cinta, sí son su nombre, su prestigio y su visión los que están detrás de El artista. El triunfo de Weinstein no sólo se queda en la película muda, los Estudios Weinstein también son los responsables de La dama de hierro, la cinta biográfica sobre Margaret Thatcher por la que Meryl Streep ganó el tercer Oscar de su carrera. Además, los Estudios Weinstein produjeron Undefeated que se llevó el Oscar a mejor documental.

Hablando de la ceremonia del Oscar, dicho sea a toro pasado, todo hacía pensar que sería la noche de El artista. La nostalgia abundó. Decenas de entrevistas con celebridades que recordaban sus primeras experiencias con el cine, esos recuerdos infantiles que todos los cinéfilos tenemos.

Todos esos personajes recordando qué los hizo actores o directores le dio un aura de pasado a la fiesta.

Por supuesto, esa nostalgia también podría aplicarse a La invención de Hugo Cabret que, sea como sea, es una de las grandes ganadoras de la noche.

Pero la cinta de Scorsese juega no sólo con el pasado, sino también con el presente al ser una cinta hecha en 3D. Demasiado apegada al momento y demasiado europea (Hugo es un homenaje al Georges Méliès), lo que la Academia quiso la noche del domingo fue recordar el nacimiento de Hollywood, de hacer el canto a mí mismo.

De eso se trató el Oscar este año.